Cardenal hace oración por una verdadera paz

Pide a Dios que los gobernantes afiancen un auténtico proceso de transformación social
El cardenal Carlos Aguiar Retes encabezó la ceremonia de la Pasión de Cristo. Foto: IRVIN OLIVARES. EL UNIVERSAL
31/03/2018
03:48
Astrid Rivera
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El cardenal Carlos Aguiar Retes hizo oración por los gobernantes para que promuevan un ambiente de paz y libertad, a fin de que se afiance un auténtico progreso social.

Al encabezar la celebración litúrgica de la pasión y muerte de Cristo en la Basílica de Guadalupe, Aguiar Retes pidió a los fieles una oración por los responsables de los asuntos públicos, para que se establezca una paz duradera y una verdadera libertad religiosa.

“Oremos por todos los gobernantes y responsables de los asuntos públicos, para que Dios les inspire decisiones que promuevan el bien común en un ambiente de paz y libertad. Dios padre todo poderoso y eterno, mira con bondad a nuestros gobernantes, para que con tu ayuda se afiancen en toda la tierra un auténtico progresos social, una paz duradera y una verdadera libertad religiosa”, expresó.

En su homilía, el arzobispo primado de México dijo que el Espíritu que resucitó a Jesús continúa resucitando tanto “en la peregrinación terrena de quien sufre como en las situaciones sociales tan difíciles de afrontar y resolver, descubrimos los creyentes que el espíritu de Dios camina con nosotros”.

En compañía de sacerdotes y miembros del Cabildo Guadalupano, Aguiar Retes ingresó en silencio al recinto para postrarse ante el altar sin cruz, sin candeleros y sin mantel, frente al que la comunidad también se hincó como parte de esta ceremonia en la que se conmemora la muerte de Cristo.

Tras la lectura de la Palabra, habló sobre los cánticos del profeta Isaías, quien, siglos antes de Cristo, anunció los padecimientos y glorificación de Jesús.

Señaló que para muchos es inconcebible que Dios, siendo el creador omnipotente, haya venido a encerrarse dentro de las limitaciones del ser humano; sin embargo, el testimonio de quienes lo vieron con sus propios ojos y lo transmitieron con tal emoción, convicción y determinación ha hecho posible que hasta nuestros días prevalezca ese maravilloso intercambio de Dios con el hombre.

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