Tijuana-San Diego, la franja antiTrump

La zona comparte economía y vive una binacionalidad que no se detiene, dice cónsul
Marcela Celorio Mancera, cónsul general mexicana en San Diego. (LUIS CORTÉS. EL UNIVERSAL)
17/09/2017
03:20
Ariadna García
San Diego, California
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La situación que vive hoy día la relación entre México y Estados Unidos es extraordinaria y compleja, considera la cónsul general mexicana en esta ciudad, Marcela Celorio Mancera.

Instalada en una de las fronteras de México y Estados Unidos más dinámicas, la abogada de profesión y embajadora de carrera en el servicio diplomático mexicano, comenta en entrevista con EL UNIVERSAL que la llegada de una nueva administración en la Unión Americana, en enero pasado, puso a todas las partes de la relación en una situación de cautela, de evitar las especulaciones.

En la frontera Tijuana-San Diego, describe, se vive una binacionalidad que debe ser entendida desde las capitales de ambas naciones, y no se detiene por la llegada de un nuevo titular del Ejecutivo estadounidense o por declaraciones agresivas.

Sin embargo, reconoce, el mensaje antiinmigrante e intolerante sí logra tener impacto en las comunidades mexicanas y estadounidenses. No se adelantan vísperas en nada, argumenta, pero sí se toman medidas precautorias en todos los aspectos y, a pesar de que han pasado casi nueve meses de que Estados Unidos estrenó presidente, la guardia no se baja.

El sector privado que al menos en la frontera es de un fuerte dinamismo, detalla, ha sido cauto, pero su colaboración e intercambio continúa.

A pesar del discurso sobre levantar un muro entre Tijuana y San Diego se logró instalar un Paso Fronterizo Exprés (CBX, por sus siglas en inglés) que tiene más conectada la denominada región de Cali Baja.

La cónsul general claramente atina a decir que para entender la frontera de México con Estados Unidos (y viceversa), hay que vivirla.

¿Cómo es el trabajo binacional?

En el condado de San Diego, que es la circunscripción que corresponde al Consulado General de México, hay 3 millones de personas, de esas, 1 millón son de origen mexicano o nacidas en México. De ese millón hay aproximadamente unos 129 mil mexicanos que están en situación de indocumentados. La labor consular se enfoca principalmente a las acciones de protección y asistencia consular y lo mismo la expedición de documentación. Somos coadyuvantes con el Instituto Nacional Electoral que recibe las solicitudes para obtener la credencial para votar, el registro de los menores de edad, los registros de nacimiento, el otorgamiento de poderes, muchas personas que no pueden ir a México y todavía tienen muchos asuntos que ventilar en nuestro país, a través de la figura del poder pueden solucionar estos temas.

El condado de San Diego es parte de lo que se ha considerado como la región de Cali Baja que comprende los condados de San Diego, el condado de Imperial y los cinco municipios de Baja California, en México.

En su conjunto, alcanza aproximadamente 6.5 millones de personas y tiene una economía de aproximadamente 230 mil millones de dólares, lo cual lo hace equiparable a las economías de países como Portugal, Perú o Finlandia.

El peso específico que tiene la región en el contexto de la relación binacional entre México y Estados Unidos, es muy importante.

Otra de las cuestiones, tomando en consideración que mi circunscripción es solamente el condado de San Diego, pero por estar ubicado en la franja fronteriza, en el consulado a mi cargo nos hemos erigido como un consulado transfronterizo, somos un Cross Border Consulate.

¿Qué tan complicado ha sido este año, con nueva administración en Estados Unidos, dar continuidad a los trabajos binacionales?

—Cuando presenciamos el arribo de una nueva administración en Estados Unidos con este mensaje antiinmigrante, intolerante, obviamente tuvo un impacto en la comunidad a todos los niveles, no solamente en los más vulnerables, que crea una angustia en las familias ante una posible separación de los padres indocumentados, sino de los hijos ya nacidos aquí.

Fuimos muy cautos de no adelantar vísperas de qué iba a pasar, porque no podíamos especular, pero en lo que no fuimos cautos fue en redoblar esfuerzos para estar preparados.

Por un lado, redoblamos esfuerzos para continuar con todo el trabajo, no es una ocurrencia la función consular, redoblamos esfuerzos para poder llevar información a la comunidad de cuáles eran sus opciones y también para mitigar esta angustia y zozobra que se sentía. Esto no quiere decir que a tantos meses de distancia estemos instalados en una normalidad o en una cotidianidad, eso no lo vamos a hacer, porque sí, son tiempos complejos y son tiempos distintos a los que estábamos acostumbrados como países, tanto México como Estados Unidos, países amigos que comparten valores como la democracia, los derechos humanos, la tolerancia, el libre comercio, la solución pacífica de controversias y de repente nos quieren poner un muro, bueno, pues sí son tiempos extraordinarios.

No nos vamos a acostumbrar a eso y siempre nos vamos a oponer a ese tipo de manifestaciones y por lo tanto, estamos preparados y no aceptamos que esto sea un escenario normal ni en relación con la comunidad ni en la relación como países.

¿Qué pasa con el sector privado?

—Han sido muy cautos pero continúan colaborando, continúa los intercambios, y lo más interesante, se ha detonado la creatividad.

Es una frontera muy grande

—En cuanto a cruce de personas, sí somos la frontera más grande del mundo, no así de mercancías.

También es una frontera en la que el tema que no deja de estar en el reflector es el de seguridad.

—Ahí sí me gustaría tocar el tema de las alertas. Las alertas vienen de hace muchos años, no son alertas que Estados Unidos emite en determinado momento. Habría que echarles un puño de sal, hay muchas especulaciones al respecto: ¿Por qué ahorita lanzar estas alertas cuando está la renegociación del Tratado de Libre Comercio? ¿Por qué ahorita cuando el porcentaje de turistas hacia Estados Unidos ha disminuido? Siempre hay ese tipo de especulaciones, pero al fin y al cabo hay que reconocer que sí, México está pasando por un problema en el tema de seguridad, que estamos enfrentando violencia en determinados puntos del territorio nacional, pero los estamos enfrentando y eso tampoco obsta para que el turismo siga fluyendo en México.

¿Las alertas paralizan?

—No. Sí está la alerta, pero los estadounidenses siguen llegando.

¿Cómo enfrentan los temores de la comunidad mexicana?

—En primer lugar, nosotros ya veníamos trabajando con una base de abogados consultores, con eso les damos asesorías legales, no solamente en tema migratorio, en cualquier área, por ejemplo civil, administrativa, laboral, penal. Incrementamos esas asesorías, tanto en el consulado como a través de nuestros consulados móviles.

En el norte del condado, que es en donde hemos identificado que está la comunidad más vulnerable, no se mueven y no vienen a la ciudad de San Diego, hay que llevarles los servicios a donde ellos están.Lo que hicimos fue incrementar esos servicios.

 

¿ Los mexicanos no quieren regresar a México?

—Ya depende la decisión que tome cada persona. Si dicen: “Yo me quiero quedar”, entonces se le da información sobre cuáles son las consecuencias de esa decisión, los riesgos y oportunidades.

¿Qué buscan evitar?

—Lo que nosotros buscamos al fin y al cabo es el bienestar del mexicano, proteger al mexicano dentro de los márgenes de la ley y de las facultades que se nos permiten, ese es nuestro objetivo principal.

¿El tema de la soberanía y el nacionalismo se pierde en la frontera?

—Se trata de una dinámica de vida. La diversidad no es un diccionario, hay que vivirla, lo mismo la frontera, para entender a los fronterizos hay que vivirlo. Ese es nuestro gran reto, mandar el mensaje de cómo se vive en la frontera.

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