“Yo digo que el que perdió fue el que falleció, pero los que vivimos estamos correctamente; todavía viviendo, y eso ya es ganancia, nadie nos lo va a quitar”, asegura Serafín Flores. “La vida es variable, varía mucho. A veces está uno muy tranquilo. Como luego dicen: nos va como van las inquietudes: un día va mal y otro día se recupera”.Así explica que unos días “lo doy por perdido todo, a veces, pero luego, el otro día, ya tiene uno otras cosas que hacer y se le olvida el día anterior”.
La primera semana de febrero, en el estado de Querétaro llovió copiosamente y por eso Serafín considera que no se debe de desperdiciar esa humedad de la tierra, así que quienes sembrarían en marzo “deberían adelantarse”.
El plan es sembrar para tener forraje, ya sea para sus animales o para vender y así tener un poco de dinero.
“Voy a echar avena pa’ las chivas, pa’ la yunta, pa’ otro que la necesita; qué tal que venga y dice: ‘Esa pastura me gusta ¿cuánto sale?’ Y ya, uno hace cuentas y se vende”, explica Serafín, mientras se afana en cubrir de aceite la montura y los collares de su yunta.
Cuando se le recuerda que se ha cumplido un año de seguir sus actividades, Serafín refiere que a lo largo de ese año no pudo regularizar las tierras que heredó.
“Me traen pa’rriba y pa’bajo, de una a otra oficina, ellos quieren que uno, que es del campo, piense como los que están en los escritorios y no, no se puede”.
Al morir su padre, le dejó la parcela a su mamá, pues Serafín tenía, en ese entonces 13 años. Pero ahora que ella murió, no ha podido regularizarlas y, por consecuencia, no tiene acceso a créditos ni a los apoyos que brinda el gobierno al ejido. A pesar de eso, asegura que el año, “habiendo trabajo, ha sido bueno”. (Juan José Arreola)