El gasto del gobierno de México es ineficiente, con programas que no deberían de existir o que se duplican y una burocracia privilegiada que vive a expensas de los ciudadanos, según el diagnóstico de especialistas económicos.
Al compararse a nivel internacional, con los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), las erogaciones generales de México son las más bajas, representan 24.8% del Producto Interno Bruto (PIB), cuando el promedio entre los países del organismo alcanza 42% del PIB, pero el problema para el país radica en el despilfarro y en el mal uso de los recursos públicos.
Académicos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del Tecnológico de Monterrey, del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (IPADE) exponen a EL UNIVERSAL que un gran problema en México es el desperdicio de los recursos.
Los especialistas consideraron que hay rubros en el gasto que se pueden recortar y generar una bolsa mínima de 100 mil millones de pesos o incluso superar los 200 mil millones de pesos.
Del estudio Development Center 2007 elaborado por la OCDE, se desprende que los contribuyentes mexicanos dudan de la eficiencia del gasto público.
Su nivel de confianza es de lo más bajos en la región, una vez que en México, sólo 15% sí cree en el gasto gubernamental, mientras el promedio en América Latina es de 21%, en Chile registró 37% y Venezuela es el líder con 38%, según el organismo internacional.
Una encuesta reciente elaborada por el Gabinete de Comunicación Estratégica —difundida por la Secretaría de Hacienda— reveló que, cuando se analizaba el alza a los impuestos, una tercera parte de la población consultada consideró que la mejor forma para cubrir el problema de ingresos del gobierno era que disminuyera el gasto, aunque se afectara la educación y el combate a las acciones contra la pobreza.
Tela de dónde cortar
José Luis de la Cruz, académico del Tecnológico de Monterrey, presentó un primer diagnóstico de ajuste al gasto que sumaría 107 mil 201 millones de pesos del ramo administrativo, los cuales saldrían de los siguientes rubros: compensación garantizada, primas quinquenales, acreditación por años de servicios, horas extraordinarias, asignaciones docentes y recursos adicionales al sueldo.
Además de estímulos al personal operativo, de productividad, otras prestaciones de carácter laboral y económico, estímulos de productividad, servicios de asesoría y consultoría, subcontratación de terceros, congresos, convenciones y también subsidios a rubros como fideicomisos privados.
Un segundo punto que deberían analizar los diputados, señaló, son los 55 mil 983 millones de pesos recortados del sector energético, en su mayoría a rubros similares al ramo administrativo.
La tercera lupa de ajuste son 44 mil millones de pesos, en donde sobresalen 7 mil 901 millones de pesos por la subcontratación de servicios como los comerciales, bancarios y financieros.
Además, hay 5 mil 905 millones de pesos por productos alimenticios, sin incluir al IMSS e ISSSTE, además de 2 mil 83 millones de pesos de gastos en comunicación social, seguros de vida personal, gastos médicos y separación individualizada de funcionarios públicos.
De acuerdo con el investigador el gasto se puede reducir en las prima de pago de riesgo, pasajes y viáticos.
Por lo pronto, la Cámara de Diputados ya anunció el ajuste al gasto por 7 mil 100 millones de pesos a Oportunidades y el programa Alimentario.
Resultados sin crecimiento
El Proyecto de Presupuesto de Egresos para el próximo año informó que las erogaciones en educación y salud representan casi 40% del gasto programable.
Isaac Katz, académico del ITAM, dijo que el Estado mexicano gasta 7% del PIB en educación, el cual es uno de los promedios más altos en el mundo, pero “la calidad educativa es muy deficiente, situación similar con aspectos en salud”.
De acuerdo con el estudio Panorama de la Educación. Indicadores 2009 de la OCDE, México es el país con el mayor índice de deserción de alumnos de educación media superior de entre los 30 miembros de la organización.
México tiene un porcentaje de sólo 42% de estudiantes que terminan sus estudios de educación media superior.
El país se encuentra 39% debajo del promedio general de las naciones de la OCDE, que es de 81% de graduados.
El investigador del CIDE, Raúl Feliz, dijo que el gasto en educación, en su gran mayoría, es para sueldos de maestros.
El especialista expuso que el gasto del gobierno de México es obeso.
“Es chaparrito y gordo, no es muy grande, dentro de los países del G-20, México debe ser uno de los países que tengan una relación de gasto público a PIB más baja. El problema es que aún así, no se gasta en lo que se debe, se desperdicia una gran parte”, sostuvo Feliz.
De la Cruz coincidió en que el gasto del gobierno “es obeso”. Puntualizó que para 2010, la administración del presidente Felipe Calderón Hinojosa planea, salvo lo que digan los diputados, erogar 2.39 billones de pesos de gasto programable, donde el gasto corriente consume 1.8 billones de pesos.
“Realmente la mayor parte del gasto es ineficiente, no genera crecimiento económico, está asociado a la pura operación y los servicios personales, donde existe poca transparencia de cómo se ejerce y no existe evaluación de los resultados que genera”, planteó De la Cruz.
Eugenio Gómez, profesor del entorno económico del IPADE, comentó en entrevista que el gasto del gobierno es menor al de muchos países, pero en servicios hay una gran diferencia.
“Es poco eficiente el gasto en México, ya que muchos países recaudan más y gastan más, pero sus ciudadanos tienen muy buenos servicios. Aquí, en México, los ciudadanos siempre se quejan de los servicios, ya que reciben muy poco para todos los impuestos que están pagando”, expuso el economista del IPADE.
Aníbal Gutiérrez, especialista en materia de finanzas públicas de la UNAM, dijo que el problema central del gasto gubernamental es que no tiene la capacidad para conducir una estrategia de desarrollo que vaya más allá del carácter anual del paquete económico que trascienda lo sexenal.
Mal diseño
Isaac Katz añadió que otro problema en México es que existen programas mal diseñados y que son de dudosa calidad para la población. “Son presupuestos abultados y mal aplicados, exceso de grasa, por decirlo de alguna manera, que merecen ser reconsiderados”, opinó.
El economista del ITAM aseguró que hay una cantidad importante del gasto que se va a erogaciones corrientes, pago de la burocracia y programas de dudosa calidad “enfocados, por ejemplo, al combate a la pobreza, manejadas por algunas secretarías como Sedesol o Sagarpa que tienen un impacto muy marginado”.
En julio pasado, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) reconoció que existen programas sociales que están mal enfocados o no benefician a la población en pobreza de México.
EL UNIVERSAL publicó el 14 de enero de 2009 que el programa ProÁrbol, impulsado por el presidente Felipe Calderón, no había rendido frutos, pues más de la mitad de lo plantado no fueron árboles, sino cactáceas, y que 90% de lo sembrado en 2007 había muerto.
“La pregunta que nos tendríamos que hacer es: ¿Cuánto del gasto total que está ejerciendo el Estado en sus tres niveles de gobierno efectivamente tiene una rentabilidad social positiva a la hora de ser evaluado”, planteó Isaac Katz, académico del ITAM.
Alejandro Villagómez, académico del CIDE, consideró que más tener un “Estado obeso”, el término correcto es si se tendría un “Estado fuerte”, lo que es determinado por su capacidad para cumplir con las funciones para brindar servicio a la población.