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Caen salarios de profesionistas

En 10 años, aumentos sólo en 6 de 45 carreras
Caen salarios de profesionistas

MEJORA. Las enfermeras y los especialistas en química clínica fueron retribuidos con un aumento salarial de entre 6% y 18%. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Miércoles 20 de marzo de 2013 Nurit Martínez | El Universal

nurit.martinez@eluniversal.com.mx 

En los últimos 10 años sólo los profesionales de seis de 45 carreras universitarias en México obtuvieron incrementos reales a sus salarios.

Fueron los teólogos y los que estudiaron religión los que alcanzaron mayores aumentos salariales con más de 48%; mientras, que los que se dedicaron a la biomedicina vieron caer su salario en más de 50%, en la última década.

Los geógrafos, los diseñadores industriales, ecólogos o ingenieros ambientales, las enfermeras y los especialistas en la química clínica, fueron retribuidos con aumentos a sus salarios de entre 6% y 18%.

Lo que caracterizó a las 39 licenciaturas restantes fue la pérdida del poder adquisitivo, entre ellas Arquitectura, Medicina, Educación, Ingeniería Civil, Contaduría, Ciencias de la Comunicación, Ciencias Políticas y Derecho, entre otras, refiere un estudio de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES).

Ante un futuro poco esperanzador para lograr empleos de calidad y salarios adecuados para los egresados universitarios en la próxima década, los rectores de las universidades del país propusieron que en lugar de ampliar la matrícula en la universidades, el presupuesto se destine a mejorar la calidad de las instituciones públicas y privadas.

Los rectores proponen iniciar una reforma que “prioritariamente” mejore la calidad del sistema universitario.

Esa reforma incluye modificaciones a Ley General de Profesiones, iniciar una campaña de evaluación y acreditación de las universidades e impulsar en el Congreso de la Unión modificaciones a Ley General de Educación para regular la entrega, conservación y apertura de nuevas universidades, sugieren los rectores. Al mismo tiempo se deberá emprender una reforma al modelo económico para acrecentar su dinamismo y aumentar la capacidad de generación de nuevos empleos.

El documento explica que en la próxima década el mercado laboral experimentará el impacto del llamado “bono demográfico”, por lo que se prevé que la población económicamente activa aumente a 6.3 millones de personas que buscarán empleo.

Después de advertir que en la década pasada se incrementó en 15% el desempleo anual de los universitarios y se registró un deterioro promedio de 19% en los salarios, el estudio de los rectores advierte que “lo más preocupante es que las condiciones adversas pueden profundizar su deterioro en los próximos años”, es decir, durante la década de 2010-2020.

Advierte del riesgo que existe en los próximos años sobre la idea entre los jóvenes que al ver mermada la “rentabilidad esperada” por realizar estudios universitarios, ello pueda desalentar a las nuevas generaciones a optar por seguir estudios universitarios.

En la coyuntura mundial, advierte, se hace muy difícil que la economía mejore significativamente, por lo que “debe analizarse si el objetivo de aumentar la cobertura de educación superior a 48% para el año 2020 representa el mejor camino”.

Reunir las condiciones financieras e institucionales para aumentar en esa proporción las oportunidades educativas para los jóvenes “es un objetivo socialmente incuestionable”, sin embargo, la coyuntura económica mundial seguirá acotando las oportunidades de empleo de calidad que esperan los universitarios, considera.

“Por ello se sugiere la revisión de las metas de cobertura y que los aumentos de recurso, que en su caso, se obtengan para las instituciones de educación superior públicas, se destinen prioritariamente a la mejora de su calidad”.

El documento de 434 cuartillas de la ANUIES establece tres desafíos del sistema universitario en los campos en los que las autoridades centraron su atención en los últimos años: cobertura, equidad y calidad.

De igual manera enumera nueve propuestas para llevar a cabo la reforma al sistema universitario, entre las cuales también está el poner en marcha un programa de acercamiento entre las universidades y las empresas; crear un sistema nacional de seguimiento de egresados para monitorear los logros y problemas del mercado laboral en torno a las carreras más importantes.

Incluye fortalecer la supervisión y seguimiento a las universidades privadas puesto que sólo 14% de la matrícula del sector privado cursaba estudios en programas acreditados.

“Eso significa que la inmensa mayoría de los programas que ofrecen las universidades privadas, tanto aquellas que cobran colegiaturas elevadas como las llamadas instituciones de bajo costo, se mantiene en la opacidad desde el punto de vista de la calidad de su oferta educativa”.

Detalla que las escuelas de bajo costo lo son por el bajo perfil que caracteriza la planta académica y la precariedad de la infraestructura. A estos planteles, comúnmente se denomina “escuelas patito”.

Enfatiza que el gobierno favoreció en la década pasada, “aunque de manera indirecta, la expansión de las universidades privadas, que ha experimentado un crecimiento significativo a lo largo y ancho del país”.

Para la creación de nuevas instituciones, en el futuro, se pide que la planeación sea cuidadosa y además de la docencia, realicen actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico con estándares internacionales.

En caso de prevalecer la meta de ingresar a 48% de los jóvenes en las universidades, los rectores prevén que para el año 2020 egresarán al mercado de trabajo 836 mil profesionales al año: 44 mil técnicos superiores universitarios; 663 mil de licenciatura y 130 mil de posgrado.

En consecuencia describe tres escenarios para la generación de empleos: el “pesimista” con 350 mil puestos al año; el “base” donde se materializarían 550 mil puestos; y, en el “optimista” se generarían 950 mil empleos anuales, a partir del impulso económico nacional.

Considera que en los dos primeros casos “obligaría” a los jóvenes,“como ha sucedido en los últimos 30 años, a formar parte del desempleo abierto y/o ubicarse en las actividades informales de la economía”. Cuestiona que las universidades no puede “ignorar” más que la economía no alcanza a generar los empleos en cantidad y calidad los empleos que reclaman los universitarios.



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