A una semana del sismo, entre crispación y honores

A las 13:14 horas de este martes, se cumple la primera semana del terremoto, miles de voluntarios han vuelto a sus empleos, a sus escuelas, pero otros miles siguen, ya por turnos, en tareas en las que se necesitan
Foto: Archivo. EL UNIVERSAL
27/09/2017
09:00
Juan Arvizu
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Crispación.  La emergencia se disipa en diversos frentes del desastre, la vida cotidiana se viene encima, y grupos de rescatistas de países amigos se van con honores, pero en las “Zona Cero”, el humor de los damnificados y de los familiares de personas atrapadas rompe el silencio y busca los medios de comunicación para expresarse. El enojo está en el aire.

A las 13:14 horas de este martes, se cumple la primera semana del terremoto.  Miles de voluntarios han vuelto a sus empleos, a sus escuelas, pero otros miles siguen, ya por turnos, en tareas en las que se necesitan en apoyo de los miles de damnificados, así como en las tareas de recuperación de cuerpos, por ejemplo, en los derrumbes de la calle Escocia, en la Colonia Del Valle, y de la avenida Álvaro Obregón, en la Colonia Roma Norte, donde la irritación de familiares empieza a encontrar vías de expresión ante los periodistas.

El problema del desabasto de agua potable toca a millones de personas en las delegaciones de Iztapalapa y Xochimilco, y en esta segunda demarcación, el pueblo de San Gregorio espera atención, la cual se dificulta. 

Día asoleado y de nubosidad espectacular, en el que la Torre Latinoamericana señorea la gran Ciudad de México, como alarde la ingeniería, levantada en el suelo lacustre del Centro Histórico, que ha resistido los grandes sismos de las últimas seis décadas.

En la gran ciudad se levantaron edificios habitacionales que resultaron con daños que hoy son escombros, y en auxilio de México han venido brigadas de rescate de una veintena de países amigos, que ya emprendieron la retirada al cumplir sus misiones de búsqueda y rescate de personas.

Se siente el contraste, entre el honor rendido a los brigadistas que van de vuelta a sus países, y las exigencias que se acumulan, por parte de familiares de personas atrapadas, que desesperan ya por falta de información, como ha ocurrido en el derrumbe de Álvaro Obregón 286.

Allí, en la noche del lunes, un padre ofendido dio un puñetazo al coordinador de asesores de la secretaría local de Movilidad, Humberto Morgan Colón, por las mentiras con las que se ha conducido en los días de emergencia. Enfrente del edificio derruido está la sede de la dependencia de la Ciudad de México, y luego del sismo el funcionario se presentó como voluntario y ofreció que ayudaría a los familiares en las acciones de rescate.

Morgan, sin embargo, en las últimas jornadas dijo a los familiares que no hablaran con los periodistas, alejados por los cordones de seguridad, acusó Juan Pedro Filemón García, quien esta tarde encara al subsecretario de la Segob, Roberto Campa Cifrián, en una valla metálica que detiene a los parientes de personas no encontradas y el operativo de búsqueda.

Juan Pedro grita, reprueba la falta de información a los familiares, lamenta que el funcionario federal les ha dicho al medio día que presentará información “en dos horas”, y reaparece más tarde, con el compromiso de que a las 20:00 horas estará de vuelta con reportes.

Prende el enojo de familiares que acampan en el camellón de Álvaro Obregón, Juan Pedro grita más alto, y Campa Cifrián intenta explicar las tareas que se han desplegado para localizar personas. Rebrota el caos. Un contingente de camarógrafos que ha estado de guardia siete días espera saber algo de manera oficial, pero los funcionarios se alejan, porque gritan que Morgan es “mentiroso” y “corrupto”.

Poco después regresa Campa, los periodistas tratan de estar cerca, de escuchar, y el funcionario de la Secretaría de Gobernación explica que se ha comprometido con las familias a que ningún cuerpo será retirado sin identificar, y para ello se realizarán pruebas de ADN. Se da el reporte de 16 cuerpos recuperados. 

En el caos avivado por la crispación de los familiares, Campa no ha podido decir lo que ya expone a los periodistas: Se formó una comisión de padres que reclaman la localización de sus hijos y ellos subieron a la parte alta del derrumbe y fueron informados a detalle de las actividades que se han llevado a cabo allí. 

A unos 50 metros de la valla de seguridad, trabajan los rescatistas. Por un tobogán bajan escombros y una pluma hidráulica está disponible para mover bloques de concreto. Se explica que se han abierto diversos túneles para buscar personas. 

Desde fuera no se ve la actividad que dentro es muy intensa y peligrosa; los trabajos que se llevan a cabo son muy complejos, y ello lo constató la comisión de padres que subió a una observación de campo, por primera vez.

Los familiares lamentan la desinformación que ha rodeado la actividad de rescate personas vivas y la recuperación de cuerpos, como lo último que decía en la mañana, que se habían encontrado nueve cadáveres y se les había retirado, sin decirlo a los padres y hermanos.

El enojo se ha acumulado. Uno de los padres la noche del lunes enfrentó a Humberto Morgan y le reprochó que al inicio de la emergencia se ofreció de enlace con las autoridades, luego los presionó para que no hablaran con los periodistas, y que él sería la fuente para se enteraran de la localización de sus seres queridos.  Un puñetazo en la boca recibió a cambio de sus mentiras.

Y esta tarde, pasadas las 15 horas, Morgan acompañó a Campa a la reunión tensa con los familiares, enfrente del edificio derrumbado, rejas metálicas de por medio, y cuando lo vieron levantó gritos: “¡Mentiroso! ¡Mentiroso!”, le reclamaron. De hecho, los reproches al funcionario de la Ciudad de México, acabaron con la reunión. “¡Corrupto!”, le gritaban.

Pasto seco, las noticias falsas. Como aquella de que a las 18 horas se haría un simulacro de la alarma sísmica, una cuestión innecesaria, y que de manera reactiva recibía el mentís de las autoridades. Pero que impacta a quienes están sensibles al sonido que previene de un movimiento telúrico.

Las “Zona Cero” conservan sus cinturones de seguridad, que ya son más estrechos, pero se mantienen los encordados amarillo y rojo, en torno de edificios dañados, aunque no todos han recibido la inspección de peritos de Protección Civil. 

A una semana del sismo, la ciudad no ha podido concluir el trabajo de supervisión de los edificios.  La gente espera y desespera por entrar a sus departamentos a recuperar papeles, ropa, bienes, pero tiene que esperar el visto bueno de los peritos. La tardanza en esta fase de revisiones, se refleja en más molestias ciudadanas, frente a la sociedad.

El humor cotidiano cambia de las voces de respaldo a los damnificados, por maneras bravas, como las mentadas de madre que llevan a los golpes a desconocidos, por el sólo hecho de cruzarse en el camino. 

Lo que ocurre en San Gregorio, Xochimilco, abre otra línea de exasperación, pero también de riesgos sanitarios, pues la falta de agua ocasiona condiciones insalubres que obligan a la movilización de brigadas.

Y aunque en los centros de acopio han mucha agua envasada, no sólo se requiere para la alimentación, sino también para el aseo e higiene personal, señalan brigadistas.

Las redes sociales también son la vía de expresión de mensajes verdaderos, como el de un albergue con poca presencia de damnificados, en Legaria 631, frente a la Casa de la Moneda, con regaderas, sanitarios, colchonetas disponibles, comida caliente.

Voluntarios en los Centros de Acopio clasifican y empaquetan ayuda que tendrá como destino a los damnificados de Morelos y Oaxaca, de donde se registran llamados, ahora a una semana de que inició esta tragedia.

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