“Ni modo, aquí me quedo a esperar los pescados”

Los viejos habitantes no sacan ni para comer, se acaba la vida en el lago
En lo que alguna vez fue una laguna rebosante de peces, hoy Gregorio tarda horas para sacar unos cuantos ejemplares (FOTOS: YADÍN XOLAPA. EL UNIVERSAL)
04/12/2017
04:16
Pedro Villa y Caña
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D on Gregorio Cervantes avienta una vez más su palo de carrizo viejo que sirve como caña de pescar. Son las dos de la tarde y desde las 10 de la mañana sólo ha podido sacar cuatro pescados en Cinco Lagos, zona que forma parte de las Lagunas de Montebello.

El viejo sombrero que usa cada vez que va a pescar “para protegerme del sol, porque siempre me quedo horas aquí pescando”, es mudo testigo de la transformación que ha sufrido esta área ecológica y que ha resultado en que los peces cada vez sean más escasos.

“Antes no era así, se sacaban más peces y en cuestión de horas podías tener muchos. Ahora sólo sacamos pocos”, manifiesta mientras su dedo índice señala los pocos que ha podido sacar del agua verdosa.

De la bolsa derecha de su pantalón saca una nueva lombriz que servirá como carnada para tratar de tener mejor suerte y que un pez muerda el anzuelo oxidado, lo que permitiría llevar a su casa algo que cenar y ahorrar unos pesos, los cuales, asegura, le hacen mucha falta.

“En el mercado la media docena cuesta 50 pesos, con lo que llevo ya me ahorre unos pesos”, señala a los cuatro delgados y pequeños peces que no miden más de 15 centímetros.

Paciente y manteniendo el palo, el cual sigue sin moverse, lo que indica que ningún pez ha caído en la trampa señala: “Ha de ser la contaminación de los últimos años que ha matado a los peces porque desde niño venía por ellos y siempre había muchos”.

Pasan los minutos y los pescados que se encuentran en el suelo lodoso y lleno de pequeñas yerbas han dejado de respirar, y los rayos del sol pegan con más fuerza; sin embargo, Goyo se resiste a irse a su casa puesto que sólo ha conseguido pescar unos cuantos.

Junto con dos jóvenes que también pescaban y que ante el poco éxito que han tenido han decidido retirarse, el anciano se resiste y lanza una vez más su palo viejo y con la esperanza a que un pez caiga en la trampa, espera pacientemente a un costado de la laguna.

“Ni modo, aquí me quedo a esperar”, comenta mientras su mano derecha mantiene esa caña que en lo que resta de ese día no se moverá más.

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