Corrupción y vicios sindicales matan empresa

En Pemex, no sólo son los altos sueldos de los directivos y consejeros los que la hunden, es toda una burocracia con personal de confianza y sindicalizado que se beneficia; en este libro, la periodista Ana Lilia Pérez revela el entramado
13/11/2017
02:05
ANA LILIA PÉREZ
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El lastre de la cara burocracia del espíritu del Pemex nacionalizado “para todos los mexicanos” sólo queda el busto del general Lázaro Cárdenas en esta sede corporativa, que los petroleros usan como punto de reunión entre oficinas blindadas con sistemas de seguridad y policías de uniforme o vestidos de civil —los llamados especiales—, torniquetes y elevadores sistematizados con lectores de tarjetas magnéticas, rayos X y lectores de iris.

Cuando se nacionalizó la industria petrolera, laboraban en Pemex 17 mil 600 personas, para 1940 aumentaron casi a 20 mil, todos contratados por el sindicato. La paraestatal tenía problemas económicos para operar, pero el sindicato seguía contratando de manera innecesaria.

En esa crisis, el presidente Lázaro Cárdenas pedía a los dirigentes sindicales que suprimieran los puestos que no eran necesarios, pues había que trabajar de manera más eficiente. La petición no fue escuchada, ni lo sería en los siguientes años, por el contrario, en cada contrato colectivo de trabajo, paulatinamente, el STPRM fue incorporando más y más prebendas.

Posteriormente, la burocratización sindicalizada de la industria petrolera —que Luis Echeverría aprobó— generó un lastre que para finales del siglo XX era prácticamente inviable, insostenible para cualquier empresa; se contaba con una plantilla laboral con funciones que a veces rayaban en el absurdo, o una desmedida duplicación de funciones, y con prebendas que a la postre se convertían en jubilados de oro.

El problema fue mayúsculo a partir de que en la era salinista se puso en marcha la reestructura administrativa de Pemex que dividió a la petrolera en un corporativo y sus subsidiarias; con esta reestructura los puestos de la alta directiva, del llamado personal de confianza, que cobran los sueldos más altos —algunos superan incluso el sueldo del Presidente de la República, que en términos simples tiene la responsabilidad más alta en la administración pública—, se multiplicaron por cuatro, además de toda la estructura del llamado corporativo.

Por si fuera poco, el 27 de marzo de 2015 en sesión extraordinaria, se aprobó multiplicar las estructuras gerenciales y directivas, es decir, los que devengan los salarios más altos, uno de los últimos “aportes” de la dirección de Emilio Lozoya en Pemex; además se otorgaron mayores atribuciones a los directores ejecutivos y la creación de múltiples gerencias a su mando. Así se llegó a más de 157 mil empleados, cerca de 80% sindicalizados, y 20% de confianza.

El personal que controla el sindicato petrolero se encuentra entre los escalafones del nivel ocho al 33; hay otro subgrupo de trabajadores entre los niveles ocho al 29 que no tienen una plaza definitiva, pero sí están como personal de planta de Pemex, denominado personal técnico operativo de confianza.

Hay otro grupo que ocupa los niveles 30 al 43 —denominado grupo especializado—, que desempeña funciones directivas como mando medio: directores generales de área, subdirectores gerentes, subdirectores regionales y gerentes regionales.

Entre los escalafones de los niveles 44 al 48 se encuentran los altos directivos. En la estructura más alta, el nivel 48 es solamente para el director general; del nivel 44 al 47 están los subdirectores corporativos y directores generales.

Los niveles 38 al 46 son autoridad máxima en los centros de trabajo de Pemex y organismos subsidiarios; algunos son empleados contratados de planta de Pemex y otros laboran durante determinada administración.

Los sueldos impuestos a Pemex para directivos son de los más altos en las empresas del sector público, pero además de los salarios tienen estratosféricas prestaciones, completamente desproporcionadas para un país donde 57% de la población económicamente activa está en el subempleo, sin una sola prestación.

En las décadas en que Pemex funcionó como paraestatal —como se explicó—, se hizo costumbre y negocio del propio sindicato que las plazas se compraran, vendieran, heredaran y prestaran. En tanto que los puestos directivos —concedidos desde la Presidencia— se otorgaban más por acuerdos políticos e intereses personales que por las aptitudes de los designados.

El contrato colectivo de trabajo del sindicato petrolero ha sido el más costoso en la historia de México. De igual manera, los directivos y empleados de Pemex, sindicalizados y de confianza, se convirtieron en una clase trabajadora privilegiada, aun en los eslabones y estructuras más bajos; de ahí que, sobre todo en las entidades petroleras muchas personas buscaran ahorrar o recurrir a préstamos para comprarle una ficha (plaza) al sindicato.

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