El Universal
Miércoles 12 de agosto de 2009
Pablo ha visto crecer, desde la cárcel, a sus tres hijos: Susana, de 22; Silviano, de 18, y Zaqueo, de 14, que apenas tenía dos años cuando los judiciales lo detuvieron, en marzo de 1988, con engaños. El día de la matanza, asegura que estaba en su casa, trabajando en el telar.“Los agentes nos engañaron. Llegaron y nos dijeron que había un citatorio, que íbamos 72 horas como reos y nos trajeron directo a Cerro Hueco (el penal). Yo no tengo enojo, sólo quiero regresar a mi casa”, dice. “Yo estoy esperando ahora, estoy tranquila porque sé que mi esposo es inocente. Esperamos que haya solución ahora sí”, manifiesta Sara, la esposa, mientras muestra una foto de Pablo con sus hijos Zaqueo y Silviano. “Me sentía mal de no estar con mi papá. Cuando me dijeron que estaba preso me sentí triste, pero si sale voy a estar muy contento”, dice Zaqueo, quien, como su madre, tampoco habla español.
|