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Dulce caminó por casi seis horas desde la colonia Centro hasta San Gregorio en Xochimilco. La devastación de su pueblo la dejó sin palabras.

“En la calle principal sólo se veían ladrillos tirados, pedazos de loza en el piso, en el camino tome fotos de edificios afectados, cuando llegué a casa deje mi celular, sólo pensaba en ayudar”, narró.

A sus 29 años, la joven únicamente había escuchado las anécdotas de sus papás, abuelos y tíos, quienes le decían que en 1985 el terremoto dejó miles de muertos y personas sin patrimonio, este 19 de septiembre “me tocó vivirlo en carne propia, escuché ese silencio que estremece porque sabes que todo está mal”.

San Gregorio se ubica en la parte alta de Xochimilco, hasta ayer a mediodía se reportaron seis muertos y un lesionado, así como 52 construcciones que colapsaron por el sismo de magnitud 7.1.

Los pueblos más afectados son San Marcos, Santa María Nativitas, San Luis Tlaxialtemalco y San Gregorio Atlapulco.

Los voluntarios fueron entrando al barrio. “Yo llegué como a las 3:00 de la mañana y caminando, insistí en llegar a casa porque aquí vivo, quería saber cómo estaba mi familia, pero me sorprendió ver a gente que venía en bici, en moto, todos traían víveres, agua embotellada, guantes, cubrebocas, comida preparada, no sé cómo supieron de la destrucción, pero aquí estaban”, comentó.

Dulce y su familia se organizaron con los vecinos, querían saber si había desaparecidos, muertos, cuántas casas estaban destrozadas. “Empezamos a levantar escombros. Se te va la tristeza y sacas fuerza, quieres ayudar a los demás, que ellos estén con los suyos, el pueblo esta destrozado, pero sé que nos vamos a levantar”, afirmó.

Después del mediodía brigadistas de la Cruz Roja Mexicana, integrantes del Ejército y de la Marina llegaron al pueblo, llevaron agua, comida enlatada, artículos de primera necesidad, medicamentos y alimento para mascotas.

La mujer que trabaja en un banco en la zona Centro de la Ciudad de México agradeció que voluntarios y Fuerzas Armadas apoyen en “mi pueblo”, pero dice que ahí ya no se necesitan manos, que hay otras colonias aledañas como Xicalhuacán y Caltongo en donde no ha llegado ayuda y “se están reportando asaltos, porque no tienen luz”.

En el sitio, no falta la desconfianza, y algunos que llevan alimentos no quieren dejarlos en los centros de acopio. “Si no lo entrego personalmente no dejo nada. Nadie me garantiza que con ustedes les vaya a llegar lo que les traigo”, gritó un voluntario.

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