Serafín Flores y Juana Vega se quedaron sin dinero. Vendieron las chivas para dedicarse a la labor en el campo y por eso el jefe de familia no puede trabajar en la “albañilada”, como él dice. Sobreviven con poco más de 500 pesos al mes, que salen de la venta de los tamales, porque de la labor en el campo nada se obtiene. “Aquí, en vez de ganar, se invierte; aquí no se gana nada, hasta que se logre la cosecha”, dice don Serafín. “Hay días que no sale ni para comer”, musita sin que se le cuestione.—Y entonces, ¿de dónde sale el dinero?
—No sabemos. Esto es como la Divina Providencia, no sabemos de dónde viene. Nosotros también no sabemos ni a qué hora amanece; nos levantamos dando gracias a Dios y entonces comemos, bebemos, no sabemos… vamos sobreviviendo.
Su esposa, sin embargo, no lo toma con esa tranquilidad y fe que manifiesta él. Ella dice que la crisis aprieta cada día más, que las cosas se han puesto peor. “¿Crisis? Ya la resentí, dígame si no… todo está muy caro; va uno con 100 pesos y ya no trae uno nada; nada más un kilo de frijol y en unos chiles que compre uno y se acabó. Antes se compraba más. Antes estaba claro pero no se compara con ahorita”, explica doña Juana.
Las chivas las tuvieron que vender porque se venía el ciclo de siembra, y si ahora no se trabajaba, la esperanza de cosechar algo se acababa, así que con parte del dinero que recibió por los animales, compró semilla y fertilizante para sembrar en las cuatro hectáreas que tiene. Ahí también invirtió los 5 mil pesos que recibió del Procampo, y apenas completó para abrir surco.
“Hace falta otra fertilizada a la tierra, pero ahí se quedará, así con eso. Faltarán unos 10 mil pesos, por el fertilizante y luego el herbicida… y si no se consigue pues se queda así, porque entre más fertilizante se le ponga es más grano”.
Ellos saben que están a expensas de que llueva para que la cosecha se logre… y hasta la primera semana de agosto no había llovido. Serafín no se amilana: “Aquí sigue uno nada más porque uno tiene su espíritu lleno de gozo de que voy a hacer el trabajo y lo sabe hacer, porque si no es así, no sé qué haríamos”. Su esposa ve las cosas de otra manera: “Empeoró la situación, va empeorando más. Todavía no vemos el cambio; es como le digo, antes estaba un presidente municipal y ya entró otro y no sabemos qué proyectos tenga. Ya mejor que dejen a uno renegar su suerte”. (Juan José Arreola)