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“Se carece de políticas de apoyo a rarámuris”

CRISIS. Rarámuris esperan recibir ayuda alimentaria en el poblado de Huisarorare, Chihuahua (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Domingo 29 de enero de 2012 El Universal
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La destrucción del territorio tarahumara de Chihuahua es el problema original del hambre que sufren alrededor de 80 mil indígenas, afirmó ayer el director del Programa Universitario México Nación Multicultural (PUMC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José del Val Blanco.

El etnólogo consideró que cada año las condiciones de vida en esa región se complican por la constante depredación de la zona, que se acentúa por la sequía atípica que azota al país desde 2010.

“Los rarámuris son un pueblo de enorme complejidad cultural, que no construye pirámides ni implementa métodos de dominación; tampoco son muy dados a hablar, porque la lógica de su cultura no está en el valor de la palabra, sino en su caminar”, comentó el investigador.

El especialista criticó que la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) —antes Instituto Nacional Indigenista (INI)— lleve al menos 50 años de operar en la sierra y no haya implementado bancos de alimentación o clínicas localizables a los que pudieran acudir los rarámuris en situaciones complejas.

Esto refleja la carencia de políticas públicas comprometidas y de largo aliento dirigidas a ese sector particularmente vulnerable, dijo el especialista, quien agregó que el problema es que el territorio fue devastado.

Del Val, con experiencia en trabajo en la Sierra Tarahumara, destacó que “el saqueo maderero ha modificado el metabolismo ecológico del suelo, con los consecuentes efectos adversos en los animales que tradicionalmente consumen” los rarámuris.

“Los tarahumaras no desean necesariamente tener un proyecto de desarrollo, no les interesa; es decir, ellos tienen una forma de vida y exigen un poco de respeto a la misma”, indicó Del Val Blanco.

Explicó que en la región, además, “hay concesiones mineras importantes y les argumentan que la tierra tiene esa vocación productiva, pero no es así, porque los rarámuris son los dueños de ella y deben determinar qué es lo que quieren”. (DPA y Notimex)



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