La infantería ligera del ‘Chapo’
JUAN VELEDÍAZ
El Universal

Domingo 11 de mayo de 2008

El ejecutor del cártel de Sinaloa es un temible desertor del Ejército y ha creado su escuadrón de Halcones adiestrados en táctica castrense y armas de grueso calibre, para enfrentar a Los Zetas, sus acérrimos enemigos de de Ciudad Juárez

juan.velediaz@eluniversal.com.mx

Lo que más atrajo la atención de aquel funeral fue la dimensión del ataúd: era matrimonial, en caoba, con acabados en herrería de oro y estaba cubierto con una corona en forma de corazón hecho de rosas.

En él iban Rodolfo Carrillo Fuentes y su esposa; habían sido ejecutados por un comando en el estacionamiento del centro comercial Cinépolis en Culiacán, el 11 de septiembre de 2004.

El encargado de la operación que acabó con la vida del Niño de Oro —hermano del fallecido Señor de los Cielos, Amado Carrillo—, su mujer y seis personas más —entre ellas un lavacoches— era un oficial de infantería desertor del Ejército, quien a partir de esa fecha se volvió célebre en el mundo de los sicarios por discreto y eficaz y por haber realizado el ataque con el que su jefe, Joaquín El Chapo Guzmán, reventó su relación con los Carrillo.

Tras el sepelio en la finca de la familia en Navolato, Sinaloa, Vicente Carrillo Fuentes, heredero del clan que encabeza el cártel de Juárez, ordenó investigar quién realizó la operación.

Días después, la Policía Ministerial del estado consideró la ejecución de tres personas como la respuesta a la muerte del más pequeño de los Carrillo.

Era el inicio de la fractura en la llamada Federación, que integraban capos de Juárez y Sinaloa. Meses más tarde, la Procuraduría General de la República (PGR) reveló que quien iba al frente del comando que atentó contra “Rodolfillo” era el jefe de seguridad de El Chapo, un militar llamado Manuel Alejandro Aponte Gómez.

A este teniente desertor, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) le perdió la pista el 8 de mayo de 2004, cuando ya no se presentó a la Dirección de Infantería, donde se encontraba “a disposición” desde el año anterior, luego de estar sujeto a juicio en tribunales castrenses.

Desertor “discreto”

Le apodan El Bravo y su rostro se conoció a principios de marzo de 2005, cuando en la página de internet delatealnarco.com apareció un cartel con tres fotografías de El Chapo e imágenes de 35 de sus pistoleros —el primero de ellos, de izquierda a derecha, es Aponte. En el aviso electrónico se ofrecían 5 millones de dólares por información que llevara a la captura del capo del llamado cártel de Sinaloa.

Varios personajes que ahí aparecen, de acuerdo con fuentes castrenses, estarían enfrascados en la disputa territorial por Chihuahua contra sus antiguos aliados de Ciudad Juárez, donde en las últimas semanas se han registrado más de un centenar de ejecuciones.

En varios blogs dedicados a recopilar información sobre el narcotráfico en México, Aponte Gómez está identificado como uno de los killers de la llamada Federación y, por ser el jefe de los sicarios del Chapo, se le compara en jerarquía con Gustavo Inzunza Inzunza, El Macho Prieto, jefe de seguridad de Ismael El Mayo Zambada y con Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, máximo responsable de los pistoleros de Arturo Beltrán Leyva.

En los últimos tres años, en diversos medios de comunicación se difundió que fue el creador de un grupo llamado Los Halcones, a quienes adiestró en el uso de bazukas, morteros, lanzagranadas y diversas armas que se usan en la infantería ligera; este equipo, según las autoridades, lo ha utilizado para combatir a Los Zetas del cártel del Golfo.

El radio territorial donde se resguardó en los últimos años se ubica en la zona serrana del llamado Triángulo dorado, que abarca las montañas que unen Sinaloa, Durango y Chihuahua.

Oriundo de Chilpancingo, Guerrero, Aponte Gómez se ubica en la antigüedad 1993 del Colegio Militar.

Como alumno, cuentan sus contemporáneos que siguen en la milicia y que poseen rangos entre capitán y mayor, fue buen estudiante, pero no era brillante.

Tenía dotes para el manejo de las armas y estudió a fondo varios libros del curso de formación de oficiales, como el conocido como Manual de Operaciones en Campaña (MOC), y al egresar tuvo calificaciones sobresalientes en el manejo de grupos de comando.

Cuando se graduó como subteniente en 1996, quedó encuadrado en una de las unidades de infantería destacadas en labores de combate al narcotráfico. En los siguientes cinco años estuvo de servicio en filas hasta que en 2001 hizo un paréntesis que, a decir de quienes lo conocieron, cambió su vida, ya que tomó sus primeros cursos especiales como oficial en servicio.

Ese paréntesis, que duró cuatro meses (de diciembre a marzo de 2001), es “información reservada” para la Secretaría de la Defensa Nacional, según lo dictaminó el 27 de febrero, cuando respondió a una solicitud de acceso a la información respecto a la hoja de servicios del teniente desertor que hoy es considerado por la PGR como jefe de sicarios de El Chapo Guzmán.

Debido a esta reserva, como lo ha determinado también en resoluciones anteriores en el caso de los efectivos que defeccionaron del Ejército para unirse al cártel del Golfo y formar la banda paramilitar conocida como Los Zetas, no se pudo confirmar si durante estos meses Aponte Gómez realizó el curso de Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales (GAFE), pues este lapso coincide con lo que dura el entrenamiento.

La Sedena ya no reservó la ruta del teniente en los siguientes años; a partir de 2001 y hasta abril de 2003, estuvo adscrito a la Séptima Compañía de Infantería No Encuadrada (grupos conocidos en el medio castrense por su abreviatura como CINE), un tipo de unidades de no más 200 efectivos que se mueven entre poblados en zonas rurales del país.

De acuerdo con documentos de la dependencia, la Séptima Compañía estuvo por esos años de campaña en Badiraguato, Sinaloa, en una de cuyas comunidades nació El Chapo.

En su contestación, la dependencia no precisa las causas por las que el oficial fue procesadoy, debido a que estuvo en el llamado “grupo de sueltos”, como se conoce a los militares procesados, pero que permanecen en libertad, pudo ser una falta no tan grave la que ameritara su juicio.

En agosto de 2003 concluyó su litigio y fue a “la banca” en la Dirección de Infantería, como se llama en el medio militar al no tener comisión y “estar a disposición” del arma a la que se pertenece.

Fue catalogado como desertor en mayo de 2004 y, meses más tarde, reapareció al frente del comando que actuó contra el clan de los Carrillo Fuentes.

Aponte Gómez fue uno de los 107 mil 178 militares que desertaron del Ejército y Fuerza Aérea durante el sexenio de Vicente Fox. La cifra proporcionada por el general Guillermo Galván, titular de la Defensa Nacional, fue uno de los argumentos que expuso el año pasado en su primera comparecencia ante la comisión del ramo en la Cámara de Diputados cuando anunció que se enviaría una iniciativa para reformar el Código de Justicia Militar y castigar de manera más severa la deserción y el involucramiento de oficiales con el crimen organizado.

De aprobarse las reformas, esta conducta podría ser catalogada como “traición” y alcanzar penalidades que irían desde 30 hasta 60 años de prisión.



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