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Asesinan a la familia del “héroe paraiseño”

El ataque, a unas horas del sepelio del militar; una hermana, herida
Miércoles 23 de diciembre de 2009 Roberto BarbozaCorresponsal | El Universal
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PARAÍSO, Tabasco.— En sólo unas horas, Paraíso se convirtió en un infierno. Un comando de sicarios llegó hasta la casa en la que horas antes había sido velado el cuerpo de Melquisedec Angulo Córdova, un miembro del cuerpo de élite de la Armada, para ejecutar a su familia. En el artero ataque murieron la madre del marino, dos de sus hermanos y una tía.

Los medios locales, orgullosos escribían la historia de quien nombraron el héroe paraiseño, quien perdió la vida durante la operación que la Armada de México desplegó en Cuernavaca, Morelos, el pasado miércoles, para capturar al capo del narcotráfico Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, quien fue abatido por fusiles de elementos de las Fuerzas Especiales de la Marina, durante un intercambio de fuego.

Todos entrevistaron a doña Irma Córdova Pérez, la dolida madre de Melquisedec, quien una y otra vez repetía que su hijo era feliz con su trabajo en la Marina.

Lo que la gente temió y presintió durante el velorio de Melquisedec, finalmente se cumplió: la mafia se vengó.

En los días que duraron las exequias de Angulo Córdova [en la ciudad de México y en su tierra], el comentario general de la gente fue que el cártel de los Beltrán Leyva no se iba a quedar con los brazos cruzados por la muerte del jefe de la organización, relataron los vecinos.

Crimen a la medianoche

El vaticinio popular se cumplió la madrugada del martes, cuando un grupo de sicarios arribó a la vivienda ubicada sobre el boulevard Manuel Antonio Romero Zurita, colonia Quintín Arauz, para asesinar a cuatro familiares del marino y herir de gravedad a su hermana.

El tercer maestre de las Fuerzas Especiales había muerto —el miércoles 16— durante el combate que sostuvo personal de la Armada de México contra El Barbas, quien también cayó muerto tras resistir parapetado en su departamento del lujoso condominio Altitude, en Cuernavaca.

Los sicarios perpetraron el asesinato múltiple a sólo unas horas de que el cuerpo de Angulo Córdova fuera sepultado, cuando sus familiares se habían retirado a descansar al domicilio.

Aunque falleció el miércoles 16, el cadáver del marino de las Fuerzas de Élite le fue entregado a familiares hasta el sábado 19, y a su domicilio llegó a las seis de la tarde del mismo día. Fue velado esa noche y durante todo el domingo. El lunes por la tarde fue enterrado en el cementerio principal de esta ciudad, que estuvo vigilado también por infantes de la Marina fuertemente armados y con el rostro cubierto con pasamontañas negros.

Familiares y amistades retornaron a pie a sus viviendas, localizadas a 1.5 kilómetros. Al anochecer, cansados, se dispusieron a descansar temprano.

Todos dormían, con una inusitada baja temperatura nocturna, cuando a las 00:05 horas del martes el martilleo seco de los disparos, seguido de gritos de dolor y auxilio, y el ladrido de los perros, despertó a los vecinos a un radio de tres cuadras.

 

Un vecino narró que inmediatamente después todo quedó en silencio y nadie se atrevió a salir por temor. Fue hasta que se escuchó la llegada de la Policía que la gente se acercó al lugar.

El miedo vació el pueblo

Ayer, el miedo todavía invadía a los colonos. “No nos podemos concentrar para realizar nuestras actividades, y todavía los traigo atorados hasta el pescuezo”, comentó uno de los vecinos.

Otros optaron por mayor tranquilidad: se trasladaron a casas de sus parientes y cerraron sus viviendas.

La casa de la familia Angulo Córdova se encuentra abandonada, ni sus tres perros se quedaron; sólo es vigilada por un piquete de soldados que impide el ingreso a cualquier extraño.

Familiares sobrevivientes habían viajado a Villahermosa, en espera de la entrega de los cuatro cuerpos que las autoridades trasladaron al Servicio Médico Forense de la Procuraduría General de Justicia.

 

La madrugada de los hechos, los asesinos rompieron la puerta para ingresar a la vivienda y dispararon contra Irma Córdova Pérez, de 64 años, mamá del integrante de las Fuerzas Especiales de la Armada de México. Un solo disparo en la cabeza terminó con su existencia.

 

Josefa Angulo Flores, de 46 años y tía del marino, recibió 10 impactos que le cegaron la vida. La señora, con domicilio en la carretera federal Paraíso-El Bellote, había decidido dormir en ese lugar para acompañar a los deudos.

 

Yolidabey y Benito Angulo Córdova, hermanos de 22 y 28 años, también recibieron impactos de bala. Este último, agonizante, fue trasladado al hospital donde pereció a las seis de la mañana de ayer. Otra hermana, Miraldeyi, de 24 años, lesionada, aún convalece en el hospital.

Es el tercer homicidio múltiple

La ubicación de la casa de la familia Angulo Córdova facilitó la labor de los sicarios, pues está asentada sobre la carretera y salida de la ciudad, en un punto oscuro por falta de alumbrado público; el Ayuntamiento nunca repuso postes y lámparas derribadas por el paso de los vehículos.

A 500 metros, sobre la misma avenida, vive el alcalde priísta Francisco Santo Magaña, cuya Policía es una de las corporaciones más infiltradas por la delincuencia organizada: una veintena de elementos ha sido encarcelada por ese delito.

El titular de la Procuraduría General de Justicia de Tabasco (PGJT), Rafael González Lastra, a nombre del gobierno del estado condenó “los deleznables, cruentos y arteros crímenes”.

Dijo que la 30 zona militar, la V Zona Naval, la Secretaría de Seguridad Pública del estado y la PGJT realizaron un frente común y cercaron diversas arterias de toda la zona, con retenes, revisiones, búsquedas, investigaciones, concentración de información, cruce de datos y verificaciones para localizar a los criminales.

“Hasta las últimas consecuencias estaremos al frente de estas investigaciones. Coadyuvaremos el esfuerzo, aplicaremos el ahínco, aportaremos la emoción, el sentimiento y la indignación ante estos hechos, pero no habrá impunidad”.

González Lastra recordó que esta es la tercera ocasión durante 2009 que la delincuencia organizada comete masacres de familias enteras y enluta hogares.

El primer homicidio múltiple lo perpetraron presuntamente Los Zetas, el 14 de febrero, en Montelargo, Macuspana, con 12 víctimas; el otro ocurrió el 14 de mayo, en La Piedra, Cunduacán, con ocho ejecutados. En ambos casos se trató de familiares de elementos de corporaciones que habían participado en operativos antinarco.

 



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