Monumentos del 68 están en el olvido

La Estela de Tlatelolco, la estatua de Heberto Castillo y la Piedra Volcánica de la avenida de los Insurgentes están deterioradas por la falta de atención y rodeadas de basura
La Estela de Tlatelolco luce desgastada y con restos de pintura rosa, que imita el color de la cantera, material con el cual fue construido, en lo que se nota ha sido un intento por conservarlo en buenas condiciones. (GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL)
16/04/2018
02:27
PEDRO VILLA Y CAÑA Y TERESA MORENO
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Abandonados, sucios, con graffiti y poco mantenimiento lucen los únicos tres monumentos que existen en la Ciudad de México para conmemorar el Movimiento Estudiantil de 1968 y recordar a los caídos el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

En un recorrido hecho por EL UNIVERSAL se constató que las tres esculturas que se ubican en espacios públicos de la capital muestran el deterioro propio del paso de los años y el olvido de la sociedad. Esta situación ha sido reclamada por líderes del movimiento estudiantil en estas mismas páginas.

Uno de esos monumentos es la piedra volcánica ubicada sobre avenida de los Insurgentes, creada para recordar la llamada Marcha de la Dignidad que encabezó el rector Javier Barros Sierra el 1 de agosto de 1968, que buscaba defender la autonomía de la UNAM tras la entrada del Ejército a escuelas universitarias.

La segunda es una escultura en bronce de Heberto Castillo, la cual fue instalada en la Plaza Cívica Aguascalientes, localizada frente a las instalaciones del Archivo General de la Nación (AGN) en la delegación Venustiano Carranza, inmueble que en aquel entonces era la prisión de Lecumberri.

La más conocida es la Estela de Tlatelolco, inaugurada el 2 de octubre de 1993, en el marco del 25 aniversario de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas.

La Estela de Tlatelolco

Frente al edificio Chihuahua —desde donde la tarde y noche del 2 de octubre se realizaron disparos contra los asistentes a la concentración—, en el mismo espacio donde hace casi 50 años se colocó el templete desde el cual los líderes del Consejo Nacional de Huelga encabezaron el mitin del 2 de octubre, se encuentra el monolito o Estela de Tlatelolco.

Esta escultura está dedicada a 20 víctimas, cuyos nombres y edades, que van de los 15 a los 68 años, están plasmados en la roca.

En el monolito se lee la leyenda: “1968-1993… Adelante!! A los compañeros caídos el 2 de octubre de 1968 en esta plaza” y después un fragmento del poema Memorial de Tlatelolco, que Rosario Castellanos escribió después de la matanza: “¿Quién? ¿quiénes? Nadie. Al día siguiente nadie. La plaza amaneció barrida; los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo. Y en la televisión, en el radio, en el cine no hubo ningún cambio en el programa”.

En la actualidad, el monolito luce desgastado y con restos de pintura rosa, que imita el color de la cantera, material con el cual fue construido, en lo que se nota ha sido un intento por conservarlo en buenas condiciones.


En la parte trasera de la piedra hay rastros de graffiti. Las luminarias que debían alumbrarla por las noches no funcionan y ahora están llenas de basura: desde envases vacíos de yogur y refresco, hasta restos de flores y velas.

Gerardo Castillo tiene 62 años de edad y ha vivido en la primera sección de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco más de 50 años. Recuerda que en 1993, durante el proceso de construcción de la estela, se colocaron bastidores de madera para proteger la obra. En su inauguración, el 2 de octubre de ese año, estuvieron presentes ex integrantes del Consejo Nacional de Huelga. A quien recuerda mejor es a Raúl Álvarez Garín.

“El monumento está muy deteriorado, lo han arreglado dos veces, más que nada, los escalones porque los patinetos lo agarran para deslizarse ahí, es un pretexto nada más. Es un hecho histórico, marcó una división. Los jóvenes pelearon por algo, por un derecho que ahora tienen todos, como el voto, a hablar sin tapujos, a la libertad. Ya no es como antes. Fue un parteaguas”, dijo.

El monumento no está olvidado

Cada 2 de octubre y el Día de Muertos, las personas colocan veladoras encendidas y flores para honrar la memoria de los caídos; es punto de reunión para las marchas que cada año se realizan para conmemorar la matanza de la Plaza de las Tres Culturas, de la cual don Gerardo conserva algunos recuerdos. También se reúnen músicos, artistas y danzantes para tocar canciones de la época y bailan para recordar a las víctimas.

Arnulfo Aquino, escultor, participante en las brigadas del movimiento estudiantil y quien es parte del cuerpo que diseñó en la Estela de Tlatelolco, asegura que la sociedad mexicana se ha apropiado de estos monumentos para poder recordar a los muertos caídos en 1968.

En entrevista, el artista, quien reside en Oaxaca, recuerda que desde finales de los años 80, los activistas de 1968 querían una obra que recordara a los caídos para que no se perdiera la memoria en la historia y las futuras generaciones conocieran de estos hechos.

“La gente se apropió inmediatamente de la Estela de Tlatelolco. En el 2 de octubre de 1993, cuando se cumplieron 25 años de los hechos, la gente que participó en la marcha llegó a la estela con flores, velas, con banderas, para decir: Aquí está presente el movimiento estudiantil y el 2 de octubre”.

Piedra volcánica

Con varias pintas de graffiti en los costados de su base, así como una placa que muestra el paso del tiempo, es como se encuentra el monumento que recuerda la histórica marcha que encabezó el rector Barros Sierra para manifestar su rechazo a la represión que habían sufrido los estudiantes universitarios en el movimiento estudiantil de 1968.

Ubicada en el estrecho camellón de la avenida de los Insurgentes y Félix Cuevas, una piedra volcánica extraída de Ciudad Universitaria fue instalada el 1 de agosto de 1998, en conmemoración de los 30 años del movimiento estudiantil por parte del colectivo La Nave Va, la cual aglutinaba a varios participantes de la generación de 1968, para recordar la acción que hizo el rector de la UNAM en ese entonces.

El 1 de agosto de 1968, el rector de la máxima casa de estudios del país encabezó una movilización que partió de la explanada de la Torre de Rectoría para dirigirse a la avenida de los Insurgentes y protestar, junto con más de 80 universitarios y politécnicos, por las acciones realizadas por los cuerpos policiacos.

Localizada a unos metros de la estación Insurgentes Sur de la línea 12 del Metro, compartiendo el espacio con el Metrobús que corre por esta avenida de la Ciudad de México, miles de personas, la mayoría oficinistas y empleados de negocios, pasan a unos centímetros de este monumento sin prestarle el mínimo interés.

Carlos Torres es empleado de una oficina gubernamental y todos los días pasa por esta esquina para dirigirse a su trabajo; sin embargo, afirma que nunca le ha prestado atención a este monumento y que recordaba a las personas que construyeron la línea 12 del Metro.

“La verdad es que no sabía que recordaba lo que hizo el rector de la UNAM en 1968. Es que está como escondida, como está toda abandonada y rayoneada, no me interesó saber de ella. Creo que deberían ponerle algo más atractivo, como una placa más grande y que le den mantenimiento, porque está toda sucia y abandonada”, comenta.

Frente al Palacio Negro

Con restos de comida, botellas de cervezas vacías, así como un espacio que ocupan para descanso personas en situación de calle es como luce actualmente la escultura hecha en memoria de Heberto Castillo, profesor de la UNAM, que participó activamente en el movimiento estudiantil que está por cumplir 50 años, y que se encuentra frente a lo que fue la cárcel de Lecumberri, donde Castillo estuvo preso.

Una base de cemento color naranja sostiene el monumento hecho en honor del ex integrante de la Coalición de Profesores de Enseñanza Media y Superior Pro Libertades Democráticas. Se observan brochazos en los brazos de la escultura de Heberto Castillo, debido al poco cuidado con que se ha repintado, así como rastros de excremento de pájaros que parece que se han eternizado en el metal de la obra ubicada en el Parque Aguascalientes, frente al Archivo General de la Nación.

Carlos López, vendedor de dulces en este parque de la delegación Venustiano Carranza, considera que las autoridades capitalinas y de la delegación debería dar un mejor mantenimiento, “porque ni en el cuadro de información se puede leer lo que dice, por lo que no se sabe de qué persona se trata la escultura”.

“Estoy en la lucha por amor, ¿a qué? a la especie humana y aspiro a que este planeta sea una diáspora y que nuestros descendientes pueblen el universo”, es parte de la placa informativa del monumento el cual, debido al paso del tiempo, es difícil leer.

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