miguel.sosa@eluniversal.com.mxEl uso de imágenes de frutas y verduras en productos que carecen o tienen una cantidad mínima de estos alimentos, no está reglamentado dentro de los ordenamientos que emitió el gobierno federal para controlar la publicidad engañosa.
Además, los regalos e ilustraciones contenidas influyen más que las tablas nutrimentales en las decisiones de compra, informó la organización El Poder del Consumidor.
Alejandro Calvillo, director de la asociación civil, dijo que el nuevo etiquetado “es un pequeño paso que no resuelve la situación debido a que seguirá la publicidad engañosa”.
La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) modificó la Norma Oficial Mexicana en la materia, la 051 SCV1/SSA-2010, con la intención de evitar que en el mercado sigan circulando productos que afirman contener propiedades distintas a las que realmente tienen o que, incluso, se promocionan para fines terapéuticos o farmacéuticos sin serlo.
Calvillo comentó que aun cuando la legislación prevé cambios para las etiquetas de las mercancías, “existen maquillajes que permiten la venta de productos fortificados, por ejemplo con vitaminas y minerales, y que aún conteniendo estas sustancias en bajas proporciones, no dejan de ser comida chatarra”.
Acabar con certificaciones
Dijo que las modificaciones a la Norma Oficial pasaron por alto que los productos deberían comprender un mínimo de presencia de frutas o vegetales para que fueran admitidas las ilustraciones en las etiquetas.
El ordenamiento no enmarca, dijo, la publicidad que “orienta al consumo habitual de ciertos alimentos durante determinadas horas del día, ejemplificado en los cereales”.
Explicó que las autoridades deberían “acabar con los sellos de asociaciones médicas o científicas, a través de los cuales, las compañías certifican la calidad de los alimentos”.
Agregó que la legislación en la materia tiene alcances positivos, sin embargo “no se resuelve la situación” si se permite el anuncio de regalos orientados a los niños como en el caso de las botanas.
“No se enfrenta el problema en su totalidad, en el uso que se hace de personajes reales o ficticios plasmados en los empaques, para persuadir al comprador”.
Destacó la necesidad de contar con un “etiquetado frontal”, donde se clasifique el contenido de azúcar, grasa y sal, y que permita a cualquier persona, independientemente de su formación o grado de estudios, identificar si el producto es sano o no.