En la carrera por alcanzar el desarrollo, el país se ha quedado rezagado. Si alguna vez llevó la camiseta de líder en América Latina, en estos tiempos sólo ve cómo otras naciones lo rebasan, lo dejan atrás, estancado. Ahora, Brasil atrae los reflectores internacionales, mientras México se pierde en su laberinto.
Así lo plantean académicos y especialistas en áreas en las que, en algún tiempo, México destacó o por lo menos, tenía todo el potencial para colocarse en la delantera. La mayoría coincide: el país desperdició. Nunca miró al sur para asumirse como líder, desaprovechó las ventajas que tenía al ser una nación con recursos petroleros y despreció a la ciencia.
Las consecuencias de estos errores, que aún persisten, se materializan en cifras. Entre ellas las del último informe de competitividad del Foro Económico Mundial, en donde México ocupa el lugar 60 en una lista de 132 naciones. Arriba del país están Chile (30), Costa Rica (55), Brasil (56) y Panamá (59).
De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), México ha sido el país de la región más afectado por la recesión, si se compara con Argentina, Brasil y Chile.
Mientras otros países latinoamericanos toman la delantera, la mala imagen de México hacia el exterior se acentúa con la inseguridad, el narcotráfico e, incluso, el brote de influenza A.
Mina desperdiciada
México tuvo la mesa puesta para lograr un liderazgo internacional, así como un desarrollo económico y social. El petróleo pudo haber dado el impulso para que el país se colocara a la cabeza en América Latina, resaltan especialistas consultados por la Unidad de Investigación de EL UNIVERSAL. Sin embargo, políticas que apostaron a la inmediatez y no al futuro, desperdiciaron esa valiosa carta.
Rafael Decelis Contreras, premio nacional de Química en 2001 y quien fue consejero de Petróleos Mexicanos (Pemex), menciona que en la década de los 70 el gobierno mexicano realizó una serie de acciones dirigidas a desarrollar una industria petrolera de talla internacional, entre ellas, dice, el diseño de complejos petroquímicos.
“No éramos exactamente líderes, pero éramos exitosos, estábamos avanzando tanto en exploración de petróleo como en petroquímica”. Este “éxito”, resalta Decelis, se reflejó en que México ocupó, a finales de los 70, el quinto lugar mundial en petroquímica.
La doctora Leticia Armenta Fraire, directora del Centro de Análisis Económico del Instituto Tecnológico de Monterrey, campus ciudad de México, comenta que, “lamentablemente”, se decidió no seguir invirtiendo en la industria petroquímica, no invertir en tecnología para transformar la materia prima y generar valor agregado en el país. “México dejó de lado una de las acciones más rentables que puede hacer un país con recursos petroleros”.
A partir de los años 80, se canceló el desarrollo de la petroquímica, porque se consideró “que era demasiado costoso” y se prefirió apostarle a la exportación de petróleo crudo. Gracias a ello, ahora, México “no llega, ni siquiera, a ocupar el lugar 60” en la lista de países líderes en petroquímica, lamenta Rafael Decelis, quien dice: “El Estado mexicano perdió el rumbo y sigue sin tenerlo”.
Confianza desmedida
El país se confió de la alta producción petrolera que le otorgó el complejo Cantarell, que comenzó sus operaciones en 1979, y que llegó a estar entre los primeros tres yacimientos más importantes a nivel mundial, destaca Armenta Fraire. Pero, incluso, esa riqueza no se aprovechó en forma planificada.
“Cantarell se sobreexplotó. La prisa nos llevó a que se terminara el recurso en un tiempo muy corto. Al perder presión el yacimiento, ahora es más caro la explotación del petróleo”.
A diferencia de México, países como Brasil han tenido una visión diferente respecto al petróleo. Para la nación sudamericana, añade Armenta Fraire, el hidrocarburo “no es una riqueza en sí misma, sino una herramienta que permite apuntalar el desarrollo de un país, esa es la gran diferencia.”
Brasil no solamente impulsó la explotación petrolera, también apostó por tener un desarrollo industrial en el área de la petroquímica.
Para Armenta Fraire, México perdió una oportunidad de oro en los años 70 y 80: “Nosotros teníamos la posibilidad de lograr un desarrollo económico importante; teníamos las materias primas, pero dejamos de lado el impulso tecnológico y no apuntalamos una ventaja competitiva en términos industriales”.
Es “imperdonable”, para Rafael Decelis, que se haya equivocado el rumbo en áreas vitales para el desarrollo.
Lo más grave, lamenta, es que en el sexenio de Vicente Fox Quesada se recibieron más de 70 mil millones de dólares por el elevado precio que tuvo el petróleo en esos años, “y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público nada resolvió con este enorme flujo que dio Pemex”.
Desprecios que cuestan
México, al parecer, no ha aprendido de sus errores. Si en las décadas pasadas no se apostó en el desarrollo de la industria petroquímica, en la actualidad se desprecia a la ciencia y a la tecnología, áreas que, de manera paulatina, han sufrido del desdén gubernamental materializado en los recortes de presupuesto.
Si en 1992 se destinaba 0.81% del Producto Interno Bruto a ciencia y tecnología; en los últimos tres años se ha invertido menos de 0.4%, cuando instancias como la Organización Mundial para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) recomienda a naciones invertir, por lo menos, 1% del PIB.
Estudios realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) muestran que en los últimos cinco años, la inversión que hace en México en ciencia y tecnología es menor a la de Argentina (0.51%), Rumania (0.53%) o China (1.49%).
El desprecio hacia la ciencia ha alejado al país de varias pistas de competencia. “Hacia 1970, el país era una potencia latinoamericana en materia de salud y seguridad social. Contaba con la red de atención más basta, tenía un modelo de atención coherente, se distinguía por ser pionero en diversos tratamientos y por ser una potencia en investigación biomédica”, dice Gustavo Leal Fernández, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y especialista en seguridad social.
Leal Fernández menciona que a principios de la década de los 80, México “era una potencia en materia de vacunas. Se tenían laboratorios nacionales que producían las vacunas que se requerían para el país”. Esos laboratorios se desmantelaron y “ahora se tiene una red de salud abandonada, que sólo se utiliza con fines electorales”.
El líder que no quiere ser
Elisa Gómez Sánchez, directora de Diálogo Político Nacional e Internacional de la Fundación Friedrich Ebert, considera que México es visto como “un actor temeroso que se resiste a asumir el liderazgo que le corresponde. Su posición geoestratégica y potencial económico, más que una ventaja que guíe el rumbo del país, en ocasiones parece una fuente de confusión e indefinición” en la región principalmente de países latinoamericanos.
Un gran error de México, dicen especialistas, es que apostó todas sus cartas hacia Estados Unidos. La firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no sólo generó una relación de dependencia y sumisión con Estados Unidos, sino amplió el distanciamiento con los países de América Latina.
Érika Ruiz Sandoval, especialista del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), coincide en que México perdió, a partir de mediados de los 80, el liderazgo en política internacional, por apostarle a Estados Unidos. “A raíz de que se optó por el bilateralismo, perdimos la posibilidad de ser parte de las transformaciones político-ideológicas de América Latina y de influir en toda la región”.
Julio A. Millán Bojalil, empresario y consultor de negocios internacionales, asegura que México no entendió cuál era la posición geopolítica y su responsabilidad con respecto a los países del sur, ahora parece que “no somos de ni de acá ni de allá”. Faltó decisión política y capacidad para tender los puentes con América Latina, dice.
Millán Bojalil acepta que por la falta de una visión diplomática, “despreciamos la relación con los centroamericanos, gran error, porque para tener liderazgo se requiere crear los espacios geográficos que permitan el acercamiento” entre las naciones. Desde su opinión, al no fomentar la integración en latinoamérica “nos desvinculamos y hoy, México sólo participa en 8% de las relaciones comerciales con esa región del continente”.
Un país debilitado
La epidemia de influenza A que se registró en el país entre marzo y abril de 2009, sacaron a la luz la dañada imagen que tiene México en el exterior, dice Elisa Gómez, de la Fundación Friedrich Ebert Gómez Sánchez. “Fuimos vistos como un estado fallido e ineficiente, hemos perdido prestigio con nuestros vecinos del sur del continente”.
A ese escenario, resalta, le tenemos que sumar “el aumento de la violencia en el combate al narcotráfico, la inseguridad y la crisis económica”.
La académica del CIDE, Érika Ruiz Sandoval, explica que cuando la agenda interna de un país resulta tan absolutamente sobrecogedora, prestarle atención al exterior es muy complicado. México, añade, atraviesa por un periodo de enorme debilidad.
Esa debilidad se refleja en que el liderazgo regional que tuvo México “se ha desvanecido casi completamente”, asegura Teodoro Petkoff, ex candidato al gobierno de Venezuela.
A la pregunta de ¿cómo es visto México desde fuera? Teodoro no se anda con rodeos: “Ahora que lo preguntas, me doy cuenta que ya ni lo vemos”.