Formato de impresión patrocinado por


Se interpela desde época de Obregón
Jorge Octavio Ochoa
El Universal

Viernes 01 de septiembre de 2006

Nunca antes un presidente estuvo ante la posibilidad de no pronunciar su informe

Aunque no son un hecho nuevo en nuestro país, las interpelaciones en los informes presidenciales se han convertido en México en el instrumento de presión política más efectivo de un Poder establecido contra otro.

Existe la creencia de que en la época moderna el instaurador de la ?interpelación? en México fue Porfirio Muñoz Ledo (1988), pero nueve años antes ya lo había hecho un diputado panista (1979), en una época donde el sistema de partido estaba en todo su apogeo.

Tampoco fue el de 1988 el informe más tenso que vivió el país en la época moderna. En 2004, ya con el actual presidente Vicente Fox, en su cuarto Informe el Palacio Legislativo de San Lázaro se vio por primera vez custodiado por un amplio dispositivo de barricadas.

No obstante, el sexto Informe de Gobierno de este viernes no tiene parangón. Nunca antes un presidente de la República estuvo ante la inminente posibilidad de no poder rendir oralmente su informe, ante la amenaza del PRD de impedírselo.

Los antecedentes

En 1979, durante el III Informe de López Portillo, el diputado coahuilense Edmundo Gurza Villarreal intentó interrumpir al mandatario al grito de: ?En Coahuila no hay democracia. Queremos hechos, no palabras?.

Institucionalmente había pedido autorización al presidente de la Cámara para interrumpir al orador pero, evidentemente, la petición le fue denegada. Fue un tímido antecedente de lo que después ocurriría en 1988.

Sin embargo, también en 1923, durante el tercer Informe de Álvaro Obregón se dio también un hecho de este tipo, cuando el diputado Jorge Prieto Laurens cuestionó al primer mandatario por pretender imponer al secretario de Gobernación, Plutarco Elías Calles, como su sustituto en el máximo cargo político del país.

Luego, en 1928, en el cuarto Informe de Plutarco Elías Calles, el diputado obregonista Aurelio Manríquez le gritó ?farsante, mentiroso? al presidente Calles al reprocharle lo que en la víspera había dicho el primer mandatario, de lamentar el asesinato de Álvaro Obregón.

En la época moderna, el incidente con mayor fuerza fue la interpelación de 1988, durante el último informe de Miguel de la Madrid, cuando el entonces senador Porfirio Muñoz Ledo increpó al mandatario por el presunto fraude electoral de julio de ese año, que llevó al poder a Carlos Salinas de Gortari sobre Cuauhtémoc Cárdenas.

En esa ocasión, el incidente llegó hasta los golpes entre el propio Muñoz Ledo y el entonces gobernador de Aguascalientes Miguel Ángel Barberena Vega, con quien intercambió puntapiés y manotazos.

Muñoz Ledo pretendió acercarse hasta la tribuna, para interpelar a De la Madrid, pero personal del recinto, así como compañeros de curul le impidieron el paso. Fue entonces cuando se registró el conato de violencia con Barberena.

Lo cierto es que tampoco fue Muñoz Ledo el primero ni el único que interrumpió a De la Madrid en aquella ocasión. El entonces diputado del hoy exitinto Partido Popular Socialista (PPS), Jesús Luján intentó interrumpir al mandatario mucho antes, desde el mismo inicio de su sexto Informe de Gobierno.

Fue desde entonces que la ceremonia del Informe se convirtió en una consuetudinaria expresión de inconformidades aderezadas por el escarnio y las burlas masivas al Presidente en turno.

Carlos Salinas fue el primero (1994) que de manera indirecta escuchó la postura de los partidos políticos, al reformarse el artículo 8º de la Ley Orgánica del Congreso, que permitió que, el mismo día del Informe, cada partido presentara antes su punto de vista.

En un intento por quitar presión a esta ceremonia, el ex presidente Zedillo aceptó, el 6 de diciembre de 1994 ?a tan sólo dos semanas de haber empezado su mandado? una invitación del PRD para acudir a la Cámara de Diputados.

Fue el primer encuentro formal de ambos Poderes, fuera de la ceremonia protocolaria del Informe Presidencial. Un día más tarde acudiría al Senado de la República y posteriormente a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Fue también durante el sexenio de Zedillo cuando se terminó con aquella maratónica sesión y la lectura del texto se redujo a tan sólo una hora.

Un año después de esos hechos, en el Tercer informe de Gobierno, Zedillo también introdujo una modificación radical y de fondo al formato de la ceremonia: propuso que un legislador de un partido distinto al del Presidente respondiera el Informe.



© 2008 Copyright El Universal-El Universal Online