Violaciones a derechos, la deuda desde 1968: Jaime Rochín

Fundamental, reconciliarse con el pasado en pro de garantías, afirma; la reparación del daño es un tema de justicia, no económico, señala
Jaime Rochín del Rincón Titular de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (LUCÍA GODINEZ. EL UNIVERSAL)
09/04/2018
03:28
Manuel Espino Bucio
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“Una deuda que tiene el Estado mexicano, es que nunca ha reconocido que ahí [en Tlatlelolco] hubo violaciones graves a los derechos humanos”, asegura Jaime Rochin, titular de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV). Advierte que en medio de ese gran pendiente, el Estado se verá rebasado en la atención a víctimas de continuar la desaparición de personas en México.

En entrevista con EL UNIVERSAL, asegura que la deuda también es con las víctimas directas e indirectas del movimiento estudiantil de 1968, así como con los levantamientos sociales y políticos que le sucedieron: “Para empezar a corregir el problema hay que remitirse a las víctimas del pasado, como las del 2 de octubre de 1968, con el fin de lograr una política con una visión enfocada a la prevención de las desapariciones”.

En el marco del 50 aniversario de la masacre de Tlatelolco, el comisionado presidente anuncia que la CEAV iniciará a partir de mayo la reparación colectiva e individual del daño a las víctimas de estos hechos que fueron un hito en las historia del país.


“Más vale tarde que nunca, y en este 50 aniversario de los hechos lamentables de 1968 debemos pensar en generar un reconocimiento claro de esta violación a derechos humanos por parte del Estado mexicano, y es a la CEAV a la que le corresponde trabajarlo”, comenta.

En su oficina de la colonia Del Valle, Rochín del Rincón explica que como parte de la reparación colectiva se prevé la construcción de una escultura artística alusiva a lo sucedido hace medio siglo.

Después, detalla, se continuará con la reparación individual, que prevé una compensación económica y atención integral.

Actualmente, revela, el organismo a su cargo tiene registradas más de mil víctimas, de las cuales 300 son de los movimientos sociales y políticos del pasado, incluida la movilización estudiantil de 1968.

¿Cómo avanza la reparación del daño a víctimas directas e indirectas de 1968?

—Lo primero que habría que decir es que la CEAV reconoce con absoluta claridad que una de las principales deudas del Estado mexicano es con las víctimas del movimiento de 1968 y, a partir de ahí, también [con] los movimientos sociales y políticos del pasado.

Una deuda que el Estado mexicano nunca ha reconocido [es] que ahí hubo violaciones graves a los derechos humanos, a pesar de que hay una recomendación general de la CNDH desde hace más de 15 años, desde 2002, me parece, y hay un informe especial reciente de la comisión en el que se establece, a la CEAV en concreto, la necesidad de trabajar en una reparación.

Es fundamental reconciliarse con el pasado, es fundamental que si queremos lograr un México de paz, donde los derechos humanos sean un verdadero eje articulador de política pública, lo primero que hay que hacer es reconciliarse con el pasado, eso lo han hecho casi todos los países de América y de Europa.

¿Qué están haciendo para cumplir la recomendación de la CNDH?

—Estamos trabajando varios procesos: el primero es una reparación colectiva de carácter simbólico. Vamos a participar con una intervención artística en Tlatelolco. Como parte de la memoria histórica se está pensando en algún tipo de escultura, de monumento que sea un reconocimiento específico del Estado mexicano a las víctimas.

Además, vamos a acompañar un proceso de digitalización de todos los documentos que existen desde 1968 para acá, en relación con los movimientos políticos y sociales del pasado. Se trabajará en conjunto con la UNAM, con la CNDH, con el Archivo General de la Nación y con el INE.

¿Cuál es el segundo paso?

—Tiene que ver con la reparación individual, ahí estamos generando distintos mecanismos para hacerlo ágil y eficaz, pero lo que es muy importante es que no queremos que esto se convierta en un pago de un cheque, queremos que sea una cosa verdaderamente de reconocimiento, de dignidad para las víctimas, y que genere una reflexión desde el Estado mexicano para que estos hechos no vuelvan a repetirse nunca en nuestro país. Valorar el papel de los jóvenes en las luchas sociales, todo eso de 1968.

¿Desde cuándo la CEAV trabaja con víctimas de 1968 y de otros movimientos del pasado?

—A finales de 2014 empezaron a llegar los primeros recursos al fondo de reparaciones, a partir de ahí empiezan las reparaciones, pero el trabajo de acercamiento con víctimas de 1968 empezó desde mediados de 2015.

¿Cuántas víctimas tienen registradas en la CEAV?

—Tenemos [registradas] por todos los movimientos del pasado. Entre víctimas directas e indirectas tenemos más de mil registradas. Directas estamos hablan do aproximadamente 300.

¿De dónde son la mayoría de las víctimas?

De 1968 fundamentalmente, son de la Ciudad de México. De los movimientos posteriores hay de la Ciudad de México, Guerrero y Sinaloa, principalmente.

¿La mayoría de las víctimas registradas son por desaparición?

—La mayoría de las víctimas de todos estos hechos son por desaparición, tanto de 1968 como de los movimientos del pasado. Sin embargo, también hay de homicidio, lesiones, secuestro y otros hechos, pero la gran mayoría son de desaparición forzada.

Además de la compensación económica, ¿qué otros elementos incluye la reparación?

—Hay una compensación, sin duda, pero sobre todo tiene que ser más social, por ejemplo, cuando hablamos específicamente de determinadas zonas posteriores a 1968, donde toda la población sufrió daños, creo que también hay que hacer una reparación a la colectividad y entonces generar condiciones de mayor desarrollo.

Pensar que un cheque compensa 50 años de injusticias, de abandono, de soledad, 50 años de abuso no sería justo y sería una revictimización.

Esto es el arranque de todo este proceso y espero que en mayo estemos dando a conocer la reparación colectiva, y a partir de ahí inicien las individuales.

La reparación que algunos le solicitan a la CEAV, ¿cuál es?

—Hay muchas solicitudes relacionadas con temas de salud, afectaciones que sufrieron las víctimas con el tiempo y que no fueron consideradas como consecuencia de aquellos hechos victimizantes, porque no fueron reconocidos en su momento.

Hay otros temas de carácter social en los que también se pide algún reconocimiento a cuestiones que sucedieron en el pasado, se prohibieron determinados partidos o determinados movimientos y [se pide] reconocer la legitimidad y validez de esa lucha, hay gente que exige ese tema.

Algunos están solicitando compensación económica, que es justa, y creo que, sobre todo, piden lo que nunca ha pasado: que el Estado mexicano reconozca claramente, públicamente, que estos hechos consistieron en una grave violación a los derechos humanos y que ha sido insuficiente la atención.

¿Cómo se sienten las víctimas ahora que están siendo atendidas?

—Cuando queda claro que no se trata de un cheque, sino que es una reparación verdaderamente integral, es decir, que debe contener satisfacción, rehabilitación, restitución, garantías de no repetición y, en su caso, compensación, las víctimas aceptan porque quieren justicia, quieren verdad.

Si sólo les habláramos de un cheque, muchas lo rechazarían, de hecho muchas víctimas lo han rechazado en un primer momento porque consideran que pudiera haber intenciones de acallar la verdad, pero no, por lo menos no de parte de la CEAV.

¿Es el momento para que el Estado mexicano reconozca violaciones a los derechos humanos?

—Si no hay un reconocimiento de los hechos por parte del Estado, claro y nítido, seguiremos en un camino de simulación de los hechos históricos, y creo que es un momento muy oportuno para terminar esa situación, ser muy claros y buscar las condiciones para que México camine hacía una situación de mayor dignidad hacía las víctimas.

Este hecho es fundamental para la CEAV, porque si reparamos estos hechos del pasado, podemos empezar a caminar hacia una reconciliación con el presente, tenemos hoy un montón de víctimas de desaparición que se siguen dando en todos los estados y nos cuesta trabajo que las entidades reconozcan estos hechos.

No es posible seguir atendiendo a víctimas que crecen y crecen, donde nos seguimos encontrando fosas donde la gente sigue desapareciendo y no se sabe qué más, donde no hay claridad para las familias que salen a buscar a sus seres queridos.

Toda esa historia que estamos viviendo nos debe remontar a aquello que sucedió en 1968, y empezar a corregir desde el pasado para llegar a poner condiciones que eviten que las desapariciones en México se sigan dando con tal frecuencia, porque no habría capacidad suficiente en el Estado mexicano para seguir atendiendo un número tan creciente de víctimas, tenemos que generar una política de Estado que transforme y que genere una visión mucho más enfocada a la prevención de las desapariciones en específico.

¿Si no se logra hacer justicia, no va a haber recurso que alcance para reparación?

—No sólo es un tema económico, de hecho quisiera que dejáramos de verlo como un tema económico, porque a las víctimas les ofende, y tienen razón. Es un tema de justicia y acompañamiento.

¿Cuántos abogados necesitaría tener la CEAV para acompañar en sus procesos a los 30 mil desaparecidos, a la cantidad de personas que han muerto en la lucha contra el crimen organizado? Es un número impresionante en el que hoy por hoy lo que tenemos ha resultado insuficiente, la capacidad institucional para atender.

Si esto sigue aumentando, lo seguimos permitiendo y no lo decimos, no lo hablamos, vamos a tener una situación de mayor gravedad en la imposibilidad misma de siquiera atender una parte [del problema].

¿Cómo ve la CEAV las posturas de algunos participantes en el movimiento de 1968 y de las autoridades que les tocó investigar?

—Es uno de los temas que nosotros quisiéramos documentar y poder señalar qué es lo que ha pasado y por qué todavía no llegamos a tener justicia.

Es muy importante señalar que la justicia parte de conocer la verdad de los hechos, los cuales están demasiado dispersos, y sobre por qué la visión que ha dado el Estado mexicano ha ido transformándose desde una negación hasta un reconocimiento implícito. Tenemos que pasar a un reconocimiento real de los hechos y conocer la historia para no volverla a repetir.

¿Harán investigaciones como en los casos de San Fernando, Tamaulipas, y Allende, Coahuila?

—No hemos concretado cómo sería, pero lo más probable es que con la UNAM sigamos trabajando a partir de estos hechos en una investigación más de fondo, por lo pronto no podemos desaprovechar la oportunidad de hacer un reconocimiento público, claro, transparente de esta deuda del Estado mexicano.

¿Continuarán recibiendo a las víctimas en la CEAV?

—Sí, es un camino que va a durar bastantes meses de trabajo. Tengo el deseo de que al término de mi gestión pueda yo sentirme orgulloso de haber contribuido, quizá, con sanar la herida más grave que tiene México pendiente desde hace 50 años, en la medida de lo posible.

¿La desaparición sigue siendo el gran problema del país?

—Es una herida que sigue abierta y en buena medida es porque no lo hemos confrontado, no hemos sido claros para hablar del problema desde 1968, por eso sí estoy convencido de que esto, así como 1968 fue un parteaguas, debemos reconocerlo, poder decirlo y poder hablarlo por parte del Estado y acercarse a las víctimas, también puede generar una condición muy favorable para las víctimas de todo el país, especialmente las de desaparición.

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