El secretario de Desarrollo Social, Heriberto Félix Guerra, propuso, en enero pasado, que la piratería que se decomise de telas, zapatos y ropa se venda entre cinco y 10 pesos en zonas pobres de México.
“Vamos a un ganar, ganar, y tengan la certeza que esta mercancía llegue a estas 20 millones de personas que muchas veces no tienen para alimentarse y menos para comprar ropa”, dijo.
En la Convención anual de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), en el puerto de Veracruz, dijo que buscarían los mecanismos necesarios, en conjunto con la Procuraduría General de la República y aduanas, para comercializar la ropa y calzado a la población en pobreza y marginación.
Añadió que el precio sería simbólico y se vendería en las tiendas de Diconsa.
“El contrabando y la piratería que se está incautando por la PGR, por aduanas, va a parar al SAT. La cámara del calzado y la cámara textil han pedido que esa mercancía, en ocasiones, se venda fuera del país”, dijo Félix.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, en México hay 48 millones de mexicanos que tienen algún problema de alimentación por falta de recursos.
En los últimos 27 meses, el gobierno federal ha incautado 27 millones de prendas de vestir y las ha enviado a hornos para quemarlas.
Un problema ecológico
La combustión de productos tales como llantas, prendas de ropa que contengan plástico generan la emanación de sustancias tóxicas, entre ellas, metales pesados que contravienen la salud de animales, plantas y del hombre, advirtió Fernando Bejarano, director del Centro de Análisis y Acción en Tóxicos y sus Alternativas AC.
En entrevista, explicó que la destrucción de estos productos a través de combustión “es un error” si no se hace una selección previa para descartar los materiales más nocivos, como aquellos que contienen vinil, pues éstos producen dioxinas y furanos al quemarse, que impactan en la salud de las personas.
El especialista aseguró que algunas de estas sustancias tienen efectos cancerígenos o pueden afectar el sistema endocrino de los mamíferos.
Detalló que los contaminantes químicos se vuelven volátiles al quemarse y pueden depositarse en forrajes y pasturas con los que se alimenta al ganado.
Éstas sustancias, dijo Bejarano, pasan al ser humano cuando se consume carne o leche de estos animales.
Agregó que para destruir este tipo de enseres lo más recomendable es la trituración, así como adoptar prácticas que permitan dirigir algunos de estos productos a instituciones especializadas en reciclar o reutilizar materiales, para evitar mayores impactos al ambiente.