Trump, a un año del desencuentro con Peña Nieto

Enrique Berruga, ex embajador de México ante la ONU, advierte que el último año de la relación México-Estados Unidos el gobierno nacional ha tratado de atemperar al máximo a una administración estadounidense muy poco predecible e incluso disfuncional
29/01/2018
18:32
Francisco Reséndiz
Ciudad de México
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Las diferencias entre los gobiernos de los presidentes Enrique Peña Nieto y Donald Trump arrancaron desde julio de 2016, cuando el entonces aspirante presidencial fue invitado y recibido en la residencia oficial de Los Pinos.

Al concluir una conferencia de prensa conjunta, saliendo del salón Adolfo López Mateos, el americano dijo que ya se vería quien pagaría su muro, por la noche en televisión Peña dejaría claro que México no lo haría, mientras recalcaba la firmeza de la dignidad mexicana.

Los mandatarios hablaron por teléfono hasta el 7 de noviembre, Peña felicitó por su triunfo al magnate en la elección presidencial de su país.

El 19 de enero, en víspera de que Trump hiciera el juramento como presidente de Estados Unidos, Peña ratificó que el gobierno de México buscaría construir de inmediato una relación positiva con la nueva administración estadounidense, velando siempre por los intereses mexicanos.

El 20 de enero, en el inicio del mandato de Trump, el presidente de México estableció que la soberanía nacional y la protección de los mexicanos guiará la relación de México con el nuevo gobierno de Estados Unidos. Al día siguiente Peña anunciaría un plan para recibir a todos los jóvenes mexicanos que regresen al país con opciones educativas.

En llamada telefónica realizada el 21 de enero Enrique Peña Nieto expresó a Donald Trump la voluntad de México para trabajar en una agenda que beneficie a ambos países, con un enfoque de respeto a la soberanía de las dos naciones y responsabilidad compartida. A punto de viajar a Punta Cana, República Dominicana el 24 de enero, Peña Nieto canceló su participación en la V Cumbre de la Comunidad del Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), a sabiendas de que el presidente Trump presentaría su plan migratorio y decidió operar desde Los Pinos.

A las 7:55 de la mañana del 26 de enero de 2017, Donald Trump sacudió a México con un tuit que rezaba: “si México no está dispuesto a pagar por el muro, entonces sería mejor cancelar la próxima reunión" con el presidente Enrique Peña Nieto. A las 10:48, tras concluir un intenso diálogo entre funcionarios de ambas naciones, el presidente de México informó también por esa red social: “Esta mañana hemos informado a la Casa Blanca que no asistiré a la reunión de trabajo programada para el próximo martes con el @POTUS".

Habían pasado sólo seis días del inicio de su mandato, Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo estaban en Washington iniciando contactos para establecer una agenda con representantes del gobierno del presidente Trump quien detonó una de sus primeras crisis, y cuyo blanco fue México.

Se tenía previsto que el presidente Peña se encontrará con Trump en la Casa Blanca el 31 de enero, pero las diferencias entre ambos se evidenciaron cuando el día 25 cuando Trump ratificó su decisión de construir un muro que dividiera a las dos naciones y endurecer su política migratoria. Por la noche de ese mismo 25 de enero, en un mensaje a la nación, el presidente mexicano fustigó a Trump. Indicó que nuestra nación no cree en muros: “México ofrece y exige respeto, como la nación plenamente soberana que somos”.... y al día siguiente Trump decidió no verse con Peña.

A decir de los analistas políticos e internacionalistas Enrique Berruga, Gabriel Guerra y José Antonio Crespo, la posición beligerante del mandatario estadounidense ha llevado una relación bilateral de una donde los dos países eran socios estratégicos a una que flota en el enfriamiento.

Coinciden en que ha sido un año difícil para la relación pues ésta ha ido de crisis en crisis bajo constantes agresiones, insultos y descalificaciones de Trump.

Advierten que el gobierno mexicano ha mantenido una actitud discreta, de contención y sin responder a las provocaciones. Crespo y Guerra consideran que no sería lo mejor encarar a Trump con un discurso agresivo, pero que se debe mantener la postura firme y digna en defensa del país.

Berruga considera prioritarios mecanismos de diálogo para concretar acuerdos en bien de ambas naciones. Enrique Berruga, ex embajador de México ante la ONU; advierte que el último año de la relación México-Estados Unidos se ha vivido en medio de reacciones y contra reacciones, estando el gobierno mexicano tratando de atemperar al máximo a una administración muy poco predecible e incluso disfuncional, sin interlocutores claros y sin mecanismos serios de diálogo y acuerdo binacional.

El ex embajador subraya que la relación bilateral no se limita al tema comercial pues hay otras áreas de la agenda como la seguridad nacional, la seguridad fronteriza, el transporte, la migración, entre otros. “No hay nadie que controle la brújula ni en Estados Unidos ni en México”.

“Las cosas no han mejorado mucho, veo que México sigue siendo blanco de ataques consistentes del presidente de Estados Unidos. Muchos de los temas de la agenda de Estados Unidos tocan a México, incluyendo el cierre del gobierno que tuvo que ver con el tema migratorio y el DACA.“Vemos que esta teniendo una afectación mutua el no tener un mecanismo de buen entendimiento entre los dos países y eso es de lo que carecemos.

La actitud de México ha sido atemperar un poco las posibles consecuencias de lo que esta haciendo el gobierno de Trump y sin esperar lograr mucho sino mantener la contención”, advierte.

Berruga subraya que la administración Trump, más no el pueblo estadounidense, mantiene una actitud de llevar su agenda política con el tema mexicano, relacionando con la delincuencia, crímenes, la migración, el muro y la seguridad, dreammers, TLCAN.“Esta siendo una moneda de cambio lo mexicano, incluyendo el TLC por supuesto, que no habíamos visto en el pasado y no hemos visto un mecanismo a través del cual puedan los dos países ir dirimiendo los diferentes puntos de la agenda”, asentó. Insistió en que la relación con el gobierno de Trump no sólo es negociar el TLC pues el asunto es mucho más vasto, dice, en la relación bilateral “y la posición negociadora de México que debió impulsarse es la de ‘no está negociado nada hasta no estar negociado todo’.

Advierte que la actual relación entre México y Estados Unidos es un escenario que nadie había recorrido anteriormente porque se trata de una administración norteamericana volatil, donde se puede llegar a negociar con la contraparte, lograr acuerdos, firmarlos, y al día siguiente aparece Trump descalificando a su propio secretario sobre lo que negoció.“Entonces se hace muy complicado lograr que las cosas sí ocurran a menos de que se ponga uno en la actitud de agradar o conceder a las diferentes pretensiones del gobierno de Estados Unidos y no necesariamente es la posición de México lo que le conviene a Estados Unidos”, indica.

 

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