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Una victoria con sabor a derrota
ENRIQUE F. MOLINERO
El Universal
Domingo 23 de abril de 2006
Nación, página 5

El triunfo pírrico de Romano Prodi lo convertirá en un premier con las manos atadas para impulsar las reformas que Italia necesita. Debe formar un nuevo gobierno para enfrentar la ominosa herencia de Berlusconi

BERLÍN.- Los números no mienten, ni tampoco los votos. Después de examinar con paciencia infinita el resultado y de ignorar las denuncias de fraude lanzadas por los amigos de Silvio Berlusconi y por el propio jefe de gobierno italiano, el Tribunal Supremo de Italia llegó a una conclusión categórica: el vencedor de las elecciones más odiosas que recuerde la historia de posguerra del país se llama Romano Prodi.

En un documento esperado con ansiedad por toda la nación, el Tribunal confirmó lo que también muchos italianos temían: casi una victoria pírrica de Romano Prodi. El histórico documento constató que la alianza de partidos que apoyó la candidatura de Prodi consiguió 19 millones 2 mil 598 votos contra 18 millones 977 mil 843.

Así de fácil y también así de complicado. El anuncio dado a conocer el miércoles pasado en Roma dejó a Italia envuelto en un nuevo dilema. Romano Prodi ya tiene la bendición del máximo organismo del país para poder formar gobierno, pero la exigua mayoría que cuenta en el Senado lo convertirá en un jefe de gobierno con las manos atadas para impulsar las reformas que necesita el país.

Una cosa es clara. Los italianos no votaron el 9 y 10 de abril pasado por un "Basta Berlusconi", como soñaba La Unión, la variopinta alianza de centro-izquierda dirigida por el ex presidente de la Unión Europea. En cambio, los italianos prefirieron votar a favor de un peligroso "ya veremos" que, es cierto, favoreció a Prodi, pero dejó al país sumido en una nueva y peligrosa división.

La Union ganó por la mínima: 49.8% en su favor contra 49.7% para la Casa de la Libertad, la alianza que dirigió Silvio Berlusconi, un resultado que le asegura a Prodi, gracias a la nueva ley electoral, una mayoría estable en la Cámara de Diputados.

Pero la correlación de fuerzas en el Senado es muy diferente. 158 bancas estarán controlados por la Unión contra 156 de la Casa de la Libertad, una diferencia que augura tormenta y, posiblemente, caos político.

"Cualquiera que tenga una mínima experiencia en el Senado sabe que es imposible gobernar con una mayoría de 10 curules", advirtió el senador de Forza Italia, Roberto Antonioni, al pronosticar el futuro que le espera al nuevo jefe de gobierno.

Desde el miércoles pasado, il Proffesore está enfrentado a la titánica tarea de formar un nuevo gobierno, sin tener un propio partido que le cuide las espaldas y con nueve socios que sólo tenían en común el deseo de echar a Berlusconi del poder. ¿Será capaz de mantenerlos unidos cuando llegue la hora de introducir reformas poco populares?

Peor aún, cuando Prodi llegue al despacho reservado al jefe de gobierno en il palazzo Chigi recibirá la ominosa herencia dejada por su antecesor. Las arcas del Estado vacías, un enorme déficit público, un crecimiento nulo de la economía y un sentimiento parecido a la resignación que reina en el país.

Aunque Berlusconi puede pasar a la historia como el único jefe de gobierno de posguerra que logró finalizar una legislatura, Il Cavaliere dejó al país sumido en profunda depresión económica, política y moral. Berlusconi tuvo mayoría en las dos cámaras, pero fue incapaz, o no quiso, llevar a cabo las reformas estructurales que necesita el país para dinamizar la economía a mediano y largo plazos.

Pero, a pesar de los cinco años de Silvio Berlusconi, la miseria económica que deja tras de sí, las intimidaciones a la justicia y la pérdida del poder adquisitivo, la alianza de centro-izquierda fracasó al convertir las elecciones legislativas en un plebiscito a favor o en contra de Il Cavaliere.

¿Fue esta la razón por la cual Il Cavaliere se negó a aceptar su derrota y propuso a su adversario la formación de un gobierno de gran coalición, como el que existe en Alemania?

Berlusconi y sus amigos creen, gracias a la experiencia, que el futuro gobierno de Prodi, al igual como ocurrió en 1998, no soportará las presiones internas de la alianza, donde los comunistas, los democristianos, ecologistas y laicos radicales pueden convertir en una pesadilla los planes del futuro primer ministro para curar al enfermo que es Italia.

Pero el todavía primer ministro no quiere abandonar su oficina por el mismo motivo que lo convenció de regresar a la política hace cinco años. Según el periódico La Republicca, Il Cavaliere descubrió el encanto del poder para "salvar su imperio financiero y mediático y para evitar la acción de la justicia en su contra".

Es posible, pero el Tribunal Supremo italiano inclinó su balanza a favor de Prodi, quien tiene por delante tres metas cruciales, como las definió Gianni Rotta, uno de los editores del periódico Corriere della Sera: convencer a los sindicatos que las reformas son inevitables; crear una base estable en el seno de su alianza y unificar un país dividido, donde la mitad de la población aún está resentida de su errático pasado izquierdista.



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