fidel.samaniego@eluniversal.com.mxApenas 80 horas duró la armonía en la nueva Cámara de Diputados. Ayer, a las seis de la tarde, el lopezobradorista Gerardo Fernández Noroña declaró: “¡Las hostilidades están rotas. Y las rompió como presidente de la Cámara de Diputados, Francisco Ramírez Acuña!”.
Minutos antes, Fernández Noroña, investido con su fuero, se metió al Salón de Protocolo del Palacio Legislativo y encaró al secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont. Le dijo que Felipe Calderón debería haber acudido a presentar su informe de gobierno. “Pero como veo que usted es el encargado de traer y llevar mensajes, le pido que le diga que demandamos su renuncia”, agregó.
Mirándole de frente, el encargado de la política interior del país le respondió: “Lo escucho con respeto, ¡pero no estoy de acuerdo con usted!”.
En ese momento, la estrategia de los legisladores leales a Andrés Manuel López Obrador había arrancado. Gerardo Fernández Noroña declaraba el final de la tregua. Su compañero Jaime Cárdenas Gracia sentenciaba: “Felipe Calderón rompió el orden constitucional”.
Posteriormente, desde la tribuna, en un lapidario mensaje, Porfirio Muñoz Ledo manifestaba que el informe no fue recibido como la ley manda; puntualizaba que el Estado carece de poder; el Ejecutivo, de liderazgo; el Congreso, de competencias, y el ciudadano, de representación eficaz. Por ello, desafiaba: “Para reparar los entuertos, comencemos por la dimisión formal de quien ostenta la investidura presidencial”.
Y muerta la efímera armonía, también en la bancada del PRI hubo diferencias. El hidalguense Omar Fayad aplaudió a Muñoz Ledo; alguno de sus compañeros le reclamó por hacerlo. “¡Soy diputado, no pelele!”, le respondió Fayad.
Otro 1 de septiembre de la nueva etapa en la vida política. En el Congreso, otra vez, el día sin presidente. Una jornada con fuego. Poco después del mediodía, transportistas quemaron un microbús frente al Palacio Legislativo.
Con 21 minutos de retraso se iniciaría la sesión del Congreso general. Antes de que los presidentes de las dos cámaras fueran a recibir el informe, Fernández Noroña se encaró con Gómez Mont. Entonces, a las 80 horas de haber nacido, la cordialidad en la nueva Cámara dejó de existir.