Requiere cirugía mayor
Alejandro Jiménez
El Universal

Miércoles 30 de enero de 2008



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Minimizado, vapuleado, saqueado y distraído en tareas político-partidistas, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) requiere cirugía mayor, toda vez que ha dejado de ser quien concentra las tareas de inteligencia del Estado mexicano, en detrimento de la calidad de la misma, que se pulveriza en otras instancias, militares y civiles, lo que retrasa o entorpece decisiones vitales para la seguridad de la nación.

Ello no ha sido por falta de dinero. Una revisión histórica demuestra que el presupuesto para el Cisen en 1996 fue de 239 millones 113 mil 900 pesos, mientras que 10 años después era cinco veces mayor. En 2008 ejercerá más de mil 300 millones de pesos y su planta de empleados se calcula será de 3 mil, cuando llegó a tener apenas mil, contando los de los estados, hace cinco años.

Y podría obtener mucho más si en el Congreso de Estados Unidos se aprueba la Iniciativa Mérida, pues de un total de recursos por 500 millones de dólares de apoyo económico al país por los siguientes cinco años, el Cisen recibiría 7 millones 993 mil dólares.

Aun así, su salvación no sólo radica en el dinero. Su debilidad estriba en el manejo que se ha dado a sus áreas de inteligencia, que se inició durante el gobierno del presidente Vicente Fox y se mantiene latente en el actual.

Los traspiés

En términos generales, con Fox, aun cuando se habla de múltiples errores de logística del Cisen durante este tiempo, cuatro fueron los grandes descalabros que abrieron la puerta a la actual caótica situación en materia de seguridad pública, conflictividad política y seguridad nacional:

El descontrol del narcotráfico, que alcanzó los niveles de escándalo actuales. La todavía no explicada decisión de aprehender a los hermanos Cerezo, tras los petardazos a una sucursal bancaria en 2001. El linchamiento, en noviembre de 2004, de agentes federales en la delegación Tláhuac, del DF, que presuntamente seguían la pista a cuadros dirigentes del EPR. Y el movimiento magisterial de 2006, en Oaxaca.

Para levantar el tiradero de la inteligencia nacional, el presidente Felipe Calderón nombró en Seguridad Pública a Genaro García Luna y en la Procuraduría General de la República a Eduardo Medina Mora, pero en el Cisen puso a Guillermo Valdés, analista proveniente del Grupo de Economistas y Asociados, que realizó encuestas para el PAN durante la campaña electoral, pero sin experiencia en la operatividad de la inteligencia.

Con los cambios, la calidad de la inteligencia civil decayó en el foxismo, con lo cual perdieron un volumen significativo de inteligencia humana. Los bombazos del EPR a instalaciones de Pemex, en julio y septiembre de 2007, lo comprobaron.



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