Entre cantos, sigue viva la esperanza

Hallan los cuerpos de 2 personas; van 21 muertos en la Obrera; continúan labores de rescate; “se puede vivir 5 días sin comer”
Uno de los rescatistas en la colonia Obrera pide guardar silencio y sus compañeros levantan el puño derecho, saben qué significa la señal: “¡Hay vida!”; sin embargo, es una falsa alarma. (ARMANDO MARTÍNEZ. EL UNIVERSAL)
22/09/2017
02:19
Horacio Jiménez
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Una vez más se hizo el silencio en la esquina de Chimalpopoca y Simón Bolívar, en la colonia Obrera. Uno de los rescatistas pide guardar silencio, de inmediato brigadistas y voluntarios levantan el puño derecho. Saben qué significa la señal.

Desde lo más alto de ese cerro de concreto y varillas, que fue lo que quedó de la fábrica de costura de la colonia Obrera, emerge un hombre robusto y de piel morena. Porta un chaleco verde, silbato y un megáfono. Pasan 50 segundos y grita: “¡Hay vida!”.

La multitud estalla de emoción, aplauden y gritan desbordados; sin embargo, a los pocos segundos se oye un silbato y una voz ronca y grita: “¡Falsa alarma!”.

Esto entristece a los cientos de brigadistas que están trabajando en la zona y los mazos y picos vuelven a ser el sonido constante de una ciudad que perdió su brillo desde hace casi 72 horas.

Aquel hombre de voz ronca, alza su megáfono y grita: “¡Vamos México. Sí se puede!”. Al unísono todos, militares, policías, personal de limpia y civiles lo siguen: “¡Sí se puede, sí se puede!”. Arriba de aquel cerro de cascajo hay más de 200 personas fracturando la loza.

En punto de las 20:46 lamentablemente se encontraron dos cuerpos de personas asiáticas fallecidas. Con estos dos, la cifra sube a 21 los cuerpos encontrados y solamente dos personas vivas.

“Aún hay esperanzas de vida, encontrar personas sigue latente”, afirmó uno de los mandos de las Fuerzas Especiales, minutos después de rescatar a las últimas dos personas.

En la zona donde no está el trabajo rudo, un brigadista grita: “¡México, México, México!”, todos lo siguen y se pide un fuerte aplauso. Desde lo alto se escucha una voz: “Vamos a cantar el Cielito Lindo”. “Ayyy ayyy ayyyy ayyyy... canta y no llores, porque cantando se alegran cielito lindo los corazones. Ayyy ayyy ayyy ayyy, canta y no llores, porque cantando se alegran cielito lindo los corazones”, se escucha entonado por todos.

Se enchina la piel, se siente emoción en todos los presentes. Es la carga de esperanza que necesitan los trabajadores para seguir adelante. Ni el sol, ni la lluvia los detienen.

Hay cadenas humanas, no importa que seas soldado, federal o civil, lo que importa es pasar la cubeta llena de cascajo hacia el camión de volteo. Otros se forman en cuadrillas de 10 a 15 personas. Amarran un lazo a un castillo de concreto y varilla para sacarlo de los escombros. “¡Una, dos y tres!”. Y todos tiran al mismo tiempo, no importa que se lleven a sus demás compañeros que realizan otras labores. El objetivo es llegar al camión de volteo.

Todos trabajan hombro con hombro y mano con mano. Hay militares, marinos, topos, enfermeros, civiles, rescatistas y brigadistas con binomios caninos que se encargan de rescatar personas atrapadas entre las lozas de concreto.

Los civiles se desbordan y quieren apoyar. Los accesos a esta zona de la delegación Cuauhtémoc están repletos. Hay conatos de bronca entre ciudadanos, personal de limpia y los policías que resguardan los accesos.

Desesperanza. Este jueves, pese a la intensa labor, desafortunadamente no encontraron a nadie.

Al parecer la esperanza se va esfumando. Pero aún hay cinco personas que faltan por encontrar, de acuerdo con sus familiares, el trabajo no se detiene.

Un integrante de Protección Civil da en la clave y detalla: “Una persona puede vivir hasta cinco días sin comer y sin beber agua. Ese quinto día se cumple el próximo domingo, y las fuerzas castrenses detectaron a dos personas con vida en este derrumbe”. Los segundos y minutos siguen su marcha. Así como los brazos y ganas de todos los mexicanos para que no se apague la esperanza. Es la solidaridad de los mexicanos.

A las 20:10 de la noche se abrieron las puertas de la Escuela Primaria Simón Bolívar, que está a un costado del edificio en ruinas. Los militares hacían un círculo arriba de los escombros y se preparaban para sacar cuerpos. Hay alegría, expectación, pero el tiempo transcurre y la mecánica se complica, al grado que las autoridades de Protección Civil y los mandos militares se pelean porque no dejan estar a los medios de comunicación dentro de la institución educativa para tener imágenes antes de que sean subidos a la ambulancia de la Cruz Roja que las espera a la entrada.

La maniobra es larga y las autoridades están a la expectativa.

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