“Una sociedad corrupta no avanza”

Combatir el problema desde la escuela es fundamental, afirma; al denunciar esta práctica aprenderán a eliminarla, detalla
Patrick Awuha Fundador de Ashesi University College (TERESA MORENO. EL UNIVERSAL)
17/11/2017
03:45
Teresa Moreno
Qatar.
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En el continente africano opera una universidad modelo de anticorrupción. Se trata Ashesi University College, la primera en este continente y en donde se sanciona severamente a los estudiantes que copian en exámenes. Fueron los propios alumnos quienes votaron a favor de aplicar un código de honor y son ellos los que identifican y reportan cuando alguno de sus compañeros hace trampa.

En Ghana entendieron que una sociedad corrupta no avanza ni les ofrecerá mejores oportunidades a ellos, ni a sus familias, ni a las generaciones que vienen.

La Ashesi University College se encuentra en la ciudad de Accra, capital de la República de Ghana, en el continente africano. Su fundador es Patrick Awuha, un ingeniero africano que lideró el primer proyecto de Microsoft para lograr la conectividad a internet hace años, cuando todavía se hacía por línea telefónica y no se había extendido el uso de la fibra óptica como en nuestros días.

Awuha obtuvo este año el Premio WISE para la Educación 2017, considerado el Nobel de la Educación el cual se entregó en la ciudad de Doha, capital de Qatar.

En entrevista con EL UNIVERSAL, Awuha señala que combatir la corrupción desde la escuela implica un cambio fundamental, puesto que al denunciarla aprenderán a eliminarla de sus vidas profesionales y contribuirán a mejorar la vida de sus comunidades.

Aunque se encuentra a más de 14 mil kilómetros de distancia, opina que tanto en México como en otros países que tienen problemas graves de corrupción, es responsabilidad de las personas denunciar la corrupción para evitar que siga extendiéndose.

¿Cuáles son los efectos que tiene la corrupción en un país y dónde inicia?

—La mayor parte de las personas saben distinguir entre lo que es correcto y lo que no lo es. Cuando alguien hace trampa o es corrupto y se sale con la suya, corroe a la sociedad, porque otras personas verán que no pasa nada y el fenómeno comenzará a extenderse y replicarse. La corrupción puede ocasionar que se desvíe el dinero que estaba destinado a construir una carretera o un hospital, así que si una persona tiene un accidente no podrá encontrar un lugar para atenderse o no se le dará el mantenimiento necesario a la red de agua, o no habrá dinero para operar una escuela porque el recurso no llega a donde debe.

¿De quién es la responsabilidad para resolver el problema de la corrupción? Por ejemplo, en México hay corrupción.

—Necesitas instituciones, pero es la gente la que las dirige. Si existe corrupción en el sistema judicial, los únicos que pueden detenerla son los propios trabajadores y será muy difícil proponer esa solución para quien no pertenezca a esa comunidad. Si en un salón de clases aprendes a deslindar responsabilidades y a exigir la rendición de cuentas, experimentarás lo que sucede en el mundo real y lo vas a hacer cuando trabajes.

Algunos líderes consideran que la corrupción es un problema cultural, ¿está de acuerdo?

—Puedes alcanzar diferentes tipos de equilibrio, uno en el cual nadie confía en nadie y todos piensen que si no haces trampa no vas a conseguir lo que necesitas, pero si aceptas eso, entonces el destino de tu país será diferente. La cultura determina el destino de un pueblo. La responsabilidad de los líderes es tratar de guiar a sus pueblos hacia un mejor destino.

En la mayoría de las sociedades existe una distinción entre lo que es correcto y lo que es incorrecto. Incluso en los países donde la corrupción está ampliamente extendida, la gente sabe que eso es incorrecto. No creo que sea un asunto cultural, me parece que simplemente están atrapados en un equilibrio incorrecto. Lo que se debe hacer es descubrir cómo transitar de un lugar a otro.

¿Por qué implementar un código de ética en la universidad?

—Desde un principio enseñamos la materia de ética y a lo largo del currículo, modelamos un comportamiento ético, tenemos un código de ética que reforzamos de manera vigorosa. Pese a todo, descubrimos que en uno de los grupos la tercera parte hizo trampa en sus tareas.

¿Qué hicieron?

—Nos dimos cuenta que teníamos que llegar a los estudiantes y lograr que se comprometieran. Tuvimos una reunión con ellos y les dije: “Siempre hablamos de la corrupción que existe en África, pero también hay corrupción en esta universidad, algunos de ustedes son corruptos”. Los jóvenes tuvieron que revaluar lo que estaban haciendo y de esa manera comenzó el debate.

¿Toda la escuela se somete al código de ética?

—Regularmente cada generación tiene 275 alumnos, y para implementarlo se necesita que la mayoría vote “sí”; esto quiere decir que puede existir un 30% del alumnado que se abstenga o vote “no”, pero de todas formas se tiene que regir por el código de honor.

¿Qué resultados les ha traído?

—Cada año tenemos uno o dos casos de estudiantes que hicieron trampa en sus exámenes, pero los descubrimos porque sus propios colegas los reportan ante el comité de ética que está conformado por estudiantes, académicos y empleados, y si se determina que son culpables se les sanciona. Es una experiencia muy realista. Es muy difícil hacer trampa.

¿Conoce México?

—No sé nada de México. Sé que Donald Trump dice toda clase de cosas groseras y no sé mucho. He ido en algunas ocasiones para dar conferencias, pero una de las cosas que más me impresionó es que en el aeropuerto algunos trabajadores de seguridad tienen discapacidad.

Recuerdo que me sentí muy impresionado por eso y que pensé que la sociedad mexicana le está prestando atención a este tipo de situaciones.

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