"Me honra que me postulen a la Belisario"

Podría recibir medalla por sus más de 50 años de servir al país; debemos creer y querer más a México, no todo es malo, dice
Roberto Kobeh García, director general del Seneam. (ALEJANDRA LEYVA. EL UNIVERSAL)
20/11/2017
02:30
Alberto Morales
-A +A

[email protected]

El director general del Servicio de Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (Seneam) de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Roberto Kobeh García, afirma que sin caer en nacionalismos sin sentido, los mexicanos debemos apreciar las cosas buenas del país y no sólo fijarnos en lo que está mal.

“Nada más vemos lo que está mal y hay muchas cosas que están bien, como la libertad en la que vivimos, el ambiente social. No es un nacionalismo sin sentido, cuando he visto en otros países la forma en que viven, cada vez quiero más a este país”.

En entrevista en sus oficinas del Seneam, rodeado de aviones a escala y una fotografía del centro de control del Aeropuerto Internacional de Ciudad de México, Kobeh García integra la lista de postulados a recibir la medalla Belisario Domínguez que entrega el Senado, y reflexiona sobre su trayectoria de más de cinco décadas, la importancia de la aeronáutica y la distinción que le han hecho sus colegas al postularlo como candidato a dicho galardón.

Roberto Kobeh García, al igual que Belisario Domínguez, es chiapaneco, y es el primer mexicano en desempeñarse en dos períodos continuos como presidente de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), organismo rector de la aviación en ese ramo en todo el mundo.

Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica, egresado de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional (IPN); cursó estudios aeronáuticos superiores en la Federal Aviation Administration de Oklahoma, Estados Unidos, y de Alta Administración y Planeación en el Centro Nacional de Productividad en México.

En septiembre pasado, Colegios de Ingenieros y la Sociedad de Ex Alumnos de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), que preside el ingeniero Joel Ortega Cuevas, propuso al Senado al ingeniero Kobeh como candidato a la medalla Belisario Domínguez en reconocimiento a su trayectoria y aportaciones a la aeronáutica civil y al país.

Con más 50 años de trayectoria, Roberto Kobeh recuerda que llegó a la Dirección de Aeronáutica Civil casi por casualidad, pues un vecino le comentó que en ese lugar buscaban ingenieros en comunicaciones y electrónica.

“Entré pensando que estaría un tiempo mientras encontraba algo mejor, fue en 1969, yo acababa de egresar. Mi ilusión era entrar a algo de computación que en ese momento era extraño y nuevo; por eso decía que entré a Aeronáutica buscando algo mejor, y después de 52 años sigo buscando algo mejor, pero mantenerse en este sector tan apasionante es la mejor decisión que he tomado”.

¿Usted fue postulado a la máxima distinción que otorga el Estado mexicano a un connacional , cómo se siente al respecto?

—El simple hecho de ser postulado me honra y me satisface. Agradezco a todos los colegios y los colegas que me han propuesto. Para mí fue sorpresivo, porque no le pedí a nadie que me postulara. Un día me hablaron y les dije que se los agradecería mucho y estar postulado para esta gran distinción del Senado de la República me llena de satisfacción.

¿Esto le genera un compromiso con su país?

—No sólo nos honra, también nos compromete, cuando hablamos de la Unión Mexicana del Colegio de Ingenieros hablamos de miles de personas que apoyan esto y desde luego, cuando uno ve los personajes que han recibido esta distinción a veces me asusta un poco, porque estoy en una lista de gente muy distinguida y por eso me siento tan honrado.

¿Ha buscado a alguna bancada para encontrar apoyos?

—No, absolutamente no. Cuando me visitaron por primer vez para decirme la postulación les dije que el trabajo que ellos hicieran de promoción se los agradecería, porque yo personalmente tengo una función que desempeñar aquí.

¿Cuáles fueron las razones para postularlo?

—Me expresaron que el haber hecho algo importante para el país y para otros países, eso fue lo que tomaron en cuenta los colegios para postularme. Yo espero que haya muchos mexicanos distinguidos que participen, yo respetaré la decisión que tome el Senado de la República, la respetaré y no me sentiré ofendido ni molesto, de ninguna manera.

Desde su punto de vista, ¿cuál ha sido su aportación a la aeronáutica en México?

—Uno de los principales retos que puedo mencionar es cuando se creó el Seneam en 1978. Había una empresa de participación estatal mayoritaria que prestaba los servicios y en donde el gobierno aportaba toda la infraestructura, era muy deficitaria, los socios eran líneas aéreas extranjeras y el gobierno tomó la decisión de cancelar esa concesión en medio de un problema laboral serio. No fue una huelga, pero los trabajadores decidieron no trabajar para la nueva organización, fueron 24 días muy difíciles donde la gran mayoría de los colaboradores se ausentaron y se operó 20% del tráfico porque no teníamos controladores y técnicos, pero afortunadamente después de una serie de negociaciones decidieron trabajar para esta organización. Esa fue una de las cosas más importantes en mi vida profesional, esa y servir al país.

En el actual sexenio, ¿cuál es su mayor reto?

—Ahora son los trabajos que estamos haciendo desde hace un año para realizar toda la planeación, la transición del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, una actividad que se tiene que hacer con mucho cuidado, con tiempo suficiente, porque se necesita duplicar al actual personal. Hoy manejamos dos pistas que no son para operaciones simultáneas (despegues y aterrizajes), pero en el nuevo habrá tres pistas con operaciones simultáneas. La Torre de Control y el Centro de Control tendrá que duplicarse y poder participar en esa transformación es muy relevante, porque el nuevo aeropuerto no sólo servirá a la Ciudad, sino a todo el país.

¿Qué cambios ha visto en el sector de la aviación?

—La aviación cambia muy rápido por eso es tan interesante, tecnológicamente cambia, la economía del transporte aéreo es una cosa delicada que se tiene que cuidar; la infraestructura que hay en el país es excelente. Como presidente del Consejo de la Organización de Aviación Civil Internacional visité más de 100 países, y comparando con lo que hay en los más desarrollados, estamos a su altura.

¿Qué impacto tiene la aviación en la economía?

—Tiene un impacto muy importante a nivel mundial y en México, cuando hablamos de 3% del PIB que produce; pero además el impacto de aviación en otras actividades como el turismo, un poco más de 8%, y eso no podría darse si no es por la aviación.

¿Cómo es un día habitual en el Seneam?

—Es atender miles de operaciones que se realizan en todo el espacio aéreo mexicano, que según la Organización de Aviación Civil Internacional es de 3.5 millones de kilómetros cuadrados, donde están volando aviones las 24 horas del día, tenemos que atenderlos con seguridad, ese es el elemento número uno, el primordial en la aviación en general.

¿Cuántas operaciones diarias se realizan en el AICM?

—Aquí son mil 200, una operación es, o un aterrizaje o un despegue, mientras que a nivel nacional, son más de dos millones al año.

¿Qué significó para usted ver el avión comercial supersónico Concorde la primera vez que vino a México?

—Es una obra tecnológica de ingeniería muy desarrollada, pero que económicamente no lo fue, las líneas aéreas buscan hacer negocio. El Concorde fue una pieza tecnológica muy importante.

¿Cómo fue que lo llamaron a dirigir el Seneam?

—A mi regreso planeaba hacer algo a mi ritmo y a mi tiempo, pero el secretario de Comunicaciones y Transportes (Gerardo Ruiz Esparza) me invitó a regresar a Seneam, lo acepté y lo consideré una distinción, porque después de haber estado casi 20 años (fuera), regresamos y hay muchos retos. Yo amo este país y tiene mucho más de lo que a veces decimos que tiene, a mí me decían cuando estuve en Canadá tantos años, que tal vez me quedaría por allá. Pero yo respondía que el único país donde seré un ciudadano es en México.

¿Nos hace falta querer más al país y preocuparnos por sus instituciones?

—Definitivamente sí. Cuando me decían que me iba a quedar allá yo les decía, miren, hay muchas cosas buenas, pero no todo está bien en Canadá, ni todo está mal en México.

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS