Lucran con su cuerpo, aunque se arriesguen

Personas son conejillos de Indias para probar medicamentos; venden su cabello para hacer pelucas y así obtener dinero
Las personas que participan en las pruebas de bioequivalencia son remuneradas en función del riesgo y del tiempo que inviertan en el estudio. En México el pago máximo es de 10 mil pesos, pero en Europa llega a ser de hasta 60 mil pesos (FOTOS: ESPECIAL)
18/09/2017
01:05
Alejandra Rodríguez, Rocío Mundo y Abigail Saucedo
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Miles de personas en México recurren todos los días a su cuerpo, a alguno de sus órganos e incluso a las secreciones que producen para obtener recursos para sobrevivir o tener ingresos extra que necesitan para cumplir sus sueños. Esta actividad puede ir desde la venta de cabello, hasta ser conejillo de Indias para probar medicamentos que aún no salen a la venta, aunque implique poner en riesgo su vida.

Soy voluntario. Víctor González despertó a las 06:00 en punto con su catéter en el brazo, está listo para asearse y llegar a tiempo a que midan sus signos vitales por última vez.

A las 08:00 horas, sin retraso, le extraerán los últimos dos o tres tubos de sangre, y luego recibirá su último almuerzo para regresar a casa. Después de 15 días, un mes o tres volverá a pasar por este proceso para cobrar su cheque. Víctor es voluntario en pruebas de bioequivalencia. En éstas, los medicamentos genéricos son probados en seres humanos, luego de haber hecho pruebas en animales. “Es un requerimiento de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios [Cofepris] para el registro de un medicamento genérico”, afirma Diego Ávila, directivo en Cecyc Pharma, uno de los centros que realizan este tipo de procedimientos.

La Cofepris regula a las clínicas en las que se aplican los estudios y les realiza auditorías cada dos años. La Norma Oficial Mexicana NOM-177-SSA1-1998 señala: “Los voluntarios deben ser clínicamente sanos, tener entre 18 y 55 años, estar a 10% más o menos del peso ideal y no deben tener antecedentes de drogadicción ni de abuso de alcohol, café, tabaco o bebidas de cola”.

Se les deben realizar pruebas de gabinete antes de cada estudio. A Víctor se las han hecho decenas de veces desde que decidió obtener dinero de esta forma a los 20 años, cuando era estudiante y lo necesitaba para su educación. Se propuso como voluntario en CIF-BIOTEC de Medica Sur, que cerró sus puertas este año. “Ahí nos atendían bien. Siempre que entrabas a un estudio te daban un neceser con cosas muy finas”, recuerda.

La primera vez que asistió fue para experimentar con un fármaco para tratar la esquizofrenia. “Tuve muchas náuseas”, recuerda, pero resistió, porque si vomitaba lo hubieran expulsado del estudio por “tirar” el medicamento. Las personas que participan en las pruebas son remuneradas en función del riesgo y del tiempo que inviertan en el estudio. A Víctor le han pagado desde 2 mil 100 y hasta 5 mil pesos. En el país, el pago máximo es de 10 mil pesos, en Europa llega a ser de hasta 60 mil pesos. En México hay 24 unidades clínicas que realizan estudios de bioequivalencia. Existen 16 mil 163 voluntarios registrados que participan en ellos. “Esto se hace por necesidad. No creo que nadie que no lo necesite vaya a arriesgar su salud”, dice Víctor.

A cambio de un mechón. En México, el boom por la compra-venta de cabello natural inició hace cinco años, por ello cada vez más mujeres se interesan en vender su pelo. Entre mil y 4 mil pesos es lo que se ofrece en la estética Extensiones de cabello 100% naturales, ubicada en la colonia Roma. El establecimiento se dedica desde hace 14 años a la comercialización de cabello natural. El pago depende del largo, el peso, la tonalidad y el nivel de cuidado del cabello. Norma González es la propietaria y contacta en Facebook a personas interesadas en vender su cabello.

Trabajó en la estética Stars Hair Extensions, ahí “les aseguran que no se caerán las extensiones, pero al usar pegamento, el cabello queda quebrado y se cae”, recuerda. Aunque la regulación de la compra-venta de cabello en nuestro país es inexistente, el negocio de Norma se apega a los criterios de salubridad que pudieran aplicar en la venta de las extensiones, que van de los 5 mil hasta los 20 mil pesos.

La garantía que la propietaria da a quienes les pone extensiones es de cinco años si quienes lo usan no lo tiñen, y de dos a tres años si lo hacen. El cabello también se usa para hacer pelucas oncológicas. Sin embargo, su proceso de elaboración es de aproximadamente mil pesos. Las fundaciones que promueven la donación de cabello recurren a sitios como el de Norma para vender el excedente de pelo donado, así obtienen ingresos para hacer pelucas. Este texto es parte de la oferta informativa relacionada con temas de salud y bienestar que EL UNIVERSAL pone a su disposición a través de su nuevo sitio especializado: www.ElBotiquin.mx, a partir de hoy lunes 18 de septiembre.

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