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Eliot Ness dejó Los Pinos


Martes 18 de diciembre de 2012 Ernesto López Portillo | El Universal

Hasta hace dos semanas, a la manera del cazador que cuelga sus trofeos en la sala de su casa, Felipe Calderón celebraba las capturas de los líderes de la delincuencia organizada sin importar las consecuencias de las mismas.

Enrique Peña Nieto comienza el sexenio reconociendo que los trofeos de la estrategia de Calderón fragmentaron a los grupos criminales y provocaron más inseguridad para todos. Más claro ni el agua.

Éste y varios mensajes más vertidos ayer en la sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública parecen el funeral de la llamada estrategia de seguridad y cuyo principal saldo es la dispersión de la muerte.

No se presentó un programa de seguridad y justicia; se presentó una declaratoria de principios para lo que Peña Nieto llamó “una Política de Estado por la Seguridad y la Justicia”.

Algún periodista preguntaba por la tarde dónde había estado la nota. Seguro era uno de esos adeptos que la mancuerna Calderón-García Luna logró luego de tanto espectáculo, de tanto despliegue operativo y montaje.

Conozco el discurso del poder y sé que muchas veces las y los políticos hablan sin justificar sus palabras. Declarar y argumentar son dos planos que en ese gremio se tocan poco. Total, muchas veces los grandes auditorios tampoco esperan los motivos de una u otra decisión o rumbo.

Acumulo casi un cuarto de siglo mirando el flujo de discursos políticos vacíos en torno a la seguridad. Lo que presentó Peña Nieto ayer puede o no tener base conceptual, plataforma de diagnóstico y análisis prospectivo serio. Puede o no ser una ocurrencia. En todo caso, quienes ayer lo escuchaban y declararon a favor de lo expuesto por el Ejecutivo Federal entrante, jamás organizaron una alternativa frente a la multiplicación sin límites de la inseguridad y la violencia que nos trajo Calderón.

Los que hoy declaran que el cambio es necesario jamás se comprometieron con el mismo hace apenas dos semanas. Lo dicho: declarar y argumentar pueden o no tocarse. Necesito recoger algo de optimismo: si la declaratoria de principios alcanza a tomar en efecto la forma de una política pública, habremos de pasar a otra etapa de la historia.

Con enorme satisfacción veo en las 6 líneas de acción la influencia de la propuesta de la UNAM en la materia presentada en el 2011. Peña Nieto enseña posibles saldos de aprendizaje de enorme valor: planeación, prevención, protección y respeto de los derechos humanos, coordinación, transformación de la policía y de la procuración de justicia, evaluación y retroalimentación.

Al procurador Jesús Murillo Karam le toca desenterrar el Ministerio Público Federal y enterrar las figuras que institucionalizaron la simulación de la investigación, como el arraigo.

La política modela las palabras y las palabras modulan la política. Peña Nieto se salió del lenguaje policial y podría tomar la distancia frente a la política de seguridad que la Presidencia nunca debió perder. No más Eliot Ness en Los Pinos. Luego de la crisis humanitaria dejada por Calderón, el estándar de cumplimiento de las expectativas es descomunal para Peña. Y la más crítica de todas las tareas es parar la maquinaria de violación a derechos humanos en la que se convirtieron las instituciones federales civiles y militares.



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