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Discapacidad, un desafío para la reintegración social

Al joven Julio, un asalto le cambió la vida y lo impulsó a no quedarse “sentado” y a luchar por sobrevivir
Discapacidad, un desafío para la reintegración social

REHABILITACIÓN. Ellos trabajan en el programa de autogeneración de empleos para personas con discapacidad en diversos depósitos vehiculares del Distrito Federal. (Foto: YADIN XOLALPA )

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Sábado 11 de febrero de 2012 Cristina Pérez-Stadelmann | El Universal
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politica@eluniversal.com.mx

Julio fue asaltado en una carretera junto con otras cinco personas. Era de noche y se dirigían en coche a casa de una tía en Huehuetán, Chiapas.

Los seis bajaron del auto y opusieron resistencia. Uno de los asaltantes llevaba un arma y disparó. Una bala entró en la médula espinal de Julio y lo dejó parapléjico en ese instante.

Permaneció dos meses en un hospital aprendiendo ahora a controlar su cuerpo y esfínteres, y requirió de varias cirugías y tratamientos que sumaron 95 mil pesos y que debió ir liquidando a lo largo de varios años a parientes y amigos.

Tenía 18 años, y sólo contaba con estudios de primaria. En el momento del asalto llevaba 30 pesos en la bolsa. Su situación económica era realmente precaria. “Los 30 pesos volaron”, comenta.

Previo al incidente, Julio se dedicaba a realizar trabajos informales para apoyar a sus padres con los gastos de la casa. El primogénito de la familia López Pinto pronto supo lo que es encargarse del alimento y techo de sus cuatro hermanos. A partir del accidente, el joven consiguió una silla de ruedas y trabajó como pescador.

“No podía ser un peso para mis hermanos sino darles solución como el mayor de la casa. El menor de mis cinco hermanos tenía tres años. Mi madre es analfabeta, y ha trabajado toda su vida en labores de la casa. No había otra opción que no fuera continuar trabajando”.

Julio, sin posibilidades de mover más que las manos y la cabeza, tejió redes para venderlas y pescó desde su silla de ruedas en los arroyos de Jijiapa, Chiapas, a lo largo de 10 años. Tiempo después, este hombre pudo viajar a otro estado y separarse por un tiempo de su familia.

Pero antes de dejar Chiapas, habría de pasar otra prueba. Esta vez, ayudaría a sufragar las cinco cirugías que requirió su padre, quien comenzó a ver su salud cada vez más deteriorada. Ahora Julio abordó un autobús hacia Colima: “…pero ni modo de pescar en el asfalto”, dice en entrevista. Tuvo que buscar otro tipo de trabajo.

Dejó las redes y la pesca para retomar sus estudios en el Instituto Nacional de Educación para los Adultos, en Colima, y se dirigió a una dependencia gubernamental para intentar obtener un trabajo. Tomó cursos como técnico en sistemas operativos, terminó sus estudios de preparatoria e ingresó a cursos de contabilidad, y electrónica en general.

Fue en uno de estos diplomados donde conoció al director y presidente de la organización Internacional Vida Independiente para personas con Discapacidad, quien lo invitó a incorporarse a los diferentes programas de apoyo y capacitación para personas con discapacidad.

“Me interesó la filosofía de integración que ofrecían; así como la responsabilidad de aceptar y asumir la propia discapacidad a partir de un proyecto de vida basado en tal responsabilidad: con una silla, un cojín y trasporte adaptados (auto); así como el trabajo de pares, la capacitación laboral y la trasformación hacia el liderazgo social”.

En resumen comenta Julio: “la rehabilitación física, emocional, laboral y social para una vida independiente e íntegra”.

Ahora, le ofrecían incorporarse a un curso para aprender a manejar la silla de ruedas modelo Vida Independiente, así como apoyo sicológico para lograr una vida con calidad en forma profesional, sustentable, autónoma y segura.

Al paso de los meses, el joven pidió integrarse del todo a la filosofía y trabajo de esta institución, pero debía cambiarse de nuevo de entidad; esta vez, a la gran ciudad de México con todos sus desafíos.

Después de permanecer tres años en la silla de ruedas, sus dos riñones comenzaron a fallar, lo que aceleró su traslado al Distrito Federal, donde a través de las organizaciones civiles como Vida Independiente, Fhadi y Altía, consiguió los recursos para comenzar sus tratamientos de hemodiálisis para tratar una insuficiencia renal avanzada y permanente.

A la par se integró al trabajo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con el programa Apoyo a Grupos Vulnerables, que la Fundación Humanista de Ayuda a Discapacitados (Fhadi) lleva a cabo a través de Grupo Eulen. Su labor consistió en dar la bienvenida a los turistas nacionales e internacionales, además de brindarles información sobre las diferentes áreas que integran el aeropuerto Benito Juárez.

Hoy, Julio asiste cada tercer día a los tratamientos de hemodiálisis para luego dirigirse a coordinar el programa social de Autogeneración de Empleos para Personas con Discapacidad Motriz.

Este hombre que vive en la casa de la organización civil Vida Independiente se dedica a trabajar a favor de las personas con discapacidad.

Actualmente es quien coordina a un grupo de 25 personas en sillas de ruedas que sacan fotocopias en 16 lotes vehiculares de la ciudad de México. La copia vale dos pesos, y la mitad es para cada uno de los operadores. Ellos están recibiendo un sueldo mensual que fluctúa entre los 4 mil y 8 mil pesos.

Fhadi, Vida Independiente y Grupo Altía financiaron las máquinas impresoras.

Otra historia

“No es sencillo trabajar en un lugar donde el cliente o dueño del coche siempre llega de muy mal humor, porque la grúa se llevó su coche y además debe pagar una multa”, comenta César Segovia, otro de los jóvenes que trabajan en este programa de autogeneración de empleos para personas con discapacidad en los depósitos vehiculares.

César vivió en situación de calle durante 28 años, hasta que conoció el programa de Vida Independiente y actualmente trabaja en uno de los lotes vehiculares en la fotocopiadora. Renta un cuarto que habita junto con su pareja.

Ahora es autosuficiente; a partir de que un día en el Metro conoció a alguien que le habló del modelo silla de ruedas Vida Independiente. Con el paso del tiempo, y al asistir un día a la semana a esta institución para capacitarse, César aprendió a moverse por toda la ciudad, y supo también cómo usar un cojín para evitar la formación de escaras en su cuerpo.

A la vez obtuvo apoyo sicológico, pues su discapacidad se dio a partir de una fuerte golpiza que recibió de sus “compañeros” que vivían en situación de calle. Aún tiene temor a salir de su casa, pero a César su coordinador lo aleja de la zona donde fue golpeado, con lo cual el joven ha ganado tranquilidad.

“Este programa dio a luz hace dos años y ha sido muy exitoso gracias al fundamental apoyo de Marcelo Ebrard, jefe de gobierno del DF, y de Manuel Mondragón, secretario de Seguridad Pública del DF”, comenta Santiago Velázquez Duarte, presidente en México de Vida Independiente, A.C.

“Ambos funcionarios públicos, en su momento lo consideraron una experiencia innovadora para impulsar la integración social en la capital, y han sido parte importante entre todos los involucrados en la rehabilitación”, dice Velázquez Duarte.

Para las 25 personas reunidas ante EL UNIVERSAL esta mañana en uno de los lotes vehiculares, esta es la historia de quienes han asumido el reto de tomar conciencia, y ser responsables de su propia discapacidad.

Es también la historia de aquellos que confían en la integración social como un proceso gradual, donde cada ser humano desde su singular discapacidad, es invitado a enfrentar la rehabilitación, como lo ha hecho Ana Nava, madre de dos hijos y mujer que trabaja en uno de dichos depósitos.

“Durante años las personas con discapacidad hemos permitido que se nos devalúe, considerándonos seres incapaces de forjar el destino de nuestras vidas. Lamentablemente nuestras familias, la sociedad y el Estado han sido partícipes y cómplices de esta situación por diversas razones.

“México es una sociedad igualmente necesitada de rehabilitación, y en Vida Independiente ya somos 5 mil personas rehabilitadas que hemos retomado nuestro lugar en el mundo partiendo de nuestro valor y dignidad, demostrando de lo que sí somos capaces.

“Somos miles de personas con discapacidad que, como cualquier ser humano, tenemos identidad, familia y proyectos de vida; un origen y un destino trascendentes”, concluye Santiago Velázquez.

Para Eduardo Vargas, director de Grupo Altía, la independencia de las personas con discapacidad no se mendiga ni se implora; se conquista: “Debemos romper el círculo de la clemencia con un renovado impulso de trabajo hacia la rehabilitación e integración social de personas con discapacidad motriz en el país. Falta crear con inteligencia las condiciones propicias para que cada vez más personas con discapacidad logren una vida más digna y plena”, dice.

Para los directivos de Vida Independiente, Grupo Altía y Fhadi, una buena rehabilitación implica comprometerse con las personas en sillas de ruedas, pero también con sus familias, para no crear vacíos. “Sabemos de jóvenes con discapacidad que viven recluidos en sus casas, sin que sus familias les permitan salir ni siquiera para tomar el curso”, concluyen.

¿Dónde acudir?

Grupo Altía, IAP. Tels. 56 33 08 00 y 56 33 06 26

Fhadi, Fundación Humanista de Ayuda a Discapacitados. Tels. 52 72 49 72 y 55 15 44 14



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