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Estado laico: la lucha del siglo XIX reeditada

Hoy discuten por el derecho de las parejas homosexuales a adoptar niños; ayer fue por el aborto y la disputa que viene será por acentuar la laicidad del Estado en la Constitución
Jueves 04 de febrero de 2010 JUAN ARVIZU juan.arvizu@eluniversal.com.mx | El Universal
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La batalla por el Estado laico transcurre en un tablero de confusiones, en el que jerarcas católicos y políticos contrarios pelean con rudeza, aunque esgrimen argumentos parecidos y movidos por los mismos fines.

Coinciden en que la confrontación del siglo XXI es la misma que empezó en el siglo XIX entre liberales y conservadores.

Hoy discuten por el derecho de las parejas homosexuales a adoptar niños; ayer fue por el aborto y la disputa que viene será por acentuar la laicidad del Estado en la Constitución.

Uno de los contendientes es el ministro retirado de la Suprema Corte, Juventino Castro, quien preside la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados y da cuenta del precio de esta disputa: “Hay división en el país, en la sociedad y en las entidades federativas”.

El vocero del Arzobispado de México, Hugo Valdemar Romero, apunta que “a la Iglesia Católica le queda claro que es sano un Estado laico, que conviene, y no lo discute”, pero dice que corrientes anticatólicas pretenden un “Estado arcaico”.

Unos y otros dicen que enfrentan a lo más duro de la ultraderecha y de la izquierda, que no se puede dialogar con el otro, cuando lo que defienden es nada más ni nada menos que el paraguas de la tolerancia.

En la Cámara de Diputados está lista una reforma para amarrar más la separación Estado-Iglesia. Se trata de la adición de la palabra “laica” a las características de la república.

Entonces el artículo 40 dirá: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, federal y laica...”

Pero, ¿qué es laico? Juventino Castro dice que “la laicidad no significa más que actuar con independencia de cualquier criterio religioso”.

La laicidad exige, dice por su parte el vocero del Arzobispado de México, “el reconocimiento mutuo de Estado e Iglesia, reconocer a los ministros de culto los derechos de toda persona”.

Los beneficios de un Estado laico, están lejos de lo que hay en el escenario público de México, en que jerarcas religiosos y líderes políticos se acusan de malignos, amorales y corruptos.

Enoé Uranga, diputada del PRD, dice que “el Estado laico permite la libertad de expresión, que existan partidos, líneas ideológicas, que convivamos en armonía sin estar desatando guerras santas”.

Carlos Alberto Pérez Cuevas, diputado del PAN, argumenta que la laicidad en México “nos podría permitir construir un Estado moderno, en el que se reconozca los derechos fundamentales, que haya una sana convivencia entre las personas”.

¿En dónde está la falla?

Juventino Castro dice que México no ha logrado del todo la independencia ideológica, respecto de la jerarquía católica. Para decir que el Estado es laico, señala, debe añadirse en la Constitución tal característica y a falta de ella los ministros de la Iglesia opinan de todo.

Eventualmente los cambios a la Constitución, de acuerdo con un proyecto, agregarían sanciones personales a los ministros y a las iglesias. Ante ello, el vocero del Arzobispado adelantó que de legislar en ese sentido, la Iglesia católica acudirá a reclamar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

 

Agrega que en México los ministros de culto no tienen las mismas libertades de expresión, de reunión, de manifestación pública, que se consagran en la Constitución para todos los ciudadanos. “Eso no acontece en los países civilizados”.

El investigador de El Colegio de México, Roberto Blancarte establece que en el Estado laico mexicano “hay reglas” propias, como que “los ministros no pueden ni atacar ni beneficiar ni hablar a favor ni en contra de un candidato o partido político”. Fuera de eso, puede decir que las leyes divinas son más importantes que las de los hombres, y quien quiere les hace caso, pero las tienen que acatar.

El especialista Bernardo Barranco lamenta que las discusiones sobre el Estado laico, y los asuntos que de éste derivan no están a la altura de los acontecimientos. “No hay debate, hay acusaciones e intercambio de amenazas”, expresó esta semana en un foro en el Senado.

Dice que en la laicidad hay una regresión, como efecto de retrocesos debidos al largo periodo de transición política mexicana.

El Arzobispado de México reclama la libertad de expresión sin límite: “La Iglesia no quiere ningún fuero: quiere gozar de total libertad religiosa, que no la hay en México, por las restricciones impuestas a los derechos humanos de los ministros de culto”, dice.

Pero por el contrario, agrega Valdemar, quieren “poner una mordaza mayor a la Iglesia, que no vamos a aceptar. Será inadmisible que castiguen con cárcel a un sacerdote por hablar de los temas que competen a todos”.

En esta contienda, el arzobispado establece que “no vamos contra el Estado laico, sino contra la intolerancia de algunos que quieren una Iglesia muda, silenciosa y maniatada”.

Juventino Castro observa como transgresiones las acciones con las cuales los jerarcas católicos influyen y tratan de influir.

Un caso, la discusión sobre el aborto: “Si las católicas no quieren abortar, que no aborten, pero si una no católica o católica débil, que es la realidad, quieren abortar, pues que no le digan que su religión se lo prohíbe y que tendrán sanciones religiosas”.

Sobre la solución laica al dilema de la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, el ministro señala:

La homosexualidad es un hecho, aunque no es conforme a la naturaleza normal, y los hechos hay que regirlos legalmente.

Castro y Castro dice que el matrimonio entre homosexuales debe tener todas las calidades de esa figura jurídica.

Por lo que respecta al adoptado contesta: “A mí nadie me preguntó cuando tuviera una cierta edad, que dijera si me gustaba mi papá o mi mamá. Sencillamente fueron mi papá y mi mamá”.

 

 



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