“Trabajaba para alimentar a mi hija y para mis porros”

Consumidora desde los 12 años lucha por combatir la adicción que comenzó en su niñez
(FOTO: ARCHIVO EL UNIVERSAL)
18/09/2017
01:41
Perla Miranda
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Tenía 12 años cuando fumó su primer cigarro de marihuana, un primo era su cómplice, aquel con el que se escondía para echarse unos toques. Primero era esporádico, después en un solo día los adolescentes fumaban de dos a tres porros.

Antes de cumplir 14 años, esta paciente de una clínica de rehabilitación de la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic), combinaba alcohol con inhalantes, tenía festejos cada tres días y faltaba a su casa por las noches de fiesta.

A los 15 años se embarazó, pero autorizada por su madre interrumpió la gestación. Un año después volvió a quedar embarazada, pero en esta ocasión decidió tener al bebé.

“Mi hija tiene siete años. Vivo con mi madre en una casa rentada, ella trabaja 12 horas al día con un sueldo mínimo, ningún otro miembro de nuestra familia nos ayuda y desconozco el paradero de mi padre desde hace más de 15 años”.

Cuando esperaba a su hija, se alejó de las drogas, una vez que dio a luz aceptó entrar a una clínica de desintoxicación por dos semanas, se mantuvo limpia durante la lactancia por cuatro meses, pero reinició el consumo de cannabis llegando a los cinco porros por día.

“Dejé las clases de secundaria en segundo año y no retomé mis estudios y trabajé como vendedora en una zapatería que está cerca de mi casa. Ya no atendía a mi hija, solamente estaba fumando marihuana y trabajaba para su alimentación y mis porros, me sentía mal y en el fondo sabía que tenía que parar, pero no sabía cómo”.

Sin encontrar salida a su adicción pidió ayuda a su mamá, buscaron una clínica y les recomendaron una con reconocimiento de Conadic.

“Me recibieron amablemente y me hicieron una valoración médica, me solicitaron estudios, salí con un poco de elevación de enzimas de hígado, pero me dieron tratamiento”.

Este consistió en sicoterapia semanal y durante su proceso se enfocaron de manera indirecta a las consecuencias, brindándole habilidades para pensar en sí misma.

“Al salir logré mi abstinencia de alcohol y cannabis y continúe con mi vida escolar y logré terminar la preparatoria”.

A los dos años de su rehabilitación tuvo una recaída en el consumo de cannabis, pero no hubo consecuencias de importancia, por este motivo la joven madre reinició, a la par de su terapia de seguimiento, en un grupo de autoayuda de tipo narcóticos anónimos.

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