México y Eslovaquia rechazan el populismo, destacan en el Senado

El presidente Andrej Kiska y el senador Ernesto Cordero destacan, en contraste, las vías de las instituciones democráticas, en la promoción de bienestar de sus naciones
22/11/2017
13:22
Juan Arvizu y Alberto Morales
Ciudad de México
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El presidente de la República Eslovaca, Andrej Kiska, en tribuna del Senado expresó su preocupación por “el auge del nacionalismo, populismo, extremismo el hecho de que se esté perdiendo la tolerancia en nuestras sociedades”.

Por su parte, al darle la bienvenida en sesión solemne en la Cámara Alta, el senador Ernesto Cordero Arroyo, afirmó los temas en común entre México y la República Eslovaca, de la que destacó la Revolución de Terciopelo y su logro de insertarse en la Unión Europea con instituciones democráticas, que marcan distancia del populismo.

El pleno del Senado recibió a Kiska, en sesión solemne que tuvo un entorno de gala. Una escolta de cadetes del Colegio Militar recibió al presidente Kiska, en cuya recepción se unió a los senadores el presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Carlos Ramírez Marín.

Kiska dirigió un mensaje en el que destacó las áreas en que su país tiene disposición de colaborar con México, y en ese sentido dijo que la cooperación de la humanidad, la comprensión, muchas veces se sustituye por la confrontación, la cual es consecuencia de la falta de la defensa de los valores básicos en los que se han construido nuestras sociedades democráticas.

La confrontación es consecuencia de que “no siempre conseguimos dar a nuestros ciudadanos lo que desean y lo que es la base cada sociedad sana que dispone de sanidad pública, seguridad, educación, es decir simplemente que la gente pueda vivir de manera digna. Esta es la responsabilidad que cae en nuestras manos, en los hombros de los políticos”.

El visitante dijo a los mexicanos que “el populismo, por desgracia, muchas veces se convierte en un arma de los políticos, y como ha dicho el antiguo secretario general de la ONU Ban Ki-Moon, que su experiencia más triste de su trabajo es que muchos líderes y políticos piensan más en su propio poder que en sus ciudadanos”.

 

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