“Nos faltan mochila y útiles, pero iremos a la escuela”

Tortilla dura y salsa es el único desayuno que la familia Rojas Zavala puede ofrecerle a las dos menores que regresan a la escuela. No hay útiles nuevos, pero sí optimismo
En la Manzana 32 de la comunidad conocida como Las Vías, en las inmediaciones de Chimalhuacán y Nezahualcóyotl, en el Estado de México, vive la familia Rojas Zavala, que se preparó para un nuevo inicio de clases. (FOTOS: YADÍN XOLALPA. EL UNIVERSAL)
19/08/2017
10:00
Teresa Moreno
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Un plato en la mesa con una tortilla dura y salsa es lo que Clara ofrece a dos de sus cuatro hijos esta mañana. Faltan unas horas para que Mary y Tere regresen a la escuela, esta vez a tercero y a quinto grado. El siete de calificación, a pesar de las faltas acumuladas en el ciclo anterior, no fue obstáculo para que ambas niñas pasaran de año. La familia Rojas Zavala prepara aguja e hilos para remendar las faldas, suéteres y recolectar las hojas blancas que quedaron en los cuadernos para el regreso a clases, al igual que lo harán más de 25.6 millones de niños y jóvenes de preescolar, primaria y secundaria.

En esta, la Manzana 32 de la comunidad conocida como Las Vías, localizada en las inmediaciones de los municipios de Chimalhuacán y Nezahualcóyotl, en el Estado de México, en medio de un telar de cables de luz que han ido poniendo los habitantes para poder iluminar sus casas. Son dos los cuartos armados en donde habitan los diez miembros de la familia Rojas Zavala. Todos comparten una letrina y cocinan con leña sobre una estructura de tabiques encimados en el patio; el agua que usan la compran a una pipa.

Tres perros callejeros y un enjambre de moscas negras entran y salen de la casa como si fuera suya; los separa del exterior una cerca de maderos desiguales que no bloquea el olor del agua verdosa y estancada, el lodazal que dejaron las lluvias, y la basura que se acumula en una calle sin empedrado ni pavimento.

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Un año después de que EL UNIVERSAL los visitó para conocer cómo se preparaban para el inicio de clases, Clara Zavala, de 40 años de edad, está en medio del cuarto que hace las veces de sala, comedor, cocina, cuarto de estudio y de recámara para cinco niños y dos adultos. El otro cuarto es para la hija de su pareja y el nieto.

La familia Rojas Zavala está formada por los ocho hijos y la pareja que forman Clara Zavala y Julio Rojas. Además de un nieto y el yerno. En total, 12 personas. Los dos hijos mayores no viven con ellos, uno decidió dejar ese lugar e ir a Chiapas y uno más no soportó ese ambiente y se fue.

Hasta hace un par de años, Adela encabezaba al “clan” Rojas Zavala en un sólo cuarto, pero un día debió revelar que estaba embarazada. Tuvieron que improvisar un cuarto trasero para que la nueva pareja viva ahí con su hijo y en espera de un nuevo integrante. Adela, a sus 16 años, se volvió e embarazar.

En medio de eso, Mary y Tere no muestran el mismo entusiasmo que el año pasado por el inicio de clases.

Clara, la mamá, ha ido remendado las faldas del uniforme de Mary y Tere; descoloridas, las adapta a la nueva talla de sus hijas, las únicas que continuarán en la escuela.

La prenda guinda tiene manchas blancas, se ha decolorado y deshilachado con el uso y el paso de los meses, también se ha descosido, pero sirve y Mary la utilizará un año más. Teresa de Jesús, de 12 años, dio el estirón y su ropa no le queda: hay que agregar tela en la cintura y en la bastilla de la falda para que no le quede “rabona”; comprarle una blusa blanca, otro suéter, zapatos y tenis, porque estos la lastiman y, aunque lo ha intentado, no puede caminar con ellos.

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Un año después, la falta de dinero hace que Clara y Julio no sepan de dónde sacarán para comprar los materiales que necesitan para el inicio de clases. Por eso buscan entre lo del año pasado, para que este próximo puedan llegar a tiempo a la primaria Gustavo Baz.

Tere, de 12 años y quien ingresará a quinto grado, dice estar bien “porque estando con mi familia, me siento a gusto. Mal, porque hemos tenido muchas dificultades, no tenemos dinero ni muchas cosas. No tenemos nada”.

Lo que obtienen Clara y Julio, con las manualidades, no alcanza para mucho, eso a pesar de que Luis Eduardo, el otro de los hijos más grandes, de 15 años y del cual la familia no tiene previsto que vaya más a la escuela, trabaja en la recolección de basura y a veces regresa a la casa con 30 pesos.

Al salir de segundo grado de primaria, Mary apenas aprendió a leer, mientras que Tere, quien pasó a quinto, se le dificultan las divisiones y las multiplicaciones. Terminaron el ciclo escolar con promedio de 7 y acumularon más de 20 faltas en su boleta. Aquellos días en los que su mamá no les puede dar de comer no van a clases “para que no se pongan tristes de ver lo que otros niños tienen y a ellas les falta”, explica Clara.

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El año pasado, la familia Rojas Zavala comía huevo y plátano todos los días; ahora su dieta se basa en buñuelos de harina y piloncillo que Clara fríe en una estufa de leña, así como tortillas con chile que las niñas desayunan, cuando hay, antes de irse a la escuela. Si la situación mejora un poco, la mujer compra retacería de pollo y la cuece para preparar con sopa de pasta.

Para sus hijas no habrá cuadernos nuevos, sólo el rescate de hojas limpias, trozos de lápices, gomas, reglas, mochila, ropa y zapatos, los que utilizaron el año pasado. A pesar de que en el anterior recibieron ayuda para iniciar el ciclo escolar, la familia sigue enfrentando que el único sustento sea la venta de figuras de foamy.

En un costado de la mesa, Tere dice: “Me gustaría ser militar, porque me gustaría viajar en los helicópteros, agarrar la pistola y atrapar a los rateros; además, puedo ganar dinero para ayudar a mi mamá y a mis hermanos, tener una casa, una estufa y un microondas. Me gustaría comprarme ropa y zapatos, salirme de aquí”. Su aspiración es salir de Las Vías.

Pero al escucharla su mamá ataja: “Nos tirará el hambre, pero el orgullo nos levanta. Mientras tenga yo a mis hijas sonrientes, que las vea alegres, eso para mí es mucho; el día que las veo tristes, me siento mal. Hay un dicho que dice que el poder es querer y salir adelante sí se puede”. Es Clara, ante la mesa en la que sirve las tortillas con salsa.

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