Atrapadas, dos en edificio de Tlalpan

El inmueble fue revisado en 70%; las buscan marinos y bomberos
Vecinos y voluntarios hicieron cadena humana para apoyar en las inmediaciones de Los Montes, esquina con Calzada de Tlalpan (ALEJANDRO ACOSTA. EL UNIVERSAL)
20/09/2017
02:02
Manuel Espino Bucio
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Matilde Téllez, de 63 años, y su nuera, Karla Kaola Santos Sánchez, de 30, no alcanzaron a salir del cuarto piso del edificio ubicado en la calle de Los Montes, esquina con Calzada de Tlalpan, colonia Portales sur, donde trabajan juntas haciendo limpieza.

Desde la tarde de ayer marinos, bomberos y civiles las buscan entre los escombros del inmueble derrumbado por el sismo magnitud 7.1 en la escala de Richter, que sacudió la capital de la República y los estados de Puebla y Morelos.

“¡Karla!”, gritaba insistente frente a los escombros Martín Hernández, su esposo.

Se mueve por los escombros y busca ingresar al edificio de seis pisos. Está preocupado porque desde la tarde no tiene noticias de su mamá y esposa.

“Estaba en la calle, mi esposa vino a trabajar con mi mamá en la limpieza y cuando vengo me encuentro con esto”, dijo nervioso.

Instantes después se escuchó otra voz: “¡Matilde, Matilde, Matilde!”. Era la de Marco Leyva, dueño del departamento donde se encontraban las dos mujeres.

Acto seguido lanzó: “Shhh, shhh, shhh” a los vecinos reunidos en el estacionamiento por donde ingresaron al inmueble dañado.

Vino el silencio, luego los aplausos. Escucharon algunos gritos, al parecer de Matilde y Karla, pero horas después no los percibieron.

Marco Leyva cuenta a EL UNIVERSAL que hubo indicidos de vida poco después del sismo, “parece que estuvieron golpeando una lámina, pero cualquier institución que venía te decía que no podías meterte”.

Marinos, bomberos y voluntarios llevaban 70% del inmueble revisado, pero no pierden la esperanza de encontrar con vida a Matilde y Karla. “Podrían estar en las escaleras”, afirmó Marco.

José Rosaslanda viajaba en el Metro a la altura de la estación Portales y Ermita, cuando vio derrumbarse el edificio y el recuerdo de 1985 lo motivó a ayudar.

“Cuando llegué estaban vecinos ayudando y nos sumamos”. Al lugar llegaron decenas de voluntarios, pero el mensaje fue contundente: “Aunque se escuche duro, es mejor perder dos vidas que arriesgar decenas más”.

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