Con peluches costean tratamiento de cáncer

Con la ayuda de una fundación, amas de casa crean muñecos para pagar medicinas y terapias contra el padecimiento
La Fundación Chocho le brinda a las amas de casa interesadas todos los materiales para crear estos peluches (Fotos: ARIEL OJEDA)
15/02/2018
03:50
Perla Miranda
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Alicia trata de ensartar hilo blanco en una aguja que tiene en sus manos, quiere terminar de coser la sonrisa de uno de los pájaros Chocho que confecciona para poder costear los tratamientos de su hija Romina, quien fue diagnosticada con leucemia desde hace cuatro años.

Hacer el rostro de Chocho, considerado el primer muñeco social fabricado por niños con cáncer en el país, no es complicado, asegura la ama de casa. Primero escoge la tela, recorta según el tamaño de su creación y cose los ojos —uno siempre es más grande porque así el ave podrá ver el buen corazón de las personas—, por último, coloca la gran sonrisa blanca.

Romi se convirtió en parte de las estadísticas en 2014, puesto que en México cada año se registran entre 5 mil y 6 mil casos nuevos de cáncer en menores de 18 años. Ella vive con leucemia aguda linfoblástica, este tipo de tumoraciones son las que más afectan a niños, representan 52% del total de los casos. En prevalencia le siguen los linfomas, con 10%, y los tumores en el sistema nervioso central, con el mismo porcentaje.

En el periodo de 2011 a 2016, aproximadamente 50% de las muertes por tumores malignos en la población de cero a 17 años se deben a cáncer de órganos hematopoyéticos (conformado, entre otros, por leucemia), según cifras del Inegi.

El cáncer de encéfalo y de otras partes del sistema nervioso central ocupa el segundo lugar entre las cinco principales causas de mortalidad por neoplasias malignas. En la infancia es más común que se presenten tumores cerebrales que no se extienden fuera del cerebro ni a la médula espinal. Los tumores malignos de huesos y cartílagos ocupan el tercer sitio.

Al conmemorarse el Día Internacional del Cáncer, Lichita, como le dicen familiares y amigos, cuenta que conoció la Fundación Chocho poco después de que diagnosticaron a su hija con cáncer. En ese entonces trabajaba como cajera en un supermercado, pero las constantes faltas para llevar a Romina a consultas terminaron por “cansar a mi jefe y me despidió, me pidió que arreglara mi problema y a la fecha no ha tenido solución”.