Un mes después del asesinato de 12 agentes federales cometido por La Familia Michoacana, las autoridades conocieron los detalles de la masacre y el por qué falló el operativo encubierto para capturar a Servando Gómez Martínez, La Tuta. Uno de los integrantes del grupo criminal que participó en el asalto a la casa donde se encontraban los agentes federales encubiertos y quien fue capturado el 16 de agosto pasado, lo reveló todo, incluso que antes de que las víctimas fueran entregadas en la sierra de Tumbiscatio a Nazario Moreno, El Chayo, hubo llamadas pidiendo la liberación de los policías.
Este hombre, ahora testigo protegido bajo la identidad de Carlos, fue capturado en poder de una lista con los nombres de quienes estaban en la nómina de La Tuta, y confesó sin empacho ante fiscales que justo cuando en tierras michoacanas se vivía una situación de emergencia por los ataques a los cuarteles de la Policía Federal por parte del grupo criminal de La Familia Michoacana, el capo del narco se paseaba por Arteaga y tenía tiempo para ir a su rancho a realizar peleas de gallos.
Era el momento en que militares y agentes federales buscaban por todos los rincones de Michoacán a los jefes de esa organización criminal, mientras que La Tuta visitaba la casa de sus padres. “El día que sucedió lo de los 12 policías federales fue un domingo, el 12 de julio y mientras andaba en el municipio de Arteaga con La Tuta, en la casa de su mamá. Ahí estuvimos hasta el medio día, después nos fuimos a su rancho y ahí Servando jugó unos gallos con El Dimas, quien es el encargado de La Familia en la plaza de Tumbiscatio”, relató.
El ahora testigo protegido y quien se rindió a los agentes federales luego de no poder accionar su pistola Colt, calibre .38 súper, con cachas de plata y con la imagen en oro de dos gallos de pelea, narró: “aproximadamente como a las 8 de la noche regresamos a la casa de la mamá de Servando Gómez y estuvimos platicando, cuando de pronto su mamá comentó que en la casa de enfrente había varios muchachos que según eran estudiantes. Pero yo —señaló la señora— los veo demasiado viejos para que puedan ser estudiantes”.
Asalto a la casa de los agentes encubiertos
La Tuta nos dijo que había que meterse a la casa. Les habló a otros de sus sicarios, como El Guachón, El Joker, Lico, Chelis y El Mocho, éste último intentó brincarse por la barda, pero era muy alta y no fue posible. Fueron por una escalera que les sacaron de la casa de la mamá de Gómez Martínez. Así, uno de ellos se brincó y le abrió la puerta a sus cómplices. “No sabíamos que eran federales, pensamos que eran Zetas, además que pensamos que sólo eran cuatro, pero encontramos a los 12 adentro”.
Uno de los agentes federales intentó detener el asalto de los criminales a la casa donde se resguardaban, pero fue inútil. “Uno de ellos levantó un rifle para apuntarle a La Tuta, pero éste le disparó en cuatro ocasiones, hiriéndole en la cabeza, por lo que cayó al suelo. Entonces Servando amenazó a los demás si intentaban levantar otra arma, pues todos estaban despiertos y algunos armados, pero ya no hicieron nada al ver a su compañero herido”.
Los policías fueron sometidos, maniatados con los cables de los cargadores de sus teléfonos celulares. Cada uno de ellos fue golpeado y sacado por la puerta que da a la calle Doctor Miguel Silva, la cual —según la versión que dio el testigo protegido— se encuentra frente a la casa de la mamá de La Tuta, para subirlos a la camioneta de Genaro, una Cheyenne, color blanco, de las viejitas. Justo en ese momento, prosiguió, a algunos de los teléfonos celulares de los policías, entraron tres llamadas. La persona que llamó pidió que liberaran a los muchachos, ya que ellos no formaban parte de Los Zetas.
“La Tuta” protege a sus familiares
Paralelamente, La Tuta ordenaba proteger y sacar a sus familiares de Arteaga. Sus padres fueron llevados con su hermano Flavio hacia Tumbiscatio. El propio Servando visitó a su hermano Luis Felipe, El Güicho. Éste último relató aquel último encuentro con su hermano: “me da pena, pero te pido que te vayas del pueblo porque hay un problema. Hay unas personas enfrente de la casa de nuestros papás”.
—Le pregunté: ¿cuál era el problema?, a lo que él me contestó que estaban armadas.
—Le volví a preguntar: ¿son zetas?, pero me dijo que no, que se trataba de gente del gobierno.
—Le pedí que arreglara las cosas y me dijo que estaba en eso, que iba a hacer todo lo posible por llegar a un acuerdo con el gobierno, que iba a hablar con la SIEDO para arreglar el asunto y entregar a las personas sanas y salvas.
Mientras, más cómplices de La Tuta llegaban al domicilio. “Llegó El Gordo con Genaro y El Güerochino, además de unos cuatro o cinco más. Sacamos a las personas de ahí y las echamos en la camioneta de Genaro. Las 12 personas que fueron levantadas fueron llevadas a la sierra para entregárselas a Nazario Moreno, El Chayo, a quien también le entregaron las armas de los policías federales, que eran siete AR-15, dos fusiles Galil y siete pistolas. La camioneta de los federales fue quemada en la zona de Playitas, ubicada rumbo a Tumbiscatio”.
Un día después, el lunes 13 de julio, los cuerpos de los agentes federales fueron abandonados a la orilla de la carretera Siglo 21, a la altura del municipio de La Huacana. Era el fin de la fallida operación encubierta por capturar a La Tuta.