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Alegría y tristeza se vive en la parte alta de la delegación Álvaro Obregón, cerca del parque nacional Desierto de los Leones. Ahí, en el pueblo de Santa Rosa Xochiac, el temblor del 19 de septiembre también dejó damnificadas a familias que viven con menos de un salario mínimo al día.

La familia Romero Aguilar no la pasa nada bien. Su casa, un cuarto de cinco por cuatro metros, no soportó el sismo. Allí vivían padre, madre y tres hijos; como podían se acomodaban. Pero aquella tarde perdieron su patrimonio.

Itzel Romero Aguilar, de 25 años, habla por toda la familia. “Ese día no nos dio tiempo de hacer nada, apenas pudimos rescatar documentos y algo de ropa”, comenta mientras mira lo único que permanece: el piso de la casa.

La joven, maestra de una guardería que apenas gana mil 500 pesos a la quincena, lamenta la actitud de las autoridades de la Ciudad de México. Hicieron menos su pérdida por tratarse de un pequeño cuarto; incluso, asegura haber recibido burlas de los que fueron a hacer la valoración de su morada.

Pudo conseguir que en el dictamen indicaran pérdida total, pero ya quieren ver su casa arriba, la que les costó mucho esfuerzo. El domingo, Itzel, sus hermanos Miguel Ángel (29 años) y Moisés Alberto (27), junto con su padre Mauro Romero (52) y su madre María Virginia (55) comenzaron a demoler por completo la casa.

Junto con los vecinos sacaron los escombros y hoy está vacío ese espacio, con el puro piso de cemento, donde espera volver a levantar su vivienda en la calle Rafael Checa 72, donde sólo queda eso: la placa donde dice que ahí vive la familia Romero Aguilar.

Con rostro desencajado y voz entrecortada, Itzel duda que puedan ver su sueño realidad con su sueldo y los 2 mil pesos que gana su papá como jardinero.

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