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Vigilancia, silencio eterno, matorrales que se resisten a secarse  y una casa que comienza a mostrar los estragos del abandono es el panorama que se observa en el terreno donde se localiza el túnel por el que el 11 de julio de 2015 Joaquín El Chapo Guzmán escapó por segunda vez de las autoridades federales, ahora del Penal de El Altiplano, en Almoloya de Juárez, Estado de México.

Por el único camino al que se llega a esta vivienda parece que las cosas no han cambiado mucho. Piedras filosas y hoyos son la constante de las veredas para llegar al famoso terreno, el cual sólo es visitado por periodistas y vecinos curiosos que quieren hacer el tour por el lugar por el que huyó el capo más famoso en el mundo, que hoy vive en un penal en Nueva York, Estados Unidos.

Frente al penal de máxima seguridad y sus alrededores, donde hace casi tres años había enormes tubos de concreto que eran parte de las obras de rehabilitación del Sistema Cutzamala, hoy no se encuentran y en su lugar se observa un terreno limpio. Sólo permanece un cartel de metal dos metros que informa: “El gobierno federal construye la tercera línea del Sistema Cutzamala”.

A diferencia de los cientos de militares que se observaban en esos días, a mediados de 2015, ahora éstos se encuentran ausentes y sólo dos integrantes de las Fuerzas Armadas resguardan la entrada a la zona del Altiplano, junto a un local de barbacoa el cual permanece desierto, aunque el polvo y el nulo pavimento de las calles es la constante que aún hay en la zona.

“¿Para ir a la casa donde salió El Chapo del penal?”, se le pregunta a una señora que lava ropa afuera de su casa, rodeada de gallinas, que buscan entre plantas secas algo de comer. La respuesta es una señal con la mano derecha para seguir adelante y, sin decir palabra, la señora ingresa a su hogar.

Después de caminar más de 20 minutos por el sendero de polvo se observa la famosa casa, ubicada estratégicamente en una pequeña loma y frente al penal de máxima seguridad, donde habitan la mayoría de los  líderes del narcotráfico del país.

Es mediodía y un orificio de casi un metro de diámetro, ubicado en la parte superior del cobertizo, permite que los rayos del sol iluminen con intensidad la salida del famoso túnel, uno más de los construidos por El Chapo para huir de las autoridades. Ahí en el terreno que Calixto Estrada Castillo, antiguo dueño del predio de cinco hectáreas, vendió a gente del líder del Cártel de Sinaloa por un millón 500 mil pesos. A un lado de él, arrumbados y llenos de polvo, se encuentran pedazos de tubos de aluminio del sistema de ventilación utilizados en el túnel de la fuga del capo.

Los candados grises están oxidados después de tres años en abandono, al igual que las dos puertas de la bodega donde se encuentra la desembocadura del túnel. Los cinco policías de la Comisión Estatal de Seguridad Ciudadana (CES) y tres de la Policía Federal (PF) que vigilan las 24 horas esta construcción y sus alrededores afirman que ellos no tienen la llave para abrir los cerrojos. “Tal vez la Procuraduría General de la República (PGR)”.

Al igual que los candados, las dos puertas muestran las calcomanías de aseguramiento de la PGR que fueron colocadas ahí, la que casi desaparecen.

Para tener una mejor visión de las personas que se acercan, en la azotea de la vivienda, los policías estatales, quienes laboran ocho días por otros ocho de descanso, han construido una especie de “torre de vigilancia”, compuesta por cuatro palos de metal unidos por una malla ciclónica y un techo hecho por bolsas de plástico negro que el viento y las lluvias han desgastado.

Con los ojos enfocados en los extraños que visitan esta vivienda, Negro, el perro que desde hace un año llegó a este lugar, se encamina a uno de los policías que resguardan este lugar en busca de una caricia. “Con sus ladridos nos avisa si viene algún extraño o auto desconocido”, comenta una de las dos mujeres policías estatales, quien con la mano derecha acaricia su cabeza.

De una improvisada pared de tabicones de concreto cuelga una manta que informa que el terreno está en posesión del Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAE) con el folio 704385.

Los cinco elementos de la policía estatal, dos mujeres y tres hombres, no cuentan con luz y drenaje. El olor putrefacto ocasionado por el desborde de los tres registros de aguas negras ubicados en la parte trasera de la casa dan cuenta de ello, debido a esto “nosotros mismos, con cubetas, tenemos que sacar las aguas negras”, afirma uno de los policías.

Cae la noche y a pesar de que El Chapo está a 4 mil kilómetros de distancia, en un penal de Nueva York, y que han pasado más de 800 días desde que se fugó de aquí, su figura todavía es  recordada en esta zona rural de Almoloya de Juárez, donde los vecinos informan a los curiosos cómo llegar al túnel por donde salió El Chapo.

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