“De niño, a los demás les llevaba su olla con frijoles”

Don Jorge Roberto recibe a quienes llegan con alguna donación; el veterano de la Cruz Roja se convirtió en ícono de la solidaridad
Jorge Roberto González, de 89 años, está en el centro de acopio instalado frente al Parque Morelos. Cuando faltan manos también se pone a cargar y a armar las despensas (JORGE ALBERTO MENDOZA. EL UNIVERSAL)
30/09/2017
01:36
Raúl Torres / Corresponsal
Guadalajara, Jal.
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Desde el 12 de septiembre, cuando la delegación Jalisco de la Cruz Roja abrió su centro de acopio para apoyar a los damnificados de Chiapas y Oaxaca, Jorge Roberto González Pulido, voluntario de 89 años, se reportó listo para trabajar, de nuevo, en la contingencia que azotó al país.

Un par de días después, mientras cargaba unas cajas de víveres, alguien le tomó una foto y la institución decidió subirla a Twitter para incentivar las donaciones en pro de las víctimas: “Increíble: cuando se quiere ayudar no hay edad que sea excusa. Comandante Roberto González Pulido, 89 años, apoyándonos en centro de acopio”, decía el mensaje.

Sin embargo, fue hasta después del terremoto del pasado 19 de septiembre, que también afectó a la Ciudad de México, cuando la imagen comenzó a hacerse viral y el veterano voluntario se convirtió en uno de los íconos de la solidaridad en el país.

En el centro de acopio instalado frente al Parque Morelos, en la zona central de Guadalajara, se encarga de recibir a quienes llegan con alguna donación. Cuando faltan manos también se pone a cargar y a armar las despensas, así como los paquetes que se envían a los estados afectados por los temblores.

“Mi madre, en paz descanse, me dijo que debía portarme lo mejor que se pueda y ayudar a todas las personas. Donde vivíamos había mucha gente a la que le faltaban cosas y yo les llevaba una olla con frijolitos o lo que se pudiera, luego algunos vecinos que veían lo que hacía me daban más cosas para llevarle a quienes no tenían”, explica cuando se le pregunta por qué decidió ser volunario.

La primera vez, en Cruz Roja. El 16 de septiembre de 1949, durante el desfile patrio en el centro de Guadalajara, vio a dos voluntarios de la Cruz Roja repartiendo agua entre los asistentes y decidió acercarse a ellos.

“Me gustó lo que hacían y les pregunté donde estaba la Cruz Roja porque quería pertenecer, me dijeron que en las calles de Ignacio Ramírez y Juan Manuel. Cuando fui me comentaron que para poder ayudar primero tenía que prepararme porque iba a salir en las ambulancias”, explica.

Fue un año de entrenamiento, seis meses de preparación en Guadalajara como paramédico y seis meses en Chapala donde le enseñaron rescates acuáticos.

Una de las primeras emergencias a las que tuvo que asistir fue un tumulto en la Plaza de Toros El Progreso, que se ubicaba frente al Hospicio Cabañas y fue demolida en 1979 para dar paso al mercado San Juan de Dios.

“La gente que estaba afuera quería meterse, pero no dejaba salir a los de adentro; hubo varios lesionados, tenía poquitos elementos y tuve que acudir con la policía para que nos ayudaran y lográramos atender a los heridos”, comentó.

Tras años de servicio fue asignado a trabajos menores dentro de la delegación de la Cruz Roja y nombrado comandante, ha perdido parte de la audición y, como él dice, el cuerpo no le responde bien, pero sigue de pie, lúcido, hablando con sus compañeros y ayudando.

Según sus conocidos, el hombre llama a todos “Manuel” y después de preparase un café en la mañana, y preguntar a los demás si hicieron lo propio, se dedica en cuerpo y alma a demostrar su carácter solidario y empático.

“Todos los que ves aquí, Manuel, meten las manos de alguna manera, unos traen cosas, otros las acomodan, otros cargan los vehículos, porque se necesita mucho. No sé si sabes que no sólo fue en la Ciudad de México, hay otros estados afectados. Todavía vamos a estar aquí algún tiempo”, dice.

Antes de despedirse para regresar a su puesto, asegura que el mes entrante cumplirá 90 años y sólo desea tener salud suficiente para poder estar presente cuando otra situación de emergencia requiera de sus manos.

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