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| Ejecuciones nueva ‘maquila’ en Juárez |
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TEXTO MARCELA TURATI
El Universal Miércoles 21 de mayo de 2008 |
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El servicio forense local se colapsó por segunda vez en el año. No cabe un muerto más. Aún no termina mayo y esta región, líder nacional en ejecuciones, ya superó su récord de todo 2007
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sociedadyjusticia@eluniversal.com.mx CIUDAD JUÁREZ, Chih.— El embalsamador no da crédito a lo que ocurre: mayo históricamente había sido desdeñado por la gente para morir, pero este año se trastocaron las estadísticas. No ha podido descansar y siempre tiene una fila de muertos por embellecer. “Mayo era temporada baja, había unos 32 muertos y los que recibíamos eran ‘naturales’. De enero para acá llegan puros rafagueados, pero este mes exageraron las ejecuciones. Antes, si mucho, venían dos por semana, pero ahora hasta cinco o seis en un día”, dijo el arregla-cadáveres, en una pausa que hizo en su labor el 18 de mayo por la noche. Puede darse ese lujo de hacerlo porque el servicio forense está colapsado y no ha entregado los cadáveres a las funerarias. Por una extraña razón que él relaciona con el invierno, en esta ciudad la gente moría entre septiembre y enero, y de muerte natural. 2008 vino a desquiciar las estadísticas: la gran mayoría de muertos a los que da los últimos servicios, no son adultos, ahora son varones jóvenes de 20 a 35 años y casi todos desfigurados por los tiros recibidos. “Vienen totalmente deshechos los cuerpos”, dice en la sala de la funeraria en la que trabaja. “Ahora se están yendo fuerte: la otra vez me tocó un joven con ciento ventitantos agujeros chicos y grandes y antes una agente de Ministerio Público asesinada en su casa llegó totalmente destrozada: tenía más de 100 balazos en el cuerpo”. Este hombre que se precia de ser el cosedor de cuerpos más hábil y rápido de la región producto de sus dos décadas de experiencia, tiene una premisa: “todo se puede arreglar, nada más que necesita mucho tiempo la reconstrucción”. Tanto agujero en el cuerpo, afirma, triplica el trabajo. Antes de 2008 embalsamar un cadáver tomaba menos de dos horas; ahora dejar presentable a un asesinado puede durar cinco o seis horas. “Le damos más preferencia a reconstruir el rostro... La ropa cubre las heridas. Tratamos de que la persona sea vista y quienes lo vean se lleven una buena impresión como recuerdo. Es un ser querido, la familia quiere verlo y despedirse de él, es la última vez que lo van a ver y para eso estamos nosotros”, presume, orgulloso de su oficio. Nueva modalidad Desde 2008, Ciudad Juárez se ha vuelto la principal ciudad-maquiladora de ejecutados. Aún no termina mayo y esta urbe ya superó la cifra de homicidios acumulados durante todo el violento año pasado. En todo 2007, en Juárez fueron asesinadas 316 personas, y esa cifra fue rebasada a la mitad de mayo. El día 18, seis personas engrosaron la lista. Las ejecuciones aparecen en las charlas entre amigos y se han vuelto referencia al indicar direcciones. Es común escuchar en las conversaciones: “te vas por la calle donde encontraron al último encajuelado, te sigues derecho”. Esta epidemia de rafagueados va en aumento pese a que el Ejército patrulla las calles y los récords propios se rompen cada semana: el domingo pasado, la empresa Perches, la más importante del ramo, esperaba recibir 10 muertos. Rogelio Guerrero, el gerente nocturno de esta empresa, está anonadado por el número de clientes acumulados el fin de semana (la mayoría ejecutados). Afirma estar preparado para ofrecer los mejores servicios: ataúdes de metal, maderas preciosas, imitación madera, cajas revestidas en oro, o con la efigie de Juan Pablo II labrada en la caja o pasamanos de la Ultima Cena. Hay ataúdes para todo presupuestos, desde 20 mil pesos hasta 25 mil dólares. La funeraria ofrece también la mejor reconstrucción posible de rostro, para que las familias se queden con un buen recuerdo del difunto. “Tratamos de hacer lo mejor que se pueda y los familiares agradecen las atenciones: hace una semana vino un señor a agradecernos porque aunque el cuerpo de su familiar de 32 años venía totalmente destrozado; gracias a Dios le pudimos reconstruir el rostro y se lo tuvimos dos horas antes de lo que habíamos dicho. No tardamos las seis horas que creíamos”, dice rodeado de ataúdes en exhibición. El embalsamador entrevistado coincide con Guerrero. En sus casi 20 años de oficio, nunca había visto tanto trabajo, pero no se queja: le pagan por cada muerto embellecido. En estos tiempos de ajuste de cuentas entre cárteles, la industria funeraria está en bonanza. Y este hombre es uno de los beneficiados. “Todos los días hay... Casi diario unas dos ejecuciones mínimo nos traen. Esperaba cinco en este rato, nada más que el Semefo sólo va a entregar dos, a los otros va a entregarlos hasta mañana porque está saturado, no se dan abasto con tanta necropsia”, dice decepcionado. Este muertero es tan fuera de serie como la situación en esta frontera. Él presume que si los demás duran cinco horas arreglando a los rafagueados, él lo logra en dos. En ese tiempo le retira la sangre al cadáver, le inyecta formol por la carótida, le cose todos los hoyos, lo baña y maquilla y le lava el cabello; lo viste y lo deja listo para ser velado. El nuevo problema de él y los de su gremio es que deben revisar durante la velación que el cuerpo no suelte el químico inyectado, pues como los cuerpos vienen con las venas destrozadas, el cuerpo no retiene el químico y deben encontrar la manera para que no escurra. Un empleado de su empresa dice que casi 70% de los cuerpos no se pueden reconstruir de tan dañados que llegan, pero este embalsamador experto señalan que nueve de cada 10 sí son reconstruibles, pero con paciencia. Es hora de terminar la entrevista, hay mucho trabajo y varios cuerpos esperan para ser embellecidos. Antes de perderse por los pasillos, el embalsamador confiesa que, aunque no siente nada cuando arregla a los difuntos, algunas veces le llega una preocupación: piensa en sus propios hijos y suplica que ojalá nunca les toque la mala suerte de pasar por donde otros se matan, pues al parecer, ya se hizo epidemia.
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