“Inseguridad y rabia social enciende alertas rojas para 2018”: Luis Carlos Ugalde

Condiciones políticas pueden generar un escenario negativo, asegura; dice que falta de legitimidad en elecciones crearía ingobernabilidad
Luis Carlos Ugalde Ex presidente del extinto IFE (GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL)
20/10/2017
03:20
Misael Zavala
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Luis Carlos Ugalde, ex presidente del extinto Instituto Federal Electoral (IFE, ahora INE), opina que el país se encuentra en una de las épocas más violentas de la historia moderna. Las razones, según el consultor, una mayor desconfianza, inseguridad, enojo y rabia social, situaciones que ponen en alerta roja las elecciones de 2018.

En entrevista con EL UNIVERSAL, dice que la elección del próximo año es una oportunidad y un reseteo del tablero político en México, pero a la vez un riesgo, porque las condiciones políticas son de incertidumbre, lo que podría desencadenar que a las 11 de la noche del 1 de julio del próximo año, día de las elecciones federales, se tengan resultados que generen gobiernos con una situación de fragilidad política y falta de legitimidad.

Opina que si Andrés Manuel López Obrador gana la Presidencia de la República habrá un sentido de alivio, de que ahora el sistema funcionó a pesar de “la mafia del poder” y eso generaría una especie de júbilo, quizá parecido al que hubo cuando ganó Vicente Fox en 2000.

Si no gana López Obrador, reflexiona, acusará que hubo fraude electoral y eso va a llevar a un proceso mayor de desencanto y enojo. “Eso generaría una tentación de radicalismo de algunos grupos”, vaticina.

El director de Integralia Consultores asegura que el Frente Ciudadano por México (PAN, PRD y MC) es una fuerza que podría cambiar la correlación de fuerzas para 2018, pues conjunta el discurso anti PRI que llevó a Vicente Fox a la Presidencia en el año 2000 y, aunado a ello, el discurso en contra de López Obrador.

Arrancó el proceso electoral 2018, ¿cuál es el panorama al inicio?

—La elección es una oportunidad y un riesgo. Una oportunidad porque habrá la mayor renovación de cargos políticos como nunca antes en la historia, aproximadamente 3 mil 400, y la renovación permite a la gente decidir, premiar, castigar.

Es un riesgo porque las condiciones políticas del país están en una situación de enorme incertidumbre, hay desconfianza por parte de la población respecto a las instituciones políticas, desconfianza respecto a las autoridades electorales, los partidos tienen muy baja estima social, hay ingobernabilidad en algunas entidades del país, frustración, enojo y rabia, incluso, de algunos segmentos de la población. De tal forma que el entorno es un riesgo para la celebración de los comicios.

El segundo riesgo es que no generen credibilidad ni legitimidad, es decir, que terminemos el primero de julio a las 11 de la noche con un ambiente de desconfianza, de desacato y cuestionamiento de los resultados y que las nuevas autoridades que surjan del proceso empiecen sus gobiernos con falta de apoyo político, con una situación de fragilidad política, de falta de legitimidad, ese es el gran riesgo de la elección de 2018, que no genere confianza.

¿Hasta dónde podrían llegar estos riesgos, a una parálisis?

—El mayor riesgo es que el activo de la democracia electoral, que se llama legitimidad, no se obtenga en 2018. Que el nuevo gobierno federal sea acusado de provenir de fraude electoral, que la sensación social sea que fue una elección injusta.

El país está con un tejido social averiado, hay segmentos de la población que tienen ira, con mucha desconfianza.

La falta de legitimidad es el mayor riesgo de la elección y se podría traducir en una degradación más del tejido social y podría dar lugar a focos regionales, quizá aislados, de problemas de ingobernabilidad. Ese es el mayor riesgo.

Pero si Andrés Manuel López Obrador gana la Presidencia de la República habrá un proceso de distinción social, al menos temporal. Habría un sentido de alivio, de justicia y que ahora sí el sistema funcionó a pesar de la mafia del poder y eso generaría una especie de júbilo, quizá parecido al que hubo cuando ganó Fox en 2000. No sé qué pase a partir del 1 de diciembre de 2018, esa es otra historia.

Si no gana López Obrador, acusará que hubo fraude electoral y eso va a llevar a un proceso mayor de desencanto y enojo. Eso generaría una tentación de radicalismo de algunos grupos.

¿Grupos radicales de Morena?

—No, Morena es una parte institucional, hay grupos como el magisterio disidente que apoya de manera externa a López Obrador. Hay grupos de autogobierno en algunas regiones de Michoacán, Guerrero y Chiapas, que pueden tomar como pretexto y radicalizarse.

¿En su experiencia como presidente del IFE, había visto escenario parecido al que se vive actualmente?

—En 2006 hubo un conflicto post electoral, pero el país estaba en una condición político-social diferente, más pacífica, con más confianza, con una economía que crecía, con la tasa de violencia sumamente baja, el país era más pacífico. Era la época más pacífica de México en la historia moderna, hoy estamos en la época más violenta en la historia moderna de México. Mayor desconfianza y mayor enojo e ira social, el contexto es diferente. Hoy se perciben signos y alertas rojas un año antes de la elección.

¿Es una exageración de algunos actores pedir la renuncia de los consejeros del INE?

—Es una falsa salida, porque eso no resuelve el problema. El problema es la irresponsabilidad de los partidos y las reglas del juego que están mal diseñadas.

A los consejeros se les ha acusado de estar ligados a algunos partidos, ¿qué opina?

—Siempre ha habido consejeros vinculados a partidos, siempre ha habido consejeros que en algún momento pueden responder a presiones de partidos, sin duda ha ocurrido. Yo lo vi, yo lo viví, pero creo que la magnitud del conflicto en este momento va más allá del INE, es estructural, va más allá.

Entonces, ¿cuál es el mayor problema?

—Pienso que el mayor problema de la democracia electoral mexicana reside en los gastos exorbitantes, ilegales, que hacen las campañas para ganar y que esos fondos provienen de desvíos de recursos públicos, de donaciones de empresarios, de contratistas, permisionarios, hoteleros, antreros y en ocasiones del crimen organizado, ese es el gran problema.

¿Qué hace la autoridad federal para detener esto?

—Nada. Nadie está haciendo nada, ni los partidos, ni las autoridades, ni los gobiernos.

¿Habrá medidas para combatir este uso de recursos desmedido en elecciones?

—Estas medidas para combatir el gasto excesivo de campaña son totalmente ingenuas. Esto pasa por otras medidas, por promover como obligatorio atacar y mejorar el sistema de obra pública, los contratos de gobierno, atacar la evasión fiscal y por controlar el desvío de recursos públicos de los gobiernos.

En lugar de poner a fiscalizar al INE, mejor pon a mejorar la asignación de obra pública para evitar que a través de esa vía se evite un mercado negro de fondeo de campañas pagado por obra pública.

Y también el crimen organizado, es una lucha que hace el Estado, pero mientras no acabes con eso, pues va a haber dinero del crimen organizado en muchas de las campañas.

¿Qué opina, por ejemplo, del Frente Ciudadano por México?

—Sería una fuerza innovadora que podría cambiar la correlación de fuerzas para 2018, sobre todo porque su fórmula podría ser muy atractiva. Hasta ahora los dos ejes de discusión política, que se llaman clivajes (divisiones), el primero es PRI-AntiPRI, el dos es AMLO-AntiAMLO.

Este clivaje de PRI-AntiPRI fue usado por Fox en 2000 con éxito, curiosamente 18 años después se usa con éxito y el argumento de Andrés Manuel López Obrador es mafia del poder, anti mafia del poder, pero es básicamente el mismo argumento.

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