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Cuando la víctima ”captura” a su verdugo


Cuando la víctima ”captura” a su verdugo

IN FRAGANTI Reynaldo Dagsa fotografiaba a su hija, esposa y suegra mientras su asesino, Michael Gonzales, le apuntaba con una pistola. (Foto: ESPECIAL EL UNIVERSAL )

Miércoles 05 de enero de 2011 Verónica Rosas González | El Universal
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veronica.rosas@eluniversal.com.mx

 

Reynaldo Dagsa murió la víspera de Navidad, al ser atacado a la entrada de su casa en Manila, la capital filipina. La policía no tuvo que ir más allá de la cámara del fallecido concejero local para dar con la identidad de su asesino, que aparece en la última foto que Dagsa tomó a su familia, segundos antes de que le dispararan.

La imagen muestra a la mujer, la hija y la suegra de Reynaldo afuera de su casa, posando sonrientes junto al auto de la familia. Atrás de ellos, también junto al auto, aparece Michael Gonzales, con una gorra de beisbol, apuntando con un revólver hacia Dagsa, con su cara ligeramente oscurecida por la sombra del arma.

El funcionario local murió antes de llegar al hospital. Sus familiares llevaron a las autoridades la foto, que fue publicada en la portada del diario filipino Daily Inquirer. La policía logró arrestar el lunes a Gonzales, junto con su cómplice. El asesino de Dagsa es un ladrón de autos recién liberado bajo fianza, que probablemente buscaba vengarse del hoy fallecido funcionario por haber ordenado su arresto.

Pero el de Reynaldo Dagsa no es un caso único. De acuerdo con la CBS, el pasado 14 de octubre Sandra Teichow —una mujer altruista de Wisconsin que se dedicaba a la noble tarea de ayudar a los demás, ya fuera donando cosas en su tierra natal o enseñando a niños en Europa del Este— murió estrangulada y golpeada cuando se disponía a repartir monedas de cuarto de dólar a quien los necesitara en una lavandería cercana, “tan sólo para ser amable”, según dijo ese mismo día a su estilista.

Junto al cadáver de Sandra encontraron las monedas y su cámara digital... De acuerdo con las autoridades de Milwaukee, lo último que Teichow hizo fue tomar la foto de su asesino. En la cámara se encontraron dos imágenes tomadas poco más de una hora antes de que Sandra muriera; ambas muestran a un hombre con un bastón plateado de cuatro patas alejándose.

Wilbert Leonard Thomas, de Racine, es el hombre de la foto, según las autoridades. Tenía antecedentes de asalto sexual y es conocido justamente por caminar con la ayuda de un bastón plateado de cuatro patas. La CBS narra que cuando los oficiales fueron por él hallaron una jarra con cuartos de dólar, un bastón y ropa como la del individuo que aparece en la foto tomada por Sandra. Thomas fue procesado por homicidio intencional en primer grado.

Algunos periodistas también han logrado tomar imágenes de sus victimarios. Uno de ellos, tal vez el más famoso, fue el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen, quien filmando para medios suecos el famoso Tanquetazo, el primer alzamiento en 1974 contra el gobierno en Chile de Salvador Allende, terminó filmando su propia muerte. Henrichsen comenzó a filmar a la gente que iba corriendo por las calles huyendo de los militares, quienes lo descubrieron con su cámara y trataron de amedrentarlo. Empezaron a perseguirlo. Henrichsen no se detuvo. Se volvió con su cámara hacia quienes lo perseguían, siguió grabando y mantuvo la cámara firme hasta el último momento, cuando una bala le quitó la vida.

Otro caso famoso es el de José Aguirre, un fotógrafo venezolano ultimado por un hombre que se hacía pasar por policía metropolitano. Aguirre salió a cubrir una manifestación en abril de 2006 cuando un hombre en una motocicleta se le emparejó y le ordenó detenerse. Aguirre no obedeció y el conductor de la moto disparó contra la puerta del copiloto, tras rodear el auto. El fotógrafo se detuvo, se bajó de su automóvil y entonces recibió un disparo en el pecho. Cayó de rodillas, pero alcanzó a tomar su cámara para retratar al agresor, que escapaba sobre su Yamaha, sin matrícula. Era Boris Blanco Arcia. En 2008 fue condenado a 15 años de prisión por el homicidio de Aguirre. La principal prueba en su contra: la imagen que el fotoperiodista caído alcanzó a tomarle.

Lo último que estos cuatro personajes vieron fue a sus agresores. Las imágenes quedaron para delatarlos.

 

 



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