Por fin un acuerdo: dicen no a Cuauhtémoc
Fidel Samaniego
El Universal

Viernes 09 de mayo de 2008



fidel.samaniego@eluniversal.com.mx

La escena se ha repetido, con diversos actores, en distintas películas. Están los dos rivales frente a frente. En algún momento encuentran sus intensas miradas. Luego ven sus cartas. Por fin, uno de ellos muestra su juego: cuatro ases y el rey. “¿Y tu qué traes?” pregunta. La respuesta: cuatro ases y la reina.

Entonces, las sonrisas se borran. Enrojecen sus rostros. Y se ponen de pie. Sacan sus armas. Los otros parroquianos buscan protegerse. Y ellos, los dos jugadores, acompañados de sus hombres, se gritan, se acusan, al mismo tiempo, con las mismas palabras: “¡Eres un tramposo!”.

El ejemplo, la imagen, la comparación con lo que ocurre en el PRD y los dos aspirantes a la dirigencia nacional, Alejandro Encinas y Jesús Ortega, son de la inspiración, de la ocurrencia de un antiguo militante de la izquierda y del colapsado partido que recién cumplió 19 años de edad.

Y tiene otra: Pedro Infante y Jorge Negrete, o Pedro Malo y Jorge Bueno en Dos Tipos de Cuidado. Cantan ellos en duelo de coplas. Se dicen cosas como: “Méndigo y no mendigo” y “Te consta que no soy tonto como tú... lo has presumido”. Así hasta que uno estalla: “No le saque!”. Y el otro responde: “¡Sí le saco!”. Y se acaba el cantar. Y la mamá de Jorge suplica: “¡Hagan algo, por Dios, que estos muchachos se van a matar!”. Pero, en la película perredista ¿quien es el malo, quien el bueno... o el peor?

Alejandro Encinas y Jesús Ortega. Desde días antes de la elección del 16 de marzo, ya intercambiaban acusaciones. Ortega aseguraba que en Zacatecas la gobernadora Amalia García estaba induciendo el voto en favor de su adversario. Encinas señalaba que el gobernador chiapaneco Juan Sabines movía gente, dinero y esfuerzo para Ortega.

Ellos y sus obsesivas declaraciones circulares. “Compras de votos”... “Acarreos de votantes”... “Acciones violentas para impedir instalaciones de casillas”. Uno señalaba que el otro se había beneficiado de eso. Y este acusaba a aquel de lo mismo.

Ortega y Encinas. El 22 de marzo se acusaron mutuamente de entorpecer el recuento de los votos y de poner obstáculos para llegar a un acuerdo.

Una semana después, los dos aspirantes acordaron concluir los cómputos ante el creciente riesgo de anulación del proceso.

Pero el 1 de abril, rechazaron todo acuerdo. Ortega exigió que se contaran todos los votos, los de todas las entidades, y amenazó con acudir al Tribunal Electoral del Poder Judicial. Encinas demandó que sólo se contaran los votos válidos, que se limpiara la elección.

Después, otros dos encuentros. Y otros dos desencuentros. Y por fin... un acuerdo.

Cada quien por su lado coincidieron en decir “no”, con matices, a la propuesta de Cuauhtémoc Cárdenas, alguna vez líder moral del perredismo para que se hagan a un lado con sus aspiraciones y ambiciones, permitan que haya un dirigente interino y eviten el derrumbe total de su partido.



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