Topos Azteca, detrás de los rescates en escuela Rébsamen

Héctor Méndez, su presidente, asegura que su equipo no se rendirá en el tiempo que marca la ONU y que buscarán hasta que saquen a todos los niños del colegio derrumbado
La esperanza dura más de 72 horas en el Colegio Enrique Rébsamen
Foto: Luis Cortés / EL UNIVERSAL
20/09/2017
20:05
Vanessa Pérez
Ciudad de México
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A las 14:00 horas del 19 de septiembre, apenas una hora después de que se registrará el sismo de 7.1 en escala de Richter, con epicentro en los límites de Puebla y Morelos, motocicletas de la policía recogieron en Ciudad Universitaria a Héctor Méndez, presidente de Topos Azteca, y a su equipo.

El grupo de brigadistas llegó minutos más tarde a Brujas esquina División del Norte, donde se ubica el Colegio Enrique Rébsamen, para rescatar a todos los niños, maestros y personal que laboraba cuando el edificio colapsó con el movimiento telúrico.

Después de más 20 horas de estar levantando escombros y detectando vida debajo de ellos, Héctor Méndez “El Chino”, de más de 70 años, pidió un relevo para comer y beber algo, se dio tiempo para dar una entrevista a los medios.

El dirigente de Topos Azteca asegura que la esperanza empieza a diluirse hasta después de 72 horas. En ese tiempo la Organización de Naciones Unidas estima que aún se puede encontrar a una persona con vida debajo de los escombros.

“Somos un pueblo chingón... Todos estamos trabajando juntos, los muchachos de la marina, del ejército, con toda su entrega, con todo su amor… independientemente del uniforme que portes eres mexicano. Estás aquí partiéndote el alma para sacar a esos niños vivos”, dijo.

“El Chino” rescató varios cuerpos que quedaron enterrados tras el terremoto del 19 de septiembre de 1985. Han pasado 32 años, las generaciones cambiaron pero para este brigadista hay algo que nunca muere en los mexicanos: la unión.

“Mis nietos están viviendo su propio terremoto, nuestros hijos, y se están dando cuenta lo que es la solidaridad”, agregó.

Mientras Héctor Méndez responde las preguntas de los medios, frota sus manos llenas de tierra que sostienen gruesos guantes. Sus manos lastimadas han rescatado a decenas de personas no sólo en México sino alrededor del mundo.

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La “gasolina” de los Topos Azteca es la esperanza de rescatar personas y en el Colegio Enrique Rébsamen “hay vida”, por ello deben concentrarse en levantar lo más rápido posible los pedazos de concreto que quedaron mezclados con los muebles de la escuela y algunas prendas de las personas que estaban dentro al momento del sismo.

A lo largo de la mañana, más de 30 veces se levantaron los puños, señal de guardar silencio, ya que las máquinas especializadas de la Marina detectan ruido y calor bajo los escombros, lo que significa que hay personas vivas.

Una de las víctimas rescatadas con vida hoy fue Laura Jessica Castrejón, quien trabajaba como intendente de la escuela. Luego de su rescate el ejército pidió el apoyo de un médico y un psicólogo y que los voluntarios llevaran chocolate, primer alimento que les están dando a las víctimas para que eleven la adrenalina y serotonina, ya que llevan varias horas sin alimento ni agua.

Luego de los rescates, todos los presentes en la zona de Coapa: civiles, militares y ejército aplauden celebrando la esperanza de la vida. Pero los rescatistas no son los únicos que están trabajando sin descanso, también lo hacen los voluntarios que están reunidos en la cafetería La Selva, ubicada en Acoxpa esquina con División del Norte, a una cuadra del Colegio Rébsamen.

Este tradicional café que tiene más de 20 años de antigüedad, hoy abrió sus puertas para almacenar la comida, los medicamentos y la herramienta que está llevando la gente para ayudar con los rescates. Una de las familias que llegó ayer a apoyar es la Fisher, originaria de La Paz, Baja California. Fátima de 19 años es quien le pidió a sus papás unirse al grupo de voluntarios y ellos tuvieron que faltar al trabajo para ayudar, pero cada peso descontado vale la pena, aseguran.

Fátima Fisher como muchos de los jóvenes de su generación están encabezando las filas humanas para pasar las cajas y bolsas con los víveres que llegan en camionetas provenientes de todas las delegaciones y organizando grupos para ir a las zonas afectadas a repartir la ayuda. El corazón y el nacionalismo es lo que los ha movido a estar allí al pie del cañón ayudando a los damnificados.

A pesar de que reine la incertidumbre y el miedo, es más grande el entusiasmo y la solidaridad y eso es lo que verdaderamente está levantando las ciudades afectadas.  

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