julian.sanchez@eluniversal.com.mxProblemas con jefes, ausentismo, bajo rendimiento y conflictos con compañeros y familiares son algunos de los efectos de la adicción al alcohol o a las drogas, coinciden Pedro Malagón y Enrique Velarde.
El primero, empleado en la administración del gobierno del DF; el segundo, de oficio tablajero. Hoy se encuentran en rehabilitación y reconocen que su adicción los llevaba, sin darse cuenta, a dañar a su familia, a ellos mismos y su vida laboral.
“Soy alcohólico. Inicié a beber de más joven, pues era como un premio al terminar de trabajar. Terminábamos e íbamos a tomar cerveza, y después fue más frecuente, hasta en horas de trabajo; no me daba cuenta que me estaba haciendo daño.
“Y aunque cumplía en la mayoría de las veces con los gastos en mi casa, fue mi esposa la que me comenzó a abrir los ojos. Al principio me decía que parecía un elefante en la sala de mi casa, y después me hacía ver el daño que les estaba haciendo a ella y a mis cuatro hijos, porque por gastar en el vino luego era difícil cumplir y comprarles lo que necesitaban para la escuela”.
Enrique Velarde dice que en el trabajo, conforme iba creciendo su adicción, comenzaba a faltar, primero los lunes y después los viernes, porque “a veces la agarraba desde el jueves”.
Ahí, continúa, comenzaron los avisos, los regaños y después los castigos, hasta que perdió su empleo, no sólo por el ausentismo y la falta de rendimiento, sino que confrontó a su superior. “Tuve problemas porque cuando tienes el alcohol encima, el estado de ánimo cambia, te da cierto valor y enfrentas a la gente; el alcohol te da valor y crees que tienes la razón”.
Esto último, reconoce Pedro Malagón, le sucedía antes de comenzar a dejar la mariguana y el alcohol. “Llegó el momento en que por la misma droga les respondía a mis jefes y los retaba, y eran lógicas las sanciones”.
Malagón conserva su empleo, dice, gracias a que se dio cuenta del daño que se hacía, porque cuando inició su adicción —a los 15 años; hoy tiene 38— era para destacar entre sus amigos.
“Comienza uno primero con las fiestas, el fin de semana, y después se fuma uno un carrujito de mariguana en horas de trabajo para aguantar, y según uno para rendir mejor, pero sucedía lo contrario y uno no se da cuenta que va cayendo cada vez más en el vicio”.