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Tres generaciones unidas por la fe

La familia Trenado Quiroz acude cada 1 de enero a la Basílica (GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL)
02/01/2018
02:17
Teresa Moreno
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P ara ellos, la unidad familiar es una bendición y por eso es que el 1 de enero de cada año vienen en peregrinación a agradecerle a la Virgen de Guadalupe los favores concedidos y para recordar a sus padres, quienes les inculcaron el amor por la Morenita del Tepeyac. Se trata de la familia Trenado Quiroz, la cual, a estas alturas, está conformada por 12 hermanos, 70 nietos, 14 bisnietos y cuatro tataranietos, uno de ellos en camino.

Para celebrar el año que comienza y despedir el que se va, cada año los integrantes de esta familia se organizan, cenan juntos para recibir al año nuevo y diseñan una playera que mandan imprimir con la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Con ella, todos uniformados, caminan desde San Juan de Aragón para demostrarle su amor y vocación a la Morena del Tepeyac y para recordar a sus padres, María Luisa y Francisco, quienes fallecieron hace tres años, y que les inculcaron la unidad entre ellos así como la fe guadalupana.

“Ésta peregrinación es en honor a mis padres. Hace tres años falleció mi padre y tres meses después mi madre. Cuando falleció ella, nos dimos a la tarea de venir a la Basílica cada día primero. Nos venimos caminando todos juntos: mis sobrinos, mis hermanos, mis cuñados. Fue idea de todos ponernos la misma playera, queríamos mucho a mis papás y decidimos que teníamos que rendirles un homenaje y esa fue la mejor forma que se nos ocurrió, explicó Francisco, de 58 años de edad, el hijo mayor de los Trenado Quiroz.

Además de venir a visitar a la virgen el 1 de enero, esta familia guadalupana prepara 800 tortas y las reparte entre los peregrinos que caminan hacia la Basílica el día 11 de diciembre.

En esta familia, uno de los milagros más apreciados es la vida de Milagros Guadalupe, sobrina de 19 años de edad quien vive con síndrome de Down.

Su milagro más grande se llama Lupita, quien había sido desahuciada desde los tres meses de edad, pero su madre, Rosa María Trenado, la puso en manos de la Virgen y le prometió que llevaría su nombre si se salvaba. La bebé sobrevivió y ahora ha crecido y profesa, junto con sus papás, primos, tíos y sobrinos, la fe mariana.

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