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La relación bilateral de México y Estados Unidos sobrepasa a los gobiernos; no la hace una embajadora, ni un secretario de Estado, sino que se basa en su propio dinamismo y en la interacción de dos vecinos que no son distantes, consideró la todavía embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson.

En entrevista con EL UNIVERSAL, la diplomática, que dejará la embajada el 5 de mayo próximo, tras dos años de representar a su país, dijo que le habría gustado ver un México más seguro para los mexicanos.

La embajadora opina que en esta etapa también le hubiera gustado ver resultados ante “una epidemia de opioides” en ambos lados de la frontera, lo que calificó de tragedia.

Jacobson fue nombrada embajadora de Estados Unidos en México por el entonces presidente Barak Obama, en junio de 2015. Pero fue 10 meses después que el Senado de su país le otorgó la ratificación.

En mayo de 2016 llegó a México la primera mujer en dirigir la embajada estadounidense. Le tocó un momento difícil: cuando Donald Trump tomó posesión del gobierno estadounidense, en enero de 2017, dirigió un discurso antiinmigrante y lanzó su proyecto de construir un muro en la frontera de Estados Unidos con México.

Jacobson atestiguó la apertura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para su revisión.

Con su salida de México, Roberta Jacobson se retira también de la diplomacia estadounidense.

¿Cuál es su sentir hoy en día?

—Me siento un poco triste de irme, pero a la vez muy orgullosa de lo que hemos hecho en la embajada, con un equipo magnífico de mexicanos y estadounidenses que han trabajado por esa relación durante mucho tiempo y ellos van a continuar trabajando por ello. Me siento menos triste sabiendo que ellos van a seguir y que esa relación es algo permanente que no depende de una persona.

¿Deja una relación fuerte, de esas que nunca terminan pese a todo?

—Recuerdo que cuando empecé como directora del Escritorio de México en el Departamento de Estado, mucha gente llama a esa relación intermestic, que significa que es internacional, pero también doméstico, porque hablamos así, es algo informal, hablamos así porque no hay dependencia en México o en Estados Unidos que no tenga que ver con su homóloga en el otro país.

Pero creo que eso demuestra que esta relación para los mexicanos y estadounidenses es muy profunda. Ya tenemos más de un millón y medio de estadounidenses que viven aquí temporalmente o tiempo completo, quizá hasta 2 millones de personas y eso no [lo] puedes pensar en la diplomacia tradicional, estamos tan interrelacionados que no podemos separarlo.

¿Qué le hizo falta?

—Siempre hay cosas que uno cree que pueden terminar. Quisiera ver una conclusión exitosa, por ejemplo, del TLCAN, todavía falta. Un acuerdo moderno y nuevo para los tres países, me gustaría salir con esto ya más o menos acordado, pero nadie sabe si podremos ver esto, tampoco creo que no hemos y no voy a ver todo lo que podemos ver.

En seguridad, me gustaría ver que la situación aquí sea más tranquila, más segura para los mexicanos. También en Estados Unidos estamos viendo una epidemia de opioides, es una tragedia en ambos lados de la frontera, pero yo no tengo duda que el ámbito de cooperación que ya tenemos va a continuar, que hemos fortalecido los lazos entre las agencias, dependencias en materia judicial, de seguridad y hasta la sociedad civil querrá continuar, porque creo que es importantísimo para ambos pueblos.

Me gustaría que esa situación fuera mejor para los dos países, pero eso no es trabajo de una persona es algo que lamentablemente va a tardar, pero la voluntad va a continuar. Creo que ya pusimos en marcha una cooperación que es muy profunda y exitosa para los dos países, eso va a continuar y me da mucha satisfacción.

Usted llegó en un momento difícil

—Una cosa que es común en todos los retos, desastres naturales o situaciones políticas que vivimos, es el espíritu mexicano. Todos comentan que el espíritu de los mexicanos después del sismo de septiembre, de juntarse para enfrentar este reto, es algo desde la juventud que todos están tratando de reanimar, enfrentar nuevos retos y desde los sismos hasta ahora [rumbo a] las elecciones, hemos visto nuevas maneras de expresarlo: utilizando tecnología, redes desde la juventud, la sociedad civil y estamos hablando desde monitorear elecciones o de animar a que todos participen y eso a mí me da optimismo, porque creo que a fin de cuentas lo que nosotros podemos hacer como embajada o como país es ayudar a cuidar y fortalecer los lazos, pero al final son los mexicanos los que tienen que enfrentar estos retos y creo que sí están haciéndolo con sus propias maneras de hacerlo y creo que los retos son muy profundos.

¿Cómo deja la relación?

—Siempre he pensado que una relación estable es mucho más que gobiernos. Yo creo que una relación [México-Estados Unidos] estable sí lo es.

Hemos visto la visita de una secretaria de Seguridad Interna [de Estados Unidos] y otras visitas, creo que la relación va a estar muy bien, pero siempre como oficial, como servidor público, quiero subrayar que una relación es mucho más que los dos gobiernos, una relación es algo más profundo, de familias de jóvenes, de empresarios, etcétera, y entre nosotros estos lazos son muy fuertes.

¿Sin muros que detengan?

—No hay cualquier cosa que detenga [la relación bilateral].

¿Por qué deja la diplomacia?

— Después de 31 años siempre hay cosas que piensa una persona, espera que iba quizás a viajar más en México o tenía más tiempo para conocer un poco más.

He tenido más tiempo, por ejemplo, de conseguir fondos para nuestros programas educativos de los empresarios, pero he tenido la suerte de tener 31 años trabajando en lo que me apasiona. Varias veces durante esta carrera yo vi a algunos de mis colegas salir del Departamento de Estado para [aprovechar] oportunidades en el sector privado y eso me provoca el sentimiento de que quizá es el momento de salir, pero nunca he encontrado, hasta ahora, quizás, pero antes yo no encontré algo afuera que me apasionara tanto como el trabajo diplomático en representación de mi país, del pueblo americano.

Creo que me dio mucha satisfacción tener esa oportunidad de representar al país después de tanto tiempo de conocer personas y diplomáticos tan excelentes, de tratar de desarrollar o de enseñar a una nueva generación de jóvenes en la diplomacia las posibilidades que tienen y creo que no me voy con un sentido de: ‘Me falta mucho’, creo que, en cambio, he tenido mucha suerte, como la que tuve de tener mentores increíbles.

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