Dos obispos muertos y el nuncio que los conoció a ambos

Al arzobispo de Guadalajara, Juan Jesús Posadas Ocampo, y al salvadoreño monseñor, Óscar Arnulfo Romero, los une algo más que su postura contra situaciones polémicas que se registraban en sus países
Dos obispos muertos y el nuncio que los conoció a ambos
Archivo / EL UNIVERSAL
24/05/2018
11:01
Mariluz Roldán
Ciudad de México
-A +A

CDMX.- El asesinato del arzobispo de Guadalajara, Juan Jesús Posadas Ocampo, hace 25 años presenta un punto de enlace con el homicidio del salvadoreño monseñor Óscar Arnulfo Romero, que se registró en 1980 mientras oficiaba una misa. El lazo de unión entre ambos es el nuncio apostólico Girolamo Prigione.

El nuncio, que asumió el cargo en México en 1992, cuando se establecieron relaciones diplomáticas con la Santa Sede, se desempeñaba como delegado apostólico en México desde 1978.

Prigione desempeñó un papel involuntario en ambos acontecimientos. Posadas Ocampo fue acribillado el 24 de mayo de 1993 mientras llegaba en su automóvil en el estacionamiento del Aeropuerto de la ciudad de Guadalajara, a pesar de que el arzobispo italiano intentó convencerlo de que olvidara el protocolo y no fuera a recibirlo, debido a que se verían más tarde.

Algunos años antes, el nuncio apostólico también fue importante en la carrera de el cuarto arzobispo metropolitano de El Salvador, Óscar Romero, debido a que fue él quien lo consagró como obispo el 21 de junio de 1970.

La otra coincidencia es que ambos arzobispos habían levantado la voz contra situaciones polémicas que se registraban en sus países.

Antes de su asesinato, Posadas Ocampo había denunciado la protección que supuestamente daban grupos de las esfera política a los cárteles del narcotráfico en Guadalajara y en México; mientras que Óscar Romero se convirtió en un opositor de los sectores poderosos de El Salvador y de las organizaciones políticos militares.

Monseñor Óscar Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras oficiaba misa, pero resalta lo que dijo en la homilía de un día antes: “En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: cese la represión”, un pronunciamiento contra el conflicto que se vivía en El Salvador en ese tiempo.

ahc

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS