Disminuyen 90% costo de hemodiálisis

La UAM inició trabajos en su Clínica de Investigación en Hemodiálisis, en la que se aplican nuevas técnicas para el tratamiento de la insuficiencia crónica en riñones
El objetivo de la hemodiafiltración, aparte de dar esperanza de vida, es reducir el uso de otros tratamientos para combatir la insuficiencia renal crónica. (Fotos: GERMÁN ESPINOSA)
01/04/2018
01:35
Teresa Moreno
-A +A

Ciudad de México.

La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) inició trabajos en su Clínica de Investigación en Hemodiálisis, en la que se aplican nuevas técnicas y tecnología de punta para el tratamiento de la insuficiencia renal crónica, con la finalidad de mejorar la calidad de vida y reducir el número de decesos por ese mal que enfrentan alrededor de 250 mil mexicanos, de los cuales, 100 mil tienen acceso a tratamiento de hemodiálisis o diálisis peritoneal en instituciones públicas de salud.

El director del Centro de Investigación e Instrumentación en Imagenología Médica en la Clínica de Investigación en Hemodiálisis de la UAM, Joaquín Azpiroz Leehan, explicó que lo que se ha comenzado a practicar en ese sitio es una diálisis de alto flujo o hemodiafiltración, que aumenta la circulación de sangre al inyectar el líquido dializante con agua ultrapurificada al torrente sanguíneo, para incrementar la depuración de las sustancias, no sólo urea, sino otras dañinas: toxinas, beta-microglobulinas y fosfatos.

El objetivo es mejorar la calidad de vida de los pacientes a través de un nuevo proceso de hemodiálisis que eliminará una mayor cantidad de toxinas de la sangre y al mismo tiempo reducirá la necesidad de utilizar medicamentos, lo que genera una disminución de 90% del presupuesto que requiere destinar una familia al mes de alrededor de 20 mil pesos, para el tratamiento de una persona.

“La hemodiafiltración, que es lo que vamos a usar aquí, es meterle agua a presión al paciente para que salgan muchos más productos de desecho que con la hemodiálisis. Es un procedimiento nuevo que prácticamente no se utiliza en el mundo, salvo en algunos países de Europa”, dijo.

Además del uso de esta técnica nueva en el país, los investigadores de la UAM, cuyo trabajo está cofinanciado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), desarrollaron un software de inteligencia artificial que medirá los niveles y necesidades de cada paciente en las tres sesiones semanales que se requieren para este tratamiento. Cada sesión tiene una duración de cuatro horas.

Con esta información se podrá diseñar en el mediano plazo un tratamiento personalizado para cada paciente, de acuerdo con la reacción que presente. Hasta el momento, la clínica dará servicio público y tendrá capacidad para atender hasta a 40 personas en diferentes sesiones a lo largo del día. El objetivo es escalar el proyecto.

Insuficiencias a las que enfrentarse

En el país existen alrededor de 250 mil personas que viven con insuficiencia renal crónica, de las cuales, menos de la mitad, 100 mil, tienen acceso a tratamiento ya sea hemodiálisis o diálisis peritoneal en instituciones públicas de salud.

“El sistema de salud está saturado y sólo puede atender a 100 mil personas, tenemos 150 mil que no tienen a dónde ir y esto no es culpa del sistema, es culpa de nosotros, porque enfermedades como la obesidad y la diabetes generan una carga muy importante para el sistema y no hay quien pueda con ella. Nosotros queremos resolver los problemas de cómo atender a la gente, que se sientan bien y tengan una vida productiva”, aseguró.

El tratamiento más común para esta enfermedad es la hemodiálisis, una máquina que filtra la sangre de los pacientes a través de una membrana semipermeable, similar a un celofán mojado, muy suave, que funciona por diferencia de concentración y presión.

Esta técnica filtra la sangre y remueve sustancias como la creatinina, ácido úrico y algunas toxinas, y de esta manera sustituye las funciones que tiene el riñón. El problema es que no elimina todas las toxinas para garantizar una mejora en la calidad de vida.

La hemodiálisis tiene una alta tasa de mortalidad, puesto que entre 15% y 30% de los pacientes fallece en un plazo de tres años. Con ese tratamiento la calidad de vida de los pacientes disminuye; sin embargo, no logra eliminar por completo las toxinas en la sangre, por eso las personas que lo llevan viven con efectos secundarios, como hipotensión (se les baja la presión) y sufren infecciones constantemente y no llevan una vida normal.

Además de las contraindicaciones en su salud, están los efectos en la economía de sus familias, ya que una persona que vive con insuficiencia renal puede llegar a necesitar hasta 20 mil pesos mensuales en medicamentos que le ayuden a su cuerpo a combatir los efectos de las toxinas, que no es capaz de desechar ni por la orina ni mediante los tratamientos médicos.

El trasplante de órganos en el país continúa siendo un reto, en 2017 existían 21 mil 270 pacientes en el sector salud a la espera de recibir una donación de esta naturaleza. El primer lugar lo tienen quienes padecen insuficiencia renal crónica, con 13 mil 634 que buscaban recibir un riñón, en comparación con 7 mil 228 personas en espera para recibir un trasplante de córnea; 361 necesitaban de un hígado y 47 de un corazón.

La alternativa

De acuerdo con la Federación Mexicana de Enfermos y Trasplantados Renales (Femetre), la obesidad, diabetes e hipertensión arterial se han convertido en los principales factores de riesgo de la enfermedad renal crónica.

Los pacientes que tienen esta enfermedad pueden recibir un tratamiento sustitutivo como la hemodiálisis o la diálisis, el problema es que esta no es una solución permanente, conforme avanza la disfunción renal, que se define como la incapacidad de los riñones de filtrar la sangre para eliminar sus toxinas, se requiere una donación.

En noviembre de 2017, la Femetre lamentó que sólo dos de cada 10 pacientes candidatos a un trasplante sean intervenidos.

Ante esta situación, el Centro de Investigación e Instrumentación en Imagenología Médica en la Clínica de Investigación en Hemodiálisis de la UAM propone una alternativa de tratamiento para que los pacientes puedan vivir como si estuvieran trasplantados al darles una mayor calidad de vida y evitar los efectos secundarios y consecuencias médicas de tratamientos más agresivos como la diálisis.

“La idea es que sea como si tuvieran un transplante renal, que vivieran más de 10 años sin necesidad de gastar dinero en medicamentos y no se sientan mal. Al venir a la clínica los vamos a ejercitar, con una clase de spinning mientras reciben su tratamiento, porque el procedimiento dura más de tres horas. Queremos que tengan una vida productiva y con muy alta calidad”, dijo Azpiroz Leehan.

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS